Janet Yellen, U.S. Treasury secretary, in Brussels on July 12, 2021. MUST CREDIT: Bloomberg photo by Valeria Mongelli.

La Junta Editorial del Financial Times

A diferencia de tantas otras cosas en EEUU, la deuda pública es bipartidista.  Se acumuló en el tiempo debido a actos de Demócratas y Republicanos, incluyendo la reforma fiscal de Donald Trump en 2017.  Una contribución importante fue de la pandemia, la cual, al menos en su primera ola, obtuvo una reacción casi unánime en Washington.

Por eso es tan deplorable observar la lucha partidista frente al acercamiento de esta más reciente crisis fiscal que amenaza a Estados Unidos.  Para entender lo que está en juego, un cierre del gobierno debido a una falta de financiamiento es la menor de las crisis posibles.  La otra es un incumplimiento.

No está clara la fecha en la cual EEUU llegará a su máximo endeudamiento – los ingresos fiscales están por definirse – pero el Tesoro ha estimado el 18 de octubre como fecha límite.  Si no se aumenta o suspende el tope, lo único que no nos permite estimar la severidad de la posible crisis es que sería algo sin precedente.  “Consecuencias económicas catastróficas” es la somera frase que utilizó la secretaria del Tesoro Janet Yellen.

Los Republicanos bloquearon esta semana siquiera la consideración de un proyecto de ley que entrelazara el aumento del límite con fondeo de corto plazo para el gobierno.  Quieren que se perciba que los Demócratas están relajando unilateralmente las restricciones, de manera que el electorado los vea como pródigos.  Este gambito político disfrazado de prudencia presupuestaria no es nuevo.  Pero el contexto – una pandemia aún activa, una economía que vacila en su recuperación– es inusualmente preocupante.  El juego fiscal arriesgado es aún menos recomendable hoy en día que en tiempos normales.

Los Republicanos, como coautores del endeudamiento, deberían cooperar en el aumento del límite.  Tienen razón al decir que los Demócratas, en control de los tres poderes del gobierno, actúan con despilfarro.  Un plan de infraestructura y un proyecto de ley de reforma social aún mayor están navegando las aguas del Congreso esta semana.  Pero la deuda es un legado de decisiones pasadas, y no de un solo año de “gobierno paternalista”.  En todo caso, el conservadurismo presupuestario del Partido Republicano suele ser mucho más fuerte desde la oposición.

Aún evitando la crisis inmediata, EEUU eventualmente tendrá que enfrentar el tema del máximo nivel.  Estados Unidos se distingue porque tiene un límite nominal de endeudamiento (actualmente 28,4tn – millones de millones).  La razón de ello es asegurar la disciplina fiscal de los políticos.  En realidad, el riesgo extraordinario de incumplimiento sobrepasa cualquier prudencia que pueda existir debido al límite.  Es el producto de un Washington de antaño, con cualidades de cuasi club, en el cual aumentar el límite era más fácil.  Aun así, eran comunes los enfrentamientos.

Es cierto que reformar es difícil.  Abolir el límite, la opción más radical, conlleva una saga legislativa.  (La respuesta danesa es tener un techo altísimo).  Pero el estatus quo garantiza que crisis como la presente sigan surgiendo.  “Nunca deberíamos llegar tan cerca” dice Jamie Dimon, presidente de JPMorgan.  Hay más tras su posición que las peticiones especiales de los bancos de inversión y sus clientes inversionistas en EEUU.

Los estadounidenses han tenido experiencias generalmente benignas en estas crisis.  Pero ese es el creciente problema.  La regularidad de los precipicios fiscales inocula a las personas contra su importancia.  El mercado espera que Washington esté suficientemente asustado del incumplimiento como para actuar correctamente cuando sea necesario.  En Washington, cada partido espera que el otro esté tan preocupado por el mercado que se vean forzados a negociar.  Entretanto, el resto del mundo asume que EEUU nunca permitiría que ocurra lo peor.

Hay una frágil red de supuestos y tanteos en todo esto.  Que se haya logrado mantener hasta ahora – asumiendo los ocasionales cierres del gobierno cómo “mantenerse” – no quiere decir que lo hará eternamente.  Un desastroso incumplimiento accidental no puede permitirse.  Esto necesita una solución duradera y no simplemente un remiendo táctico.

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