El presidente Biden reunido con el primer ministro iraquí Mustafá Al-Kadhimi hoy en la Casa Blanca. En el transcurso de la reunión se esperaba el anuncio de la retirada de las ultimas tropas de combate estadounidenses en el país del Medio Oriente. Foto: EFE.
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(c) 2021, The Washington Post - Anne Gearan

El presidente Joe Biden ha anunciado una retirada completa de las tropas estadounidenses en Afganistán. Ha empezado a trasladar a los prisioneros de la Bahía de Guantánamo con la esperanza de cerrar la prisión. Y el lunes le dará la bienvenida al primer ministro de Irak a la Casa Blanca para un esperado anuncio de que las fuerzas de combate de EEUU abandonarán el país en los próximos meses.

Estas decisiones reflejan lo que está surgiendo como un inconfundible pilar de la política exterior de Biden: buscar que Estados Unidos supere la era de su historia que comenzó el llamado 9/11, culminando 20 años concentrados sin tregua sobre el Medio Oriente y el terrorismo en vez de amenazas como China o los ciberataques. Los Estados Unidos debe “luchar las batallas de los próximos 20 años, no la de los últimos 20”, ha dicho Biden.

Gil Barndollar, un exmarine que sirvió en dos turnos en Afganistán, dijo que desde hace tiempo se ha debido reducir la maquinaria de guerra de la era post 11 de Septiembre.

“Es una medida que debió tomarse hace mucho tiempo”, dijo Barndollar, un asesor de alto rango en el grupo de investigación Defense Priorities. “Tenemos cerca de 4 veces más el número de grupos yihadistas de los que teníamos el 11 de septiembre. La guerra global contra el terrorismo ha fallado desde cualquier punto de vista del cual se le analice”.

Pero el trauma causado por los ataques terroristas de hace dos décadas – que llegaron en la mañana de un cielo despejado y azul para matar a casi 3.000 estadounidenses – no se ha disipado, y algunos alertan sobre los riesgos de pasar la página prematuramente. El senador Lindsey Graham, R-Carolina del Sur, ha criticado la estrategia de Biden como “un desastre en desarrollo” que puede causar una re-insurgencia de Al Qaeda y el Estado Islámico, ISIS por sus siglas en inglés.

Hay múltiples señales de que no será fácil hacer barrida y cuenta nueva. El Talibán ya ha tenido avances significativos en Afganistán desde que Estados Unidos comenzó su retirada. Los diplomáticos estadounidenses que permanecen allá enfrentan retos importantes. Biden continúa analizando la posibilidad de convencer a Irán, un adversario clave en el Medio Oriente, de reestablecer a un acuerdo sobre armas nucleares.

En Irak, Biden enfrenta la presión de hacer más en respuesta a los ataques perpetrados por milicias con el apoyo de Irán, y, al dejar algunas fuerzas no combatientes en el país, la administración parece reconocer que continuará existiendo una misión militar allá, si bien será una de más bajo perfil.

“La meta es vencer a ISIS”, dijo un oficial de la administración, hablando en condición de anonimato para poder discutir la estrategia. “El rol de las fuerzas de EEUU y de las fuerzas de la coalición se llevará a cabo en un segundo plano”.

Colaboradores de Biden enfatizan que los Estados Unidos mantiene lazos económicos, humanitarios y en otras áreas con Irak. Una delegación de Irak comenzó a reunirse con oficiales del Pentágono, del Departamento de Estado y de otras instituciones la semana pasada en preparación para la visita del primer ministro a la Casa Blanca.

Natasha Hall, investigadora de alto rango en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (Center for Strategic and International Studies), dijo que la creciente influencia de Irán es una de las principales razones por las cuales el cambio que propone Biden puede que no se desarrolle conforme lo planificado. “Si la historia sirve de algún tipo de guía, EEUU corre el riesgo de ser succionado de vuelta al Medio Oriente por una serie de razones, incluyendo el terrorismo”, dijo Hall.

Las contracorrientes serán evidentes el lunes, cuando Biden reciba al primer ministro iraquí Mustafá Al-Kadhimi para llevar a cabo reuniones que oficialicen el cierre del telón para lo que ha sido el más legal y costoso conflicto de la guerra global contra el terrorismo – una con un legado particularmente doloroso para el propio presidente.

El hijo fallecido de Biden, Beau Biden, fue reservista en Irak, y Biden ha dicho que él sospecha que las toxinas a las que fue expuesto durante su tiempo de servicio militar allá le generaron el fatal cáncer cerebral. El hijo del presidente falleció en 2015.

Biden y Kadhimi se darán la mano para formalizar el plan que culmine la misión de combate de EEUU en Irak en un plazo de cinco meses, dijo un funcionario de la administración.

Las fuerzas armadas de EEUU, sin embargo, mantendrán un rol de entrenamiento y asesoría, y aún no está claro hasta que punto se reducirá la actual fuerza de alrededor de 2.500 efectivos. Los Estados Unidos llegó a tener cerca de 170.000 tropas en Irak en el 2007, en el ápice de la guerra de EEUU contra Al-Qaeda y otros grupos militantes.

Los funcionarios no quisieron discutir sobre el tamaño estimado de la fuerza que piensan destinar de aquí en adelante.

Más de 4.000 soldados estadounidenses murieron en una guerra que comenzó con una invasión liderada por Estados Unidos en 2003, la gran mayoría antes de 2011, cuando las fuerzas armadas de EEUU formalmente declararon el fin de la guerra. Una pequeña misión de antiterrorismo permanece allá, y es esa la que ahora se verá reducida.

“Nadie va a salir a decir: ‘Misión Cumplida’”, dijo el funcionario.

Ése fue el tremendamente prematuro comentario hecho por el presidente George W. Bush, quien dio un tristemente célebre discurso en 2003 utilizando un afiche con ese lema como fondo.

“Aún así, los oficiales describieron este nuevo momento como algo “importante y conmovedor” después de un conflicto estadounidense de 18 años en Irak.

Para Biden, la presencia persistente de EEUU, y el riesgo permanente al cual se exponen las tropas estadounidenses en la zona, hacen que no tenga ningún sentido estar en Afganistán y que apenas tenga un poco de sentido estar en Irak, en momentos en los cuales está en ascenso un crecientemente poderoso, rico y agresivo superpoder como China.

“Fuimos a Afganistán en respuesta a un horroroso ataque que sucedió hace 20 años”, dijo Biden en abril, cuando anunció el retiro de las tropas de EEUU de aquel país. “Eso no puede explicar por qué debemos permanecer allá en 2021”.

Biden originalmente apoyó la guerra en Irak, y también apoyó la invasión inicial a Afganistán. Como senador, asistió a la ceremonia de 2002 en la Casa Blanca en la cual Bush suscribió el proyecto de ley autorizando el uso de fuerza contra Irak, después de acusar a su entonces líder, Saddam Hussein, de supuestamente desarrollar armas de destrucción masiva. Dichas armas nunca fueron encontradas.

Apenas el mes pasado, la Cámara votó para derogar esa ley que durante los últimos diecinueve años ha servido, según los críticos, como un cheque-en-blanco del cual se abusó en repetidas ocasiones y que ahora resulta obsoleto. Biden dio su bendición a esa decisión.

Como las de muchos estadounidenses, las opiniones de Biden sobre las guerras en Irak y Afganistán fueron cambiando a medida que se prolongaban los conflictos – especialmente la invasión a Irak, la cual tuvo poco o nada que ver con los ataques del 11 de septiembre de 2001. Para 2005, había reevaluado su voto de apoyo a la guerra en Irak, viéndolo como una equivocación.

Como vicepresidente, Biden argumentó en contra del aumento de tropas que el presidente Barack Obama solicitó para Afganistán en 2009. Y ahora, siendo él mismo presidente, Biden ha invocado varias veces el adagio sobre lo inútil que resulta hacer lo mismo repetidas veces y esperar un resultado diferente.

“Yo soy ahora el cuarto presidente de Estados Unidos que preside sobre la presencia de tropas estadounidenses en Afganistán – dos Republicanos, dos Demócratas”, dijo Biden en abril. “Yo no le voy a pasar esta responsabilidad a un quinto presidente”.

Él también se está basando en sus propias sospechas de que los líderes del Pentágono siempre van a argumentar que se debe mantener un conflicto o incrementar las fuerzas involucradas, dijeron personas que han hablado con Biden sobre Afganistán e Irak.

El nuevo libro de memorias de Obama describe de cómo Biden le aconsejó con vehemencia sobre los altos mandos militares. “Quizá he estado en este pueblo por demasiado tiempo, pero algo que se reconocer es el momento cuando estos generales están tratando de controlar a un nuevo presidente”, dice Obama que le comentó Biden. “No dejes que te manipulen”.

Biden ha ordenado una “revisión de postura” global sobre cada despliegue de tropas estadounidenses, “para que nuestra huella militar esté apropiadamente alineada con nuestra política exterior y con nuestras prioridades de seguridad nacional”.

La reunión del lunes en la Oficina Oval con Kadhimi es similar a una sesión que mantuvo el mes pasado con el presidente afgano Ashraf Ghani, en la cual Biden habló claramente sobre lo imperativo que era que Estados Unidos se retirara del país.

“Los afganos tendrán que decidir cuál será su propio futuro, qué es lo que quieren”, dijo Biden.

Prometió que Estados Unidos ayudará, pero el apoyo de ahora en adelante será mayoritariamente financiero, no militar. Biden había anunciado en abril que las restantes 2.500 tropas estadounidenses se retirarían de Afganistán antes del 11 de septiembre de este año, cumpliéndose el aniversario 20 de los ataques terroristas, pero para todos los efectos la retirada ya finalizó.

El funcionario estadounidense dijo que la misión antiterrorista en Siria, paralela a la de Irak, permanecerá activa por los momentos.

Kadhimi tiene una tarea delicada. Biden quiere desenlazar a las fuerzas armadas de EEUU del conflicto, y el parlamento iraquí también ha exigido un retiro de las fuerzas de combate. Kadhimi tiene la esperanza, sin embargo, de seguir contando con apoyo militar estadounidense.

“Estamos buscando una alianza estratégica a largo plazo”, declaró en una entrevista reciente con David Ignatius, columnista del Washington Post.

“Los iraquíes estamos ahora listos para mantenernos de pie y protegernos a nosotros mismos”, agregó Kadhimi. “Ya no tenemos la necesidad de contar con tropas de combate estadounidenses. Al mismo tiempo, seguiremos necesitando apoyo de inteligencia, entrenamiento, desarrollo de capacidades y asesoría”.

La actual misión de EEUU en Irak se supone que está dirigida a enfrentar al grupo extremista Estado Islámico, aunque otras milicias apoyadas por Irán regularmente ponen la mira sobre las instalaciones de EEUU en el país. El Instituto Washington para Políticas del Cercano Oriente (The Washington Institute for Near East Policy) ha contabilizado 24 ataques desde que Biden asumió la presidencia y 3 bombardeos de EEUU como respuesta.

Pero a pesar de cualquier escaramuza o enfrentamiento particular que continúe, la intención clara de Biden es cambiar el enfoque global de EEUU.

“La administración calcula que puede invertir menos en el Medio Oriente con respecto a otras amenazas, particularmente después de un enfoque que puede denominarse como sobre militarizado hacia la región durante más de 20 años”, dijo Elisa Ewers, investigadora del programa de Seguridad en el Medio Oriente del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense (Center for a New American Security).

Mientras algunos analistas sugieren que la guerra contra el terrorismo ha fallado, dada la persistencia de los grupos extremistas, Ewers argumenta que en gran medida ha sido exitosa, como lo evidencia el hecho de que no se hayan perpetrado grandes ataques terroristas dentro de Estados Unidos desde 2001. Pero concuerda con que hoy en día la misión tiene menos sentido.

“¿Se puede decir que el terrorismo es la amenaza particular más peligrosa para Estados Unidos en estos momentos?”, pregunta ella. “Probablemente, no”.

Obama también trató de reducir su presencia en el Medio Oriente y enfocarse más en Asia, pero su esfuerzo se descarriló debido a la erupción de un conflicto en Siria durante su mandato.

Sin embargo, la postura de Biden hacia China hasta ahora ha tenido sentido, incluyendo sanciones y denuncias a los abusos contra los derechos humanos en Hong Kong y la continuidad de los aranceles proteccionistas implementados por el expresidente Donald Trump. Los líderes europeos han estado dispuestos a apoyar a Biden en su postura más firme frente a China, al menos hasta un punto, algo evidente cuando los presionó en junio durante su primera gira internacional como presidente.

Nada de esto quiere decir que será fácil enfrentar a China, dada su determinación de retar a Estados Unidos en su rol como primera potencia mundial.

“China está jugando rudo. Ellos quieren ser el Estado dominante”, dijo otro oficial de la administración en una entrevista. “Ellos también quieren buscar la manera de empujarnos a un lado en el escenario mundial”.

Redirigir la política exterior de EEUU significa no sólo un cambio en la manera de pensar, pero también requiere un nuevo esfuerzo por construir el tipo de infraestructura y capacidad en Asia que Estados Unidos ha tenido por mucho tiempo en el Medio Oriente.

“Esto va a ser difícil”, dijo el funcionario, hablando en condición de anonimato para poder discutir temas delicados. “Va a requerir... de un gran cambio regional del Medio Oriente hacia Asia. Nunca hemos tenido a Asia como el foco central. Eso es nuevo”.

Información de la Autora:

Anne Gearan es corresponsal del Washington Post con responsabilidad de cobertura en la Casa Blanca, enfocada en política exterior y seguridad nacional. Cubrió la campaña de Hillary Clinton y el Departamento de Estado para el Post antes de unirse al equipo de la Casa Blanca. Se unió al periódico en 2012.

Lea el artículo original aquí.

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