El último vuelo de las tropas estadounidenses fuera de Afganistán destrozó cualquier esperanza que la periodista Moska Sangar Niazay tenía de salir de su país. 

Era la medianoche del 31 de agosto en Kabul cuando Sangar Niazay se asustó con el ruido de ráfagas de disparos. 

“Lo primero que pensé fue que los talibanes estaban enfrentándose los unos a los otros. Pero después revisé Twitter y vi que estaban celebrando la partida de Estados Unidos”, dijo vía telefónica en exclusiva con El Tiempo Latino, pocas horas después.

La presentadora de la estatal Radio y Televisión Nacional Afgana no ha salido de su casa desde que el Talibán tomó el control de la capital hace más de dos semanas. Con susurros, afirmó que buscó modos de irse, pero no lo ha conseguido. Ahora cree que la oportunidad está perdida.

“Nadie nos está apoyando, tengo miedo, no salgo ni para hacer compras, el Talibán nos ha dicho que no podemos trabajar hasta que nos avisen. No salgo y me escondo, porque no quiero que me reconozcan en la calle”.

Durante ocho años, la reportera de 26 años fue una de las caras visibles del canal de televisión del gobierno. Es la primera vez que es forzada a dejar de ejercer su profesión. 

“Me siento sin esperanzas, es una absoluta incertidumbre. Siento que Afganistán está perdido”, se lamentó.

Aún así, la joven que creció y se hizo profesional durante los 20 años de ocupación de EE.UU., sostiene que si el Talibán le permite reanudar su trabajo, se quedaría por su país.

El 31 de agosto de 2021 será recordado como el día en que Estados Unidos puso fin a la guerra más larga de su historia. Y también como el día en que muchos afganos se sintieron abandonados.

Washington evacuó a más de 120 mil estadounidenses y aliados afganos, pero otros cientos de miles de ellos que deseaban huir se han quedado atrás por ahora. 

El fin de dos décadas de invasión se selló con tragedia. El jueves 26 de agosto, al menos 170 afganos y 13 miembros del Ejército de EEUU fallecieron en un atentado suicida que se atribuyó la filial del grupo extremista Estado Islámico en el país (ISIS-K). 

Tres días después, un ataque con dron llevado a cabo por Estados Unidos para frustrar otra posible amenaza terrorista acabó matando a 10 miembros de una familia, incluidos seis niños, de acuerdo a reportes de diversos medios. El Pentágono indicó que no puede refutar los informes y que investiga el hecho. 

“Hay mucho desconsuelo asociado con esta partida”, dijo el pasado lunes el general estadounidense Kenneth F. McKenzie, quien encabezó las labores de evacuación.

“No sacamos a todas las personas que queríamos sacar. Pero creo que si nos hubiésemos quedado 10 días, igual no hubiéramos podido”, declaró desde Kabul.

CELEBRACIÓN. Los talibanes celebraron el retiro de las tropas de EEUU/EFE

Al menos 263 mil afganos han estado afiliados con la misión de Estados Unidos en el país y cientos de miles son elegibles para el programa especial de visados para inmigrantes afganos (SIV, por sus siglas en inglés), de acuerdo al Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, el comité estima que solo se han otorgado 16 mil de estos visados desde 2014.

Washington no ha precisado cuántos afganos aliados quedaban por evacuar, pero un funcionario del gobierno de Joe Biden señaló que podían ser 100 mil, según reportó el diario The New York Times el 24 de agosto.

En las últimas dos semanas, han aparecido en Twitter publicaciones de antiguos miembros del gobierno depuesto, periodistas, activistas y aliados de EEUU en la guerra despidiéndose de su país. Muchos dejaron a sus familiares en Afganistán para empezar una nueva vida a miles de kilómetros de distancia.

“Finalmente aterricé en Noruega con mi familia, dejé a mi padre y a mi hermana. No puedo parar de llorar por mi gente y mi país”, escribió en la red social la exministra de minas y petróleo Nargis Nehan.

 Al tomar la capital hace dos semanas, el Talibán declaró una amnistía general para aquellos que ocupaban puestos de poder, pero antiguos funcionarios han reportado a medios internacionales que están siendo perseguidos por militantes del grupo islámico.

Tres fuentes del depuesto Parlamento afgano que pidieron no ser identificadas le dijeron a El Tiempo Latino que no otorgarían entrevistas a medios occidentales por miedo a represalias de los talibanes. Una afirmó estar escondiéndose y sentir miedo por ella y por su familia.

ENCIERRO. La periodista Moska Sangar Niazay no ha salido de su casa desde que el Talibán tomó el control de la capital hace más de dos semanas/CORTESÍA

No solamente los que ocupaban puestos de poder temen el restablecimiento de un régimen caracterizado por su extremismo y brutalidad entre 1996 y 2001. 

El periodista Frud Bezhan, de la Radio Free Europe, reportó que activistas, estudiantes y periodistas que se quedaron en Kabul estaban destruyendo sus tarjetas sim, borrando fotos y videos de sus celulares, desactivando sus cuentas en redes sociales y huyendo de sus hogares o escondiéndose.

“Siento que estamos atrapados aquí y no hay una salida. Solo quedan unas cuantas horas antes de que esta trampa se convierta en una prisión de por vida o hasta en una condena de muerte”, le dijo un estudiante de la Universidad Estadounidense de Kabul a la periodista afgano-australiana Yalda Hakim.

Según el estudiante, su información de contacto y la de otros compañeros fue obtenida por el Talibán y desde entonces han recibido mensajes amenazantes de números desconocidos.

Aún así, quedan funcionarios de gobierno intentando trabajar con los talibanes para evitar que colapsen instituciones que ya eran frágiles.

Es el caso del médico y ministro de salud pública Wahid Majrooh, quien advirtió en una entrevista con Business Insider que el sistema de salud afgano “es resiliente, pero depende mucho de la ayuda humanitaria”.

La economía del país también queda a la deriva tras la salida de las tropas estadounidenses. El 40% del PIB afgano dependía de la ayuda internacional, de acuerdo al Banco Mundial. Pero cuando quedó claro que el Talibán tomaría Kabul, países como Alemania y EEUU suspendieron la ayuda humanitaria al país. 

La creación de un gobierno inclusivo es la promesa del Talibán, pero miembros de las negociaciones entre el gobierno derrocado y los talibanes se han exiliado y no hay una ruta clara de cómo se verá el nuevo régimen y si conseguirá validación internacional. 

CONTROL. Talibanes en patrullaje luego del retiro de las tropas de EEUU/EFE

Lo que sí es concreto hasta ahora es que las mujeres tienen como orden del Talibán no salir de sus casas y se ha prohibido la educación mixta entre mujeres y hombres, así como la presencia de maestros en escuelas de niñas, lo que ha sido visto con preocupación por organizaciones defensoras de los derechos humanos. 

Queda también la amenaza de Estado Islámico, con 2 mil combatientes ocupando territorio, de acuerdo a estimaciones del general estadounidense Kenneth F. McKenzie.

Con instituciones quebradas, la aguda necesidad de alimentos para la población y el colapso del sistema económico, el abandono de las tropas estadounidenses ha estado marcado por realidades contrastantes.

Mientras los talibanes celebraban en las calles de Kabul enfundando armamento abandonado por el ejército estadounidense, en la frontera de Chaman, entre Afganistán y Pakistán, miles de afganos buscaban huir por tierra. Algunos miembros de comunidades históricamente perseguidas por el Talibán, otros exempleados de Occidente. Todos huyendo de un país en el que ya no se sienten seguros.