Alexandria Ocasio-Cortez in Wichita, Kan. MUST CREDIT: Photo for The Washington Post by J Pat Carter

La Junta Editorial – Financial Times

Hasta el martes de la semana pasada, el malestar de Joe Biden como presidente de EEUU había sido teórico.  Bajos índices de aprobación, proyectos de ley paralizados: retrasos, no heridas mortales.  Pero el tema se acercó peligrosamente a un viraje cuando un Republicano, Glen Youngkin, ganó la gobernación de un estado en el cual Biden arrasó por diez puntos el año pasado.

Al examinar los escombros en Virginia, los Demócratas tienen varios consuelos disponibles.  Ante todo, esta elección en un año no electoral no es indicativa de las fortunas de un partido en elecciones importantes.  Los Republicanos ganaron en 2009, y luego perdieron las elecciones presidenciales tres años después.  Por otro lado, se sabía que el rebote económico de la primavera retrocedería una vez que pasaran los efectos del estímulo fiscal.

Aun así, sería tonto el partido si no se sintiera amonestado.  El giro en contra de los Demócratas en la misma noche que New Jersey, un estado mucho más azul, sugiere un problema nacional, no local.  El trabajo de reparación comienza ahora.

Debe iniciarse con una reevaluación de prioridades.  Los Demócratas han pasado gran parte del año regateando entre ellos sobre un par de proyectos de ley de gastos. Ambos contienen medidas que harían de EEUU un lugar mejor y más justo.  Ninguno contesta directamente las principales preocupaciones del pueblo: una economía golpeada por la inflación y una pandemia que no amaina.  Cada semana, está en puertas un logro legislativo pero hasta hace unos días ninguno se había materializado.

Lo que fueron inicialmente maniobras agitadas se convirtió en un egoísmo tedioso.  Es la hora de que el partido continúe aprobando cualquier proyecto de ley que pueda, cediendo ante miembros moderados de ser necesario.  Debe entonces enfocarse en lo que los votantes consideran temas de primer orden.  Si eso requiere renunciar al sueño de un nuevo programa similar al New Deal de Roosevelt, será menos doloroso que una golpiza electoral en 2022 o 2024.

El partido también debe enfrentar su problema cultural.  Según encuestas a boca de urna, la “educación” está por encima de hasta la pandemia en las preocupaciones de los Virginianos.  Esto incluye muchas cosas como niveles de enseñanza y cierres de colegios; pero Youngkin también se opuso a la “teoría crítica de razas”.  Los Demócratas dicen que está exagerando el alcance de este credo en las aulas.  Seguramente hay algo de eso.  Pero si a los suburbios moderados de Virginia les preocupa la educación ictérica sobre la historia de EEUU, al resto del país también.

El temor del pueblo sobre la marea progresista va más allá de la educación; hasta el cumplimiento de las leyes.  A la vez que los Demócratas perdían en Virginia, Mineápolis, lugar del homicidio de George Floyd, votó en contra de una propuesta de reestructuración del departamento de policía.  Cabe recordar que este es el único estado que votó en contra de Ronald Reagan en 1984.  Por tanto no son sólo los estados fuertemente rojos los que se preocupan de estas cosas.  En gran medida, la fisura es dentro del liberalismo.  Los Demócratas deberían poder luchar contra la desigualdad racial sin tener que acabar del lado erróneo del debate.

Aunque el Congreso se vea destinado a ser Republicano el año que viene, Biden todavía puede salvar su presidencia.  Alguna acción ejecutiva ayudaría: ha dejado que se retrasen desde las campañas de inoculación hasta los nombramientos de embajadores.  También vendría bien un enfoque en unas pocas causas grandes.  Sus proyectos de ley de gastos contienen tantas cosas que no hay quien los entienda, ni siquiera los votantes a los cuales están supuestos a ayudar.  Eliminar varias de estas medidas ayudaría a que la gente se enfoque en los logros.

Por encima de todo, debe recordar que fue elegido por los moderados, no por los liberales acérrimos.  En 2020, sólo requerían que no fuera Donald Trump.  En 2021, Youngkin logró ganar sin renunciar abiertamente al expresidente.  En las elecciones intermedias del año próximo, Trump podría no ser un factor.  Hasta el momento en el cual ese rival reaparezca, el principal enemigo de Biden es su propia izquierda.

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