inmigrantes

Por Nicole Melaku*, directora ejecutiva de National Partnership for New Americans

A medida que la Vicepresidenta Kamala Harris da la mirada atrás a su visita a Centroamérica la semana pasada, es momento de que la administración enfoque sus esfuerzos en los problemas de los inmigrantes en este país.  

La comunidad de defensores de los derechos de los inmigrantes se decepcionó cuando la vicepresidenta fue ambigua respecto ambos lados del problema esta semana en Guatemala, diciendo a los inmigrantes que no vinieran, minimizando en esencia la urgencia de los guatemaltecos y otros migrantes que necesitan ayuda humanitaria inmediata.  

Tal vez su declaración fue un intento de apaciguar a los votantes que creen a los manipuladores y a los promotores del miedo, quienes les dicen que la única solución al "problema de la inmigración" consiste en una mayor militarización de nuestra frontera. Pero es difícil imaginar que ese público llegue a creer y apoyar una reforma migratoria sensata.

Los que politizan el sufrimiento y las desgracias de los inmigrantes vulnerables, y los que se creen esa narrativa, han sido condicionados a sustituir su compasión por otros seres humanos por un miedo profundamente arraigado a otros. En este contexto, es dudoso que doblar la rodilla del ejecutivo ante el miedo y la xenofobia nos acerque a una vía sensata de ciudadanía para los inmigrantes que ya están aquí, que ya forman parte del tejido de nuestra nación.

Hace tan solo unos meses, en diciembre de 2020, la vicepresidenta Harris nos dijo en la Conferencia Nacional de Integración de Inmigrantes (NIIC, por sus siglas en inglés) que "estos últimos cuatro años han sido desgarradores y difíciles. A los que huyen de la persecución se les ha negado la posibilidad de solicitar refugio y los que viven en EE.UU. desde hace tiempo han sido objeto de ataques y abusos.  El presidente Biden y yo trabajaremos para corregir los errores de estos últimos cuatro años y honrar y hacer avanzar la herencia de Estados Unidos como nación de inmigrantes." 

Como defensora de los derechos de los inmigrantes, creo que la Vicepresidenta Harris, quien es hija de inmigrantes, conoce la lucha de los que tienen que huir de situaciones desesperadas y que los inmigrantes son una parte esencial de la solución -no del problema- en un momento en que necesitamos más trabajadores en nuestra economía, no menos. Mi propia madre y mis abuelos llegaron a este país desde Chihuahua, México, en busca de oportunidades y de una mejor forma de vida. La Ley de Reforma Migratoria y Naturalización de 1986, firmada por el Presidente Republicano Ronald Reagan, fue la que les permitió nacionalizarse y me dio la oportunidad de alcanzar mis propios sueños. 

Es el momento de que la administración empiece a centrarse en este mensaje y lo respalde con acciones. Esto incluye esfuerzos administrativos audaces que amplíen el asilo, el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) y otras protecciones humanitarias, y reconstruyan nuestra infraestructura de reasentamiento de refugiados, en lugar de disuadir a los solicitantes de asilo y a los migrantes. También incluye el reconocimiento del papel que la política exterior de EE.UU. ha desempeñado en la región para provocar la migración, así como el apoyo a la sociedad civil en toda América Central, no a los gobiernos corruptos o abusivos.

La administración también debe presionar al Congreso para que apruebe por fin una legislación que pueda proporcionar la residencia permanente de los jóvenes que llegaron al país de niños, a los titulares del TPS y a los trabajadores esenciales que trabajaron bajo circunstancias peligrosas durante esta pandemia. Estos pasos urgentes deben darse a través de la reconciliación si es necesario. 

Es hora de apostar por la idea de Estados Unidos como nación de refugio, como faro de libertad y como tierra de oportunidades. Necesitamos medidas como la Ley del Nuevo Trato para los Nuevos Americanos, para poder ampliar el acceso a la ciudadanía, lo cual daría a las organizaciones locales más fondos para poder brindar clases de inglés y de ciudadanía, y así reconstruir nuestra infraestructura de re-asentamientos para que aquellos que huyen de América Central y de otros lugares puedan venir aquí como refugiados.

Las medidas a medias y los mensajes contradictorios no funcionan. La administración debe comprometerse con la idea y seguirla, con la convicción de que sus acciones y políticas se basan en argumentos racionales, morales e irrefutables, sin dejar espacio a interpretaciones erróneas. 

Por ahora, la administración permanece ambigua entre las dos vertientes de la política de inmigración, reconociendo la importancia de comprender las causas profundas de la migración, pero incapaz de comprometerse con políticas que beneficien a los inmigrantes. Mientras tanto, las soluciones de sentido común penden de un hilo y seguimos aferrados a la esperanza de que se pueda encontrar una solución. La administración debe actuar ahora: no hay tiempo que perder.

*Nicole Melaku, directora ejecutiva de National Partnership for New Americans, lleva más de una década trabajando en cuestiones relacionadas con los inmigrantes y los refugiados a nivel local, estatal y nacional. Como directora ejecutiva, trabaja para potenciar el poder colectivo de las 41 organizaciones miembros de NPNA en 37 estados y así promover los esfuerzos para la integración de los inmigrantes a través de la defensa, la organización de campañas y las iniciativas políticas. La próxima conferencia de la NIIC se celebrará del 3 al 6 de octubre en Las Vegas, N.V.