armas
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Estados Unidos registró en 2020 el más grande aumento en el porcentaje de crímenes entre un año y otro desde 1960, cuando el FBI comenzó a contabilizar las muertes violentas. Fueron 21 mil 570 los homicidios en territorio estadounidense, un 30% más respecto al 2019; sin embargo, la cifra no supera los poco menos de 25 mil conocidos en 1990.

Para las autoridades, el salto en la estadística se debe a un grupo de factores que sumaron en un año marcado socialmente por la pandemia del COVID-19 y la muerte de George Floyd.

El mercado de las armas

La narrativa de la violencia armada en Estados Unidos tiene parte de su base en el aumento de armas en las calles. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, en el 39% de los hogares del país había al menos un arma, en comparación con el 32% del que se tenía registro 

en 2016.

Desde el Harvard Injury Control Research Center se estimó que al menos 17 millones de adultos en el país poseían un arma en 2020.

Esto, de acuerdo con especialistas, fue producto del COVID-19.

Para Marqueece Harris-Dawson, representante del Concejo Municipal del Sur de Los Ángeles, “los estadounidenses están en una carrera armamentista consigo mismos”, según indicó en entrevista al New York Times. «Hubo tanto una corrida de armas como de papel higiénico al comienzo de la pandemia».

Estrés

El arribo de la pandemia del COVID-19 a Estados Unidos no solo generó efectos en la salud de quienes han dado positivo al brote, su incidencia también se mide en la salud mental de quienes no necesariamente han padecido el virus.

Datos de la Asociación Psicológica de América determinó que el estrés ha sido una constante en una nación que ha visto paralizados sus comercios y actividades escolares. Recién en 2021 con la vacunación masiva se han adoptado planes para la reactivación mientras la variante delta hace de las suyas.

Un estudio del organismo mostró que el 84% de los adultos del país informaron haber sentido al menos una emoción asociada con el estrés prolongado.

Julia Schleimer, el autora principal de un informe publicado en la revista Injury Epidemiology, señaló a The Guardian que factores como «el cambio económico, el cierre de escuelas y organizaciones comunitarias y organizaciones sin fines de lucro, y disturbios civiles» sumaron al aumento de la violencia armada.

Protestas

En mayo de 2020, la muerte de George Floyd a manos del oficial de la policía de Minneapolis, Derek Chauvin, generó cientos de movimientos en su mayoría pacíficos. En ellos, los manifestantes pedían cambios en la estructura policial del país, mientras abogaban por la justicia racial.

Sin embargo, una minoría llevó su molestia por otra vía, con numerosos disturbios que, de acuerdo con la agencia de noticias AP, terminaron en el arresto de más de 10 mil personas a lo largo y ancho del país.

Los saqueos también fueron parte de la dinámica de quienes eligieron la violencia.

«Inmediatamente después de que George Floyd fuera asesinado y estallaron protestas generalizadas en todo el país», dijo a CBS Richard Rosenfeld, profesor de criminología en la Universidad de Missouri, «vimos en varias ciudades un aumento muy, muy grande (en los homicidios)».

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