Commuters arrives at Grand Central station during morning rush hour in New York on Nov. 18, 2021. MUST CREDIT: Bloomberg photo by Jeenah Moon.

La Junta Editorial – Financial Times

La pandemia detonó una ola de especulación sobre cómo sería el mundo laboral una vez que finalizara la emergencia.  Se pensaba que quizás, al igual que al final de la Muerte Negra, la balanza de poderes se inclinaría permanentemente hacia los trabajadores.  O quizás lo palpable de su mortalidad llevaría a muchos a reevaluar prioridades y optar por un nuevo balance entre el trabajo y la vida personal, especialmente debido a las posibilidades de trabajar desde el hogar.  Una alternativa mucho peor era que el mayor declive económico en la historia podría, si no se instauraba un adecuado estímulo monetario y fiscal, llevar a que se repitiera la Gran Depresión, un período de desempleo alto constante y poco crecimiento laboral durante décadas.

Hasta cierto punto, en sitios distintos y niveles diferentes, todas esas posibilidades se han materializado y el futuro del sector laboral no está totalmente claro.  Como se ha demostrado en una serie publicada por el FT está semana que pregunta “¿adonde se han ido todos los trabajadores?”, no hay una experiencia única en el mercado de trabajo posterior a la pandemia.  El término “La Gran Renuncia” se utilizó primero en EEUU, donde miles han renunciado en busca de trabajo mejor remunerado o más gratificante.  Mucho de esto ha resultado en cambios de trabajo, donde los empleados dejan un sitio para ir a otro.  Eso normalmente representa políticas exitosas debido a que los trabajadores mejoran su situación y quizás las empresas consiguen empleados más “idóneos”.

Sin embargo, no todo está bien.  Muchas personas se han retirado del mercado laboral totalmente.  Hay aproximadamente 4 millones de trabajadores menos en EEUU de los que había antes de la pandemia.  Algo de esto podría deberse a los efectos remanentes de la crisis del Covid, ya que algunos todavía temen volver a industrias donde haya riesgo de infección.  Según la sucursal de la Fed en St. Louis, ha habido un “exceso de jubilaciones” de 2.4 millones desde comienzos de la pandemia.  Se han observado tendencias similares en el Reino Unido, donde la razón más común para renunciar a un trabajo ha sido una enfermedad a largo plazo o la jubilación.

En el Reino Unido, los cambios en el interés de los trabajadores o el deseo de trabajar se han combinado con la salida del país de miles de ciudadanos de la UE, lo cual ha exacerbado la escasez laboral.  En Francia y otros lugares de la eurozona, entretanto, la participación laboral ha aumentado – tergiversando las bajas expectativas de un mercado laboral normalmente esclerótico.  Esto puede ser en parte por los esquemas de “licencia” de Europa, los cuales mantuvieron a los empleados atados a sus patrones, en vez del modelo de EEUU de pagos directos que promovieron una búsqueda de mejoras por ambas partes que incrementó el desempleo.  O, en el caso de Francia, podría reflejar reformas que implementó el presidente Emmanuel Macron antes de que arreciara la pandemia.

Los gerentes de políticas deben determinar si estas tendencias son algo que promover, resistir o ignorar.  El presidente de EEUU Joe Biden ha dicho que una meta específica del estímulo es que el pleno empleo mejore la situación negociadora de los trabajadores, algo palpable en el incremento en la movilidad laboral.  Alternativamente, la salida permanente de muchos trabajadores del mercado, cómo por ejemplo los inmigrantes en el Reino Unido, podría incrementar irreversiblemente los costos y fomentar inflación.  Por otro lado, algunos jubilados podrían volver al mercado laboral a medida que el virus desaparece y se sienten más cómodos trabajando nuevamente – esto también podría ocurrir si los ahorros acumulados durante el cierre no les alcanzan tanto como pensaban.

Ultimadamente, la pandemia no ha terminado y no deberíamos esperar que su impacto sobre el mundo laboral haya finalizado.  Las economías siguen en el proceso de adaptación a lo que pueda llegar a ser una nueva normalidad.

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