Antonio Guterres, secretario general de la ONU, opina que ha "llegado el momento de tomar decisiones en materia ambiental antes de que se nos acabe el tiempo". Foto: EFE/Chema Moya.

La Junta Editorial del Financial Times

Un informe sin precedentes sobre el cambio climático publicado ayer lunes, suscrito como declaración de consenso por 234 científicos internacionales, deja claro que el mundo se enfrenta a un futuro espeluznante aun si se logra reducir rápidamente el nivel de carbono generado por la actividad económica.  Fracasar en el recorte profundo de las emisiones de gases de invernadero llevaría en pocas décadas a lo que los principales climatólogos denominaron “el infierno en la tierra”.

La tensa advertencia del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) no es sorprendente para quienes han visto la evidencia del calentamiento inducido humanamente que se ha acumulado desde el último informe del IPCC en 2013.  Nadie debe imaginarse que este informe es exageradamente alarmante.  Representa una opinión científica aceptada y muchos climatólogos se expresarían con mayor vehemencia todavía.  Y tampoco han podido los autores del IPCC, debido al largo trabajo de redacción, tomar cuenta de todos los signos más recientes que indican un cambio climático más acelerado de lo que sugieren los modelos:  olas de calor extremo, inundaciones catastróficas, rapidez con la cual se están derritiendo el hielo ártico y el permafrost.

El informe es lectura deprimente pero les roba a los gerentes de políticas cualquier excusa que tengan para cruzarse de brazos y darse por vencidos.  Demuestra que la acción inmediata por parte de empresas y gobiernos tendrá un impacto generacional; aunque es cierto que algunos efectos del cambio climático como el incremento del nivel oceánico y el derretimiento del hielo polar durarán cientos de años.

En el escenario más optimista que puede lograrse según el IPCC, las “reducciones inmediatas, veloces y a gran escala” en emisiones limitan el incremento de las temperaturas globales a un máximo de 1,6C por encima de temperaturas preindustriales para el 2050.  No limitaría el aumento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos disruptivos como tormentas, sequías y olas de calor, pero aseguraría que la tierra siga siendo esencialmente habitable.  Bajo un escenario de emisiones muy altas, el calentamiento podría llegar a 3C para 2060 y 5,7C para 2100, poniendo en peligro la existencia de la civilización humana.

El informe debería fortalecer la determinación de los líderes del mundo para acordar una ruta a niveles de emisión neta cero cuando se reúnan para la cumbre COP26 en noviembre en Glasgow.  Muchos, incluyendo al anfitrión de la conferencia Boris Johnson, tendrán que resistir a las presiones políticas de gente que se mantiene escéptica sobre la severidad del cambio climático a pesar de toda la evidencia, o las personas a quienes sólo le interesan los costos económicos a corto plazo de una lograr la reducción en el nivel de carbono.

Si bien los que abogan por actuar enérgicamente enfatizan muchas veces el crecimiento económico generado por la innovación que se requiere para lograr emisiones netas cero, no deberían pintar una visión demasiado optimista.  Reducir las actividades que son intensivas en carbono traerá verdaderas dificultades y costos, lo cual requiere una compensación adecuada.

El informe del IPCC también debería convencer a los activistas climáticos de abandonar algunos de sus prejuicios tradicionales, particularmente en contra de la energía nuclear.  Las plantas nucleares pequeñas merecen inversión para que puedan jugar su papel en la generación de energía libre de carbono.

También se necesita repensar actitudes hacia la ingeniería geológica: la utilización de tecnologías para enfriar el planeta a través de la remoción de CO2 de la atmosfera o para reflejar una mayor cantidad de energía solar hacia el espacio.  Aparte de la preocupación sobre seguridad y consecuencias no buscadas, los activistas temen que las posibilidades de aplicar soluciones tecnológicas reduzcan los incentivos para actuar frente al problema fundamental – el hecho de que estamos emitiendo demasiados gases de invernadero.  Pero la investigación en materia de ingeniería geológica sería una precaución valiosa.

Frente a una emergencia climática tan seria y cercana, el mundo no puede darse el lujo de desestimar ninguna de las cosas que puedan ser parte de la solución.  Pero, como bien reconoce el IPCC, el trayecto principal para alejarse del infierno conlleva curar a la humanidad de su adicción al carbono.

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