El presidente de EEUU Joe Biden durante una alocución para actualizar al país sobre la respuesta de su administración al huracán Henri y sobre la evacuación de ciudadanos estadounidenses de Afganistán. Foto: EFE/EPA/Ken Cedeno / POOL.

Edward Luce

No, la alianza de occidente no está a punto de desarmarse.  Y Estados Unidos no está a punto de deslizarse hacia un placentero aislacionismo.  Afganistán está demasiado en la periferia como para detonar un giro tan dramático.  Pero el caos de la retirada estadounidense, y el malestar de la mayoría de sus aliados, han acabado abruptamente con la luna de miel internacional del presidente Joe Biden.  También han dejado al mundo – y gran parte de Washington – en confusión.  ¿Qué quiere decir Biden con “Estados Unidos está de regreso”? ¿A cuál Estados Unidos se refiere?

La respuesta no es obvia.  La retirada afgana de Biden cumplió una promesa, salirse de las “guerras eternas”, y rompió otra, restaurar la primacía de las alianzas estadounidenses.  La segunda promesa era lo que diferenciaba claramente a Biden de Donald Trump.  Biden supuestamente valora sus aliados.  El malestar europeo es porque Biden podía haber cumplido ambas promesas si hubiera consultado de cerca con ellos sobre la retirada afgana.  Eligió no hacerlo.  El hecho de que la OTAN estaba presente porque EEUU se lo había pedido, añadió sal a la herida.  Los ataques del 9/11 son la única ocasión en la cual la OTAN ha invocado la cláusula de defensa mutua del Artículo V debido a un ataque contra Estados Unidos y no Europa.

Europa está acostumbrada a los maltratos, a veces merecidos, a veces no.  En 1956, Dwight Eisenhower aplico presión económica correctamente contra Francia y Gran Bretaña para que detuvieran su aventura en el Canal de Suez.  En 2003, George W. Bush desestimó las objeciones de Francia y Alemania respecto a sus planes de invadir Irak.  Lyndon Johnson debía haber prestado mayor atención a Harold Wilson cuando éste se negó a que Gran Bretaña participara en Vietnam, la única vez que el Reino Unido no ha participado hombro-a-hombro en una guerra seria con EEUU.  Correctamente o no, los europeos están lo suficientemente comprometidos con su alianza a los EEUU para sobreponerse el que los traten como un simple fastidio.  Ultimadamente, el mundo transatlántico se mantiene unido por intereses mutuos.

Pero occidente no puede continuar indefinidamente sin estrategia.  Solucionar eso recae principalmente sobre Estados Unidos.  En ocho meses de presidencia, Biden todavía no ha dado con una política exterior clara.  Su campaña incluyó dichos como “restaurar alianzas”, “promover la democracia”, buscar una “política exterior para la clase media” y enfocarse en enfrentar el poder de China en el Indo-Pacífico.  Todo esto, incluyendo particularmente el fin de las “guerras eternas”, le suena bien a la mayoría de los oídos occidentales.  Pero no necesariamente son compatibles.  Gobernar es elegir y Biden todavía no lo ha hecho.

La tensión entre las diferentes aspiraciones de Biden llegan a su punto álgido en China.  Muy similar a Afganistán, hay poca sustancia en el tema de China que distinga a Biden de Trump.  Biden ha mantenido los aranceles sobre bienes chinos.  En cuanto a 5G le está solicitando a sus socios globales que elijan entre Huawei y una alternativa que todavía no ha especificado.  Y su racionalización de la salida de Afganistán es que permitirá enfocar recursos en el Indo-Pacífico.

Eso es una nueva noticia para la India, la cual está supuesta a ser el principal contrapeso de Estados Unidos respecto a China.  Pakistán, el eterno adversario de la India, acaba de fortalecerse con el asenso Talibán en Afganistán, el cuál ahora es un estado cliente de Islamabad.  China también ha recibido un refuerzo, no solamente porque Pakistán es su aliado cercano.  La iniciativa de cinturón y carretera de Xi Jinping fue lanzada en Kazakstán en 2013, el país más grande de Asia Central.  La pieza faltante más grande de la región para Xi era Afganistán.  Todo apunta hacia que el Talibán aprobará la inversión china en extracción mineral y en infraestructura a cambio de que niegue santuario a los separatistas Uigur que luchan contra la represión China en Sinkiang.

Biden ha tomado un gran paso hacia acabar con las “guerras eternas” de Estados Unidos.  Pero a juzgar por estas consecuencias previsibles, ¿cómo ayudará la salida afgana a los demás objetivos de Biden, como por ejemplo contener a China y promover la democracia?   La respuesta es opaca.  En las próximas semanas, Biden se verá presionado a justificar su decisión afgana tomando acciones fuertes hacia China.  Su instinto le dirá que se resista.

La verdadera prioridad de Biden es que se apruebe su proyecto de ley fiscal doméstico para mejorar la economía de la clase media de EEUU antes de las elecciones intermedias del año que viene.  Si le quitamos la palabra “externa” quizás eso es lo que Biden quiso decir cuando habló de una política externa para la clase media.

Visto desde cualquier sitio de EEUU, la diferencia entre Biden y Trump es extrema.  Pero mientras más uno se aleja de las costas estadounidenses, más se reduce.  Lo cual nos trae nuevamente al “Estados Unidos está de regreso”.  El partido Demócrata está de regreso, aunque por cuanto tiempo nadie lo sabe.  La mayoría de los amigos de Estados Unidos prefieren profundamente a los Demócratas que al Trumpismo.  Pero siguen sin saber lo que eso significa para el papel de Estados Unidos en el mundo.  Sospechan, es probable que acertadamente, que Estados Unidos no lo sabe tampoco. 

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