Biden

(c) 2021, The Washington Post - Anne Gearan, Cleve R. Wootson Jr.

Con los combatientes del Talibán decididos a expulsar al gobierno de Afganistán respaldado por EEUU – y con ello desmantelar todo el esfuerzo de 20 años y decenas de miles de millones de dólares para intentar enraizar una democracia al estilo occidental en suelo afgano – este fin de semana el presidente Joe Biden ofreció compasión hacia aquellos que se quedan atrás. “Nuestros corazones están con los valientes hombres y mujeres afganos que ahora están en riesgo”, dijo en una declaración el sábado en la noche mientras los insurgentes cercaban Kabul.

Pero luego Biden giró hacia los fríos cálculos que motivaron su decisión de terminar con esta misión que ha costado más de 2.000 vidas estadounidenses.

“Un año más, cinco años más, de presencia militar estadounidense no hubieran hecho una diferencia si las fuerzas armadas afganas no pueden proteger su propio país”, dijo Biden. “Y una interminable presencia estadounidense en el medio del conflicto civil de otro país no era aceptable para mí”.

Fue un crudo y firme análisis de un presidente mejor conocido por su empatía de mirada mística. Refleja un cada vez más desafiante y defensivo tono de Biden y sus colaboradores frente a las críticas de que está condenando a un aliado de EEUU a la brutal tiranía de un fundamentalismo islamista y abriéndole las puertas a nuevas amenazas terroristas.

El Rep. Michael Waltz, R-FL, un oficial de la reserva del ejército de EEUU que tuvo múltiples campañas en Afganistán, dijo que la falta de voluntad de Biden por hacer más para ayudar al país – y para proteger a los traductores y coordinadores que ayudaron a los soldados de EEUU – muestra una insensibilidad que va a hacer difícil que podamos ganar aliados para el próximo conflicto que enfrente la nación.

“¿Quién va a confiar en nosotros ahora? preguntó. ¿Quién va a confiar en nosotros lo suficiente como para arriesgar no sólo sus vidas, pero las vidas de todos sus familiares para apoyar a los Estados Unidos, ya sean protestas en Cuba, o sea Taiwán? Esto va a resonar por años”.

Waltz también está molesto, y con sentido de pérdida, por lo que denominó un total fracaso por proteger a los vulnerables afganos que ayudaron a los estadounidenses a lo largo de las últimas dos décadas.

“Yo no sé si él no tiene idea de lo que realmente les va a ocurrir a estas personas o si hay algún tipo de distinción en su mente y que simplemente no le importa”, dijo Waltz. “Yo no sé qué pensar de todo esto”.

Biden monitoreó la debacle el domingo desde Camp David en Maryland, desde donde tuvo una video conferencia con asesores de seguridad nacional. Oficiales de la Casa Blanca le presentaron un informe a un grupo bipartidista de legisladores el domingo. Antes de sus declaraciones, Biden no había hablado en público sobre Afganistán desde el martes.

La línea de la Casa Blanca era firme. No hay una solución militar para Afganistán y Biden no va a permitir que más estadounidenses mueran en esta causa, dijeron funcionarios de EEUU. Esa es una postura que tiene el apoyo de la opinión pública según muestran las encuestas, y le hace eco a la agenda de “Estados Unidos Primero” del ex-presidente Donald Trump.

“Lo que yo estoy sintiendo y pensando sobre la situación en Afganistán, no puedo resumirlo en Twitter”, tuiteó el Rep. Rubén Gallego, D-AZ, siendo él mismo un veterano de la Guerra en Irak. “Pero una cosa que definitivamente resalta para mí es que no he recibido ni una sola llamada de los constituyentes sobre este tema y mi distrito tiene una amplia población de veteranos”.

Oficiales de EEUU señalaron que Trump inició el retiro de las tropas basándose en la misma razón de prevenir la muerte sin sentido de soldados estadounidenses en batalla.

Biden se rehusó a extender una inútil misión que carecía del apoyo del pueblo estadounidense, dijo el secretario de estado Antony Blinken el domingo, poco antes de que cayera el gobierno de Kabul.

“Y por cierto, desde la perspectiva de nuestros competidores estratégicos alrededor del mundo, no hay nada que les gustaría más que vernos enredados en Afganistán por otros 5, 10 o 20 años”, dijo Blinken en el programa televisivo de CNN “State of the Union”. “Simplemente no está en los intereses de la nación”.

El final llegó el domingo, suave y simbólicamente. Helicópteros volaban misiones de evacuación desde la Embajada de EEUU – un escenario que Biden había dicho que nunca ocurriría – y la bandera de EEUU fue removida. Por segundo día consecutivo, el Pentágono ordenó más tropas al país como parte de una misión temporal para asistir en el caótico retiro de EEUU.

El Talibán proclamó el retorno de su confederación Islámica – lo que significa que los militantes que reguardaron la preparación de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 estarán de vuelta en el poder al cumplirse 20 años de ese acontecimiento.

Los afganos se desbocaron hacia el aeropuerto, y el embajador estadounidense encargado salió del país.

Lo mismo hizo el presidente Ashraf Ghani, quien había agradecido efusivamente a Biden por el sacrificio de vidas estadounidenses en Afganistán durante una visita a la Casa Blanca en junio.

“Los afganos van a tener que decidir su futuro de lo que ellos – de lo que ellos quieren”, dijo Biden en aquel momento, agregando que Estados Unidos apoyaría con dinero y otras formas de ayuda.

“Vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo por asegurarnos de que ustedes tengan las herramientas que necesitan”, dijo él en una clara refutación de la posibilidad que Estados Unidos actuara como constructor del país.

Puede que Biden no esté aislado por la oposición pública a la guerra como él quizá cree, dicen los críticos. Tampoco es de suponer que el apoyo de Trump a retirar las tropas automáticamente le transfiere inmunidad a Biden, dijo Nathan Sales, el coordinador de contraterrorismo del Departamento de Estado bajo Trump.

“La administración Biden es dueña de esta situación porque ha tomado el enfoque de la administración Trump, basado en el cumplimiento de condiciones, y lo han reemplazado por una determinación a salir de allá sin importar las circunstancias sobre el terreno”, dijo Sales, ahora afiliado al “Atlantic Council”.

Biden apoyó inicialmente la invasión a Afganistán pero cambió de parecer cuando la guerra se transformó en un estancamiento con el Talibán, mientras los esfuerzos por establecer un gobierno electo efectivo enfrentaban continuos fracasos. Se opuso a la expansión de la guerra bajo el presidente Barack Obama, cuando era vicepresidente, y ahora ha asumido la presidencia con la determinación de concluirla.

“Así que déjenme preguntarles a aquellos que querían que nos quedáramos: ¿Cuántas más – cuántos miles de vidas más de los hijos e hijas de Estados Unidos están dispuestos a arriesgar? ¿Por cuánto tiempo más harían que permanecieran allá?”, dijo Biden en un discurso desde la Casa Blanca el mes pasado. “Ya tenemos miembros de nuestras fuerzas armadas cuyos padres pelearon en Afganistán hace 20 años. Vamos a enviar también a sus hijos y a sus nietos también? ¿Enviarían ustedes a sus propios hijos o hijas?”.

A lo largo de su carrera política, Biden ha hablado en términos agudamente personales sobre una fuerte, incluso sagrada, obligación por resguardar a los soldados estadounidenses y a sus familias de los costos de las guerras de Estados Unidos.

Concluye muchas de sus alocuciones públicas con la solemne oración: “Que Dios proteja a nuestras tropas”. Siguiendo su anuncio en abril sobre el retiro de las tropas de EEUU, Biden dejó caer un par de lágrimas mientras visitaba la sección del cementerio de Arlington donde los muertos de las guerras post-9/11 en Afganistán e Iraq están enterrados.

El hijo mayor de Biden, Beau Biden, era miembro de la Guardia Nacional del Ejército en Delaware, y fue despachado a Iraq en 2008. El presidente ha hecho referencia en repetidas ocasiones a sus propias preocupaciones sobre la seguridad de su hijo – y sobre su muerte por cáncer en 2015 con 46 años – al hablar sobre los efectos de mantener a las tropas en Afganistán.

La unidad de Beau Biden fue activada para una campaña en Irak un día después de que Joe Biden participara en el debate vicepresidencial en 2008, y Biden habló entonces sobre sus sentimientos en televisión nacional.

“Yo no quiero que vaya”, dijo Biden. “Pero les diré algo – yo no quiero que mi nieto o mi nieta vayan otra vez dentro de 15 años, así que la manera en la cual nos retiremos marcará la diferencia”.

Después, Biden dijo que la exposición de su hijo a pozos de combustión militar durante sus campañas podría haberle causado la muerte.

“Él se ofreció a unirse a la Guardia Nacional con 32 años porque pensaba que era su obligación”, dijo Biden en una convención del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (Service Employees International Union) en octubre. “Y debido a que estuvo expuesto pozos de combustión – en mi opinión, pues no lo puedo probar todavía –regresó con glioblastoma etapa 4”.

Con frecuencia Biden apoya a las personas que han perdido a seres queridos a manos de tragedias, y parece especialmente afectado por las consecuencias de las guerras modernas, en casa y en el extranjero. Pero pareciera haber descartado su misericordia al tratarse de quienes viven más allá de las fronteras estadounidenses.

Como candidato presidencial el año pasado, le preguntaron a Biden si Estados Unidos tenía una responsabilidad frente a las mujeres y niñas afganas a la espera de una posible toma del poder por parte del Talibán. “No, no la tengo!” dijo Biden. “¿Tengo yo la responsabilidad? Cero responsabilidades”.

“La idea de que podemos usar nuestras fuerzas armadas para resolver cada uno de los conflictos internos que existen en el mundo simplemente no está dentro de nuestras capacidades”, continuól. “La pregunta es: ¿Está en riesgo el interés vital de Estados Unidos, o el interés vital de algunos de nuestros países aliados?

Información de los Autores:

Cleve R. Wootson Jr. es reportero de política nacional para el Washington Post. Previamente trabajó en el equipo de asignaturas generales. Antes de eso, fue reportero en el Charlotte Observer.

Anne Gearan es corresponsal en la Casa Blanca para el Washington Post, con un enfoque en la política exterior y seguridad nacional. Ella cubrió la campaña presidencial de Hillary Clinton y el Departamento de Estado para el Post, antes de unirse al equipo de la Casa Blanca. Entró a trabajar al periódico en 2012.

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