niños

Especial para The Washington Post - Heather Haq

A lo largo de la pandemia, he atendido a niños que han sido hospitalizados por Covid-19 en el hospital de niños de Houston donde trabajo como pediatra. Estos niños han incluido a recién nacidos con fiebres que requieren de una evaluación de septicemia, niños en edad escolar cuyos cuerpos han sido fuertemente afectados por las inflamaciones asociadas al Covid-19 infantil, y adolescentes y jóvenes con neumonía de Covid que necesitan oxígeno y otras formas de asistencia respiratoria. He atendido a niños cuyas familias enteras han sido devastadas por el Covid – algunas veces el niño estaba tan enfermo que era hospitalizado pero ninguno de sus padres podía acompañarlo junto a su cama porque ellos mismos estaban críticamente enfermos en el hospital de adultos al otro lado de la calle o, peor, habían muerto recientemente a causa del Covid.

Todo este tiempo, como doctora y como madre, he estado luchando contra una cierta discordancia: hay una creencia popular de que el Covid-19 no afecta a los niños – y mi entrenamiento en salud pública y epidemiología me recuerda que, en cuanto a los niveles generales de la población, es cierto, la mayoría de los niños que contraen Covid-19 son asintomáticos o tienen síntomas leves de la enfermedad. Pero yo contrasto esto con la realidad de ser una doctora junto a la cama de niños críticamente enfermos por Covid-19 o enfermedades relacionadas al Covid. Estas dos perspectivas luchan en mi mente cuando trato de evaluar los riesgos que enfrentan mis propios hijos de edad escolar. Una cosa que me aterra como madre es que no podemos predecir por qué algunos niños se enferman tanto cuando contraen Covid mientras que otros apenas presentan síntomas leves de la enfermedad; no sabemos por qué algunos permanecen con secuelas y debilidad por muchos meses, mientras que otros se recuperan rápidamente.

Lo que sí sé es que en este momento, cuando la altamente contagiosa variante Delta se ha convertido en la cepa dominante en circulación y entramos en otro aumento de los casos de contagio de Covid, estoy más preocupada por mis hijos que antes.

Primero que nada, esto es porque la alta transmisibilidad de la variante Delta se traducirá en un mayor número de niños expuestos, lo que conllevará a un mayor número de niños infectados. Incluso si la variante Delta no es más virulenta en los niños de lo que es el virus original, el simple aumento de los contagios significará que más niños serán hospitalizados por Covid-19 y otras enfermedades relacionadas al Covid. A medida que la apertura de las escuelas coincida con el aumento de la variante Delta, me temo que veremos grandes brotes en ambientes escolares que no vimos con las versiones del virus menos contagiosas.

Me pregunto, si más personas vieran lo que yo veo en las camas de los hospitales, ¿harían más por proteger a sus hijos? Hablé con una madre que se preguntaba si ella hubiese podido hacer algo por prevenir que su hijo terminara hospitalizado con fuertes síntomas de Covid. Recuerdo haberle dado apoyo emocional – además de oxígeno, esteroides y remdesivir – a un adolescente hospitalizado con neumonía por Covid que aún estaba lidiando con la reciente muerte de muchos familiares a causa del coronavirus. Su vida se había transformado profundamente en apenas unas cuantas semanas.

A lo largo del transcurso de la pandemia, nuestro sistema de hospitales ha diagnosticado a más de 15.000 niños y adolescentes con Covid – una cifra que cada vez se eleva más. Alrededor del 10 porciento de ellos requiere de hospitalización. Hasta un tercio de los niños admitidos a nuestro hospital han requerido cuidados intensivos – incluyendo oxígeno suministrado a través de una cánula nasal de alto flujo, ventilación no invasiva y entubación para ventilación mecánica.

Cuando les doy de alta a los niños de nuestro hospital, yo sé que muchos de ellos tienen un largo camino por delante antes de poder recuperarse completamente, y muchos requerirán de evaluaciones cardíacas periódicas y cuidados a largo plazo en nuestra clínica para Covid prolongado. Más de 300 niños en todo Estados Unidos han muerto por Covid desde que comenzó la pandemia, de acuerdo al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention, CDC por sus siglas en inglés). La mayoría de los niños que contraen Covid se recuperan totalmente, pero hasta el 10 porciento de ellos, incluyendo a aquellos con síntomas medios que no requirieron hospitalización, seguirán presentando síntomas de Covid prolongado por muchos meses.

Durante brotes previos de Covid, los hospitales de niños en Estados Unidos experimentaron bajos volúmenes de pacientes en comparación con años anteriores porque las personas no estaban buscando cuidados médicos rutinarios o procedimientos específicos. Podíamos fácilmente manejar el influjo de pacientes con Covid porque además no estábamos viendo muchos de los otros virus que afectan a los niños comúnmente, como el virus sincitial respiratorio (Respiratory Syncytial Virus, RSV por sus siglas en inglés) o la influenza, los cuales típicamente mantienen a los hospitales de niños ocupados todos los inviernos. Durante brotes pasados, los hospitales de niños a lo largo del país pudieron servir como válvulas de escape para los hospitales de adultos colapsados por el alto número de pacientes con Covid, en muchos casos teniendo que dar el paso de admitir y darles atención médica directa a pacientes adultos, o prestando equipos para los hospitales de adultos.

Lo que es distinto esta vez es que los hospitales de niños también están lidiando con un inusual aumento veraniego de los virus respiratorios, incluyendo el RSV, el cual causa una enfermedad peligrosa en niños y bebés. Nuestros hospitales están teniendo que lidiar con un influjo inmenso y sostenido de pacientes con RSV – los cuales muchas veces requieren oxígeno y asistencia respiratoria – y estamos más ocupados en nuestro día a día de lo que estábamos en otras etapas de la pandemia. Me preocupa que los hospitales de niños no puedan manejar un aumento de los casos de Covid encima de otro aumento en los casos de RSV, lo cual afectará a nuestro sistema hospitalario y a nuestro personal de atención médica.

Sumado a mis preocupaciones como pediatra se encuentra el que nuestra sociedad ya está peligrosamente fatigada de la pandemia. Los niños menores de 12 años siguen estando fuera de las posibilidades de vacunación, pero las personas están cansadas de seguir las medidas de mitigación y están ansiosas de regresar a la vida normal. Muchos adultos y adolescentes mayores de 12, elegibles para inocularse, aún no se han vacunado. Un paso importante que las familias pueden dar para proteger a sus hijos de todas las edades es asegurarse de que todos los miembros de la familia mayores de 12 años estén vacunados; es desconsolador atender a niños hospitalizados por Covid cuando uno sabe que eso se pudo haber evitado.

A menudo se me acercan amigos, familiares y vecinos que enfrentan las difíciles decisiones que yo también enfrento como toda madre en el medio de una pandemia: ¿cómo mantenemos a nuestros hijos sanos y seguros? A mí me gusta recordarles que durante los pasados 18 meses, hemos ganado tanto experiencia como sabiduría y hemos desarrollado herramientas y recomendaciones para ayudar a limitar la propagación del Covid – todo basado en evidencia científica. El uso de mascarillas (incluyendo el uso universal de mascarillas en las escuelas), el distanciamiento social, las continuas pruebas, el rastreo de contactos, la cuarentena y la vacunación, todas ayudan. Si abandonamos estas cruciales herramientas ahora, estamos poniendo en peligro a nuestros niños nuevamente.

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Información de la Autora:

Heather Haq es profesora de pediatría en el Baylor College of Medicine y pediatra en el Texas Children’s Hospital de Houston. También es la oficial médica en jefe en la Iniciativa Internacional de Pediatría para el SIDA, en el Baylor College of Medicine.

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