Congreso

Al iniciar su sesión 117 este año, el Congreso de Estados Unidos batió récord como el más diverso en su historia, pero también como uno con el mayor número de legisladores en edad avanzada, lo que reanima el debate sobre si convendría o no una reforma que imponga límites en los términos de servicio público. 

Según un análisis conjunto de Fiscal Note y Roll Call, de los 535 miembros en ambas cámaras del Congreso -100 en el Senado y 435 en la Cámara de Representantes-, ésta última es la que tiene un rostro relativamente más joven: 38 legisladores nacieron en la década de 1980 y uno nació en la década de 1990. En cambio, el Senado aún espera la llegada de legisladores más jóvenes. 

En el Senado, además, la edad promedio de los legisladores es de 63 años. Es decir, en general, el Congreso está poblado cada vez más de legisladores en edad avanzada. 

Así, por ejemplo, en la Cámara Baja, el legislador más joven es el republicano por Carolina del Norte, Madison Cawthorn, quien tomó juramento en enero pasado con apenas 25 años. Cawthorn desplazó de esta forma a Alexandria Ocasio Cortez, quien tenía 29 años cuando ganó su primera elección en 2019. 

En la Cámara Baja, el legislador de mayor edad es el republicano por Alaska, Don Young, con 87 años, y además lleva 25 términos como representante desde que fue elegido por primera vez en 1973.  Otros diez legisladores también figuran en su círculo de octogenarios, incluyendo la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, quien cumplió 81 años en marzo pasado.

GERONTOCRACIA. El problema no es la edad o “gerontocracia” de los legisladores sino su capacidad, experiencia y entusiasmo por responder a las necesidades de las personas, aseguró un asesor legislativo

Un Senado que envejece

Mientras tanto, en el Senado, el puesto de legislador más “veterano” lo ostenta la senadora demócrata por California, Dianne Feinstein, con 88 años, seguida por el senador republicano por Iowa, Chuck Grassley, quien los cumplirá el mes próximo. El club de senadores octogenarios lo completan los republicanos Richard Shelby y Jim Hofe, y el demócrata Patrick Leahy. 

En total, el Senado cuenta con 21 senadores en su séptima década de vida, 44 en sus sesenta, 18 cincuentones, 11 en cuarentones y apenas uno de 33 años. 

La experiencia de vida de los más “veteranos”, claro está, supone una ventaja sobre los legisladores más jóvenes, pero éstos últimos, por lo general, estarían en mejor sincronía con las nuevas tecnologías y el surgimiento de movimientos sociales liderados por las nuevas generaciones. 

Feinstein, quien desembarcó en el Senado en 1992 tras ganar una elección especial, inició su carrera política en 1969 como supervisora del Condado de San Francisco y nueve años después se convirtió en alcaldesa de esa emblemática ciudad. 

En esa época, aún no había internet ni teléfonos celulares, y en las oficinas de los políticos los métodos más comunes para la comunicación eran el teléfono fijo, el Télex, el telegrama, el fax y, desde luego, las cartas por correo. Cinco décadas después del arribo de las primeras computadoras, Feinstein ha enarbolado la causa de la seguridad cibernética y en 2015 copatrocinó una importante legislación que penaliza los ataques de ciber-piratas contra agencias gubernamentales y empresas privadas. 

¿Plazos fijos?

Pero aún si los legisladores de edad avanzada se apoyan en las nuevas tecnologías y utilizan las redes sociales para comunicarse con sus electores jóvenes, en Washington siempre ha habido un debate sobre si reformar o no las leyes para imponer límites en el periodo de servicio público de los congresistas. 

En declaraciones a El Tiempo Latino, José Aristimuño, un estratega demócrata, consideró que, así como el presidente de Estados Unidos por ley debe cumplir un máximo de dos periodos consecutivos en la Casa Blanca, también los legisladores deben tener restricciones similares. 

“Para resolver los problemas de nuestro mundo, necesitamos líderes con ideas frescas y que sus intereses sean los de avanzar los intereses de país y no hacer carrera política”, señaló el experto. 

Salvo que pierdan una reelección o que se jubilen por innegables problemas de salud o por un escándalo político, sin embargo, los legisladores difícilmente abandonan sus puestos y todo lo que estos conllevan (poder, prestigio y privilegios).

Grupos de corte progresista o no partidista, como “US Term Limits”, han intentado a través de los años impulsar una enmienda constitucional que limite los años de servicio público de los legisladores, y señalan que el 80% de la opinión pública apoya la idea. 

En enero pasado, para sorpresa de muchos, el senador republicano por Texas, Ted Cruz, lideró un grupo de correligionarios que presentó una enmienda a la Constitución para imponer límites de servicio a los legisladores, con la idea de poner freno a quienes sólo buscan, a su juicio, “hacer carrera” y asegurarse la reelección. 

De aprobarse, la medida exigiría que los miembros de la Cámara Baja solo puedan permanecer hasta seis años en sus puestos, mientras que los del Senado podrían hacerlo hasta un total de 12 años, es decir dos términos de seis años cada uno. 

“El auge de las carreras políticas en el Congreso es un fuerte contraste a lo que nuestros fundadores pretendían para nuestras entidades federales. Siempre he pedido esta solución a la disfunción de Washington D.C.”, dijo Cruz cuando presentó la medida. 

Viejos son los caminos…

Para otros observadores, sin embargo, el problema no es la edad o “gerontocracia” de los legisladores sino su capacidad, experiencia y entusiasmo por responder a las necesidades de las personas que representan en sus distritos y estados. Además, argumentan, son los votantes los que desde las urnas deben decidir la permanencia de los legisladores en sus cargos. 

“El problema no es la edad. Ya quisiera yo tener la energía y lucidez de Pelosi cuando llegue a su edad… claro, hay legisladores ancianos que ya deberían jubilarse, pero acá hay también relativamente jóvenes que no se conectan con sus electores”, explicó a El Tiempo Latino un asesor legislativo demócrata que pidió el anonimato por la sensibilidad del asunto. 

“El congresista John Lewis trabajó y luchó hasta su último aliento por sus electores. Pero hay otros bastante jóvenes que no hacen un buen trabajo al representar a sus distritos, por eso digo que el problema no es la edad, es la gestión del cargo”, enfatizó. 

El asesor se refería a que Lewis, un icono del movimiento de los derechos civiles, permaneció en la Cámara Baja hasta su muerte por cáncer de páncreas en julio de 2020 a los 80 años, y aun en su lecho de muerte escribió sus memorias como una “hoja de ruta” para futuras generaciones.