Montaje: El Tiempo Latino. Foto original del autor: EFE.

El acuerdo AUKUS augura un giro sabio y necesario en la manera en la cual Estados Unidos establece sus lazos y contrarresta a China, dice un antiguo asesor de seguridad nacional estadounidense.


POR JOHN BOLTON

Este comentario por-invitación es parte de una serie escrita por eruditos globales sobre el futuro del poder estadounidense, examinando las fuerzas que forjan la situación del país ante el mundo.

Dado que sabemos cómo terminó la Guerra Fría, es tentador ver el triunfo estadounidense ante la beligerancia soviética como algo de una inevitabilidad cuasi bíblica.  Cuando el secretario de estado de Truman, Dean Acheson, describió su experiencia como el haber estado “presente en la creación”, no estaba pensando en pequeño.  Sin embargo, no hubo una “creación”.  En cambio, el país tomó un camino inductivo, propio de Burke, hacia la victoria – uno que resistió las abstracciones o sobre generalizaciones basadas en información insuficiente y, en cambio, procedió prudentemente a construir posiciones de fuerza contra los soviéticos en un mundo complejo.  A pesar de sus notables éxitos, las cosas ocurrieron de forma intermitente, con errores, sufriendo reveses, gastando esfuerzos y peleando con aliados por el camino.

Funcionó. Y nos trae al presente – y el reciente acuerdo AUKUS entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos para cooperar en materia de submarinos nucleares.  El proyecto confundió e hizo enfadar a China, por no mencionar a Francia, cuyos submarinos diésel de tecnología inadecuada fueron rechazados por Australia.  Tanto en el Indo Pacífico como globalmente, el acuerdo marca un momento notable, y es quizás un viraje genuino.

Pero el acuerdo está causando complicaciones que no se habían previsto o no se habían entendido bien.  Envía señales tanto alentadoras como de alarma.  Pero más que nada, es un ejemplo del enfoque pragmático, hecho a la medida, que se requiere – y de porqué diseñar grandes estrategias contra China en este momento es prematuro y quizás peligroso.  Una estrategia única no encaja en toda circunstancia.

Debido a que China representa un tipo de amenaza existencial similar a lo que fue la Unión Soviética, occidente debe enfrentar la totalidad del reto, pero de manera práctica y adaptable.  Nuevamente necesitamos claridad conceptual y concentración, pero en actos realistas y a la medida.  Edmund Burke comentó: “por favor, Dios, caminaré con cuidado, cuando no pueda ver claramente el camino”.  AUKUS nos muestra cómo avanzar tanto con cautela como con confianza.

Bajo AUKUS, Estados Unidos y Gran Bretaña ayudarán a Australia a producir al menos ocho submarinos nucleares, compartiendo la tecnología de propulsión nuclear e incrementando cooperación en materia de internet e inteligencia.  La entrada en servicio de los submarinos será muy en el futuro.  Los tres países ya están aliados de muchas formas diferentes, como por ejemplo al participar en pacto de “cinco ojos” en el cual comparten inteligencia con Canadá y Nueva Zelanda.  Oficialmente, los tres socios evitaron mencionar a China al presentar la iniciativa.

Se ha dicho que AUKUS viola las reglas del Acuerdo de No-Proliferación Nuclear (NPT por sus siglas en inglés).  Pero esas críticas no tienen base, son frívolas.  No se puede cuestionar que Australia, siendo un miembro reglamentario dentro del NPT, tiene el derecho de obtener submarinos nucleares, y no por eso deja de cumplir sus obligaciones.  Los programas de propulsión nuclear existentes no contribuyen a la proliferación de armas.  Y la adquisición de la tecnología de propulsión nuclear por parte de Australia no excusa las violaciones del NPT por parte de Irán – y no deberían desviar la atención que debe darse al fracaso occidental en su intento por detener las verdaderas amenazas de proliferación.  Desafortunadamente, cuando China y Rusia han permitido la proliferación, lo han hecho con suministro directo de tecnología para enriquecer uranio, diseños de armamento y otras cosas – y ninguna de estas está incluida en el nuevo acuerdo AUKUS.

Independientemente, la simple creación de una nueva, poderosa alianza es la jugada más significativa de Estados Unidos frente a China desde hace más que una década, cuando el optimismo sobre el país como un “accionista responsable” que estaba desarrollando un “crecimiento pacífico” empezó a disminuir.  Luego de que Deng Xiaoping dio al traste con gran parte de la política económica marxista de su país en los 1970 y 1980, China disfrutó de un crecimiento enorme.  En occidente se predijo que se volvería más democrática y que se comportaría más responsablemente en el plano internacional.  Ambas predicciones resultaron incorrectas.

La oposición sulfúrica de China al AUKUS es reveladora.  Quería tener a Australia como un suplidor complaciente de minerales y productos agrarios.  En vez, los líderes de Canberra han comprometido al país con el oeste global no simplemente para negocios, sino para defender el reino.  Hubo un largo debate en Australia entre elegir a China o Estados Unidos: esa elección ha sido decidida.

Para la administración del presidente Joe Biden, la ira de China probablemente acabe con cualquier posibilidad de independizar el plano ecológico y lograr algún progreso en ese tema a pesar de las tensiones en otros.  Esto siempre fue una fantasía, algo indiscutible actualmente.  Ahora el presidente Biden tiene que explicar a sus partidarios verdes porqué eligió AUKUS en vez de la lucha contra el cambio climático, algo que para ellos es humillante.  Los nuevos ocupantes de la Casa Blanca entenderán ahora cuan complejo se hace ejecutar una política hacia a China.

AUKUS forja una alianza que va desde el Atlántico hasta el Pacífico, y constituye un auténtico logro.  En términos de capacidad de defensa crítica, une lo que por más de medio siglo han sido dos redes separadas de socios estadounidenses y expande considerablemente la operabilidad entre aliados en el mundo de capacidades subacuáticas.  Además establece un precedente para construir alianzas estadounidenses más efectivas que se pueden ampliar a otros objetivos políticos y otros países, así cómo a otras capacidades y tecnologías.  El único límite real es la creatividad aliada en responder a las crecientes amenazas chinas en el aspecto político-militar y el aspecto económico.  AUKUS parece ser un miniclub anglófono, pero su potencial es mucho más amplio.  Es precisamente el tipo de “empeño racional y calculado” que Burke favorecía en cuanto a políticas.

Hace más de una década el entonces líder de España, José María Aznar, sugirió que la OTAN debería ser global, añadiendo a Japón, Australia e Israel.  Dada la dispepsia actual de Francia respecto a dos de los principales miembros de la OTAN, la aspiración del Sr. Aznar está aún más lejos de lograrse, aunque sus instintos naturales siguen siendo válidos.  Muchos en Washington han querido lograr estructuras de defensa para el colectivo asiático similares a la OTAN, pero nunca lo han logrado.  Ninguno de los dos acuerdos intentados durante la Guerra Fría, el Pacto de Bagdad (CENTO por sus siglas en inglés) y la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO por sus siglas en inglés), lograron ni cerca de lo esperado.  Hasta The Economist ha sido en días recientes un foro para la idea de expandir la OTAN.

En vez, Estados Unidos ha tenido que contentarse con una serie de alianzas de “núcleo y rayos” en el Pacífico que no han sido ni tan útiles ni tan autosuficientes como la OTAN.  Si bien AUKUS claramente no es una OTAN para el Indo-Pacífico, y ciertamente no es una OTAN global, si es un ejemplo del tipo de actividades estructuradas como alianzas que pueden formularse.  El aliado más obvio para incorporar sería Japón, el cual debe estar evaluando seriamente la manera en la cual unirse al tratado.  ¿Hay alguna razón para no darle la bienvenida?

Igualmente tenemos a la Unión Europea.  Sus funcionarios alguna vez utilizaron frases como “geometría variable” y “Europa de múltiples velocidades” para describir la forma en la cual la integración europea podía lograrse a ritmos diferentes y en direcciones distintas para sus variados miembros.  Sin embargo no es necesario fijarse en los problemas actuales de la UE (cómo por ejemplo el haber perdido la membresía de su segunda mayor economía, la británica) para darse cuenta de que sus socios suelen evaluar cada uno la amenaza china con niveles variados de severidad para diferentes áreas.

Algunos quizás desean un mayor énfasis en la cooperación militar.  Otros una mano más dura frente a la piratería China en propiedad intelectual, o su adaptación militar de las telecomunicaciones y la internet vía empresas que han sido acusadas durante mucho tiempo de ser brazos de la comunidad militar o de inteligencia, a pesar de que las mismas niegan esos lazos.

Si bien es tentador pensar que la respuesta integral a China debería manejarse a través de una sola organización de defensa u organización económica, eso no es ni necesario ni recomendable.  Un esfuerzo semejante probablemente sería inmanejable, y los debates innecesarios sobre su diseño general distraerían de los temas urgentes respecto a la conducta de China que requieren ser contrarrestados prontamente.  En vez, ya hay ejemplos de respuestas variopintas.  En paralelo al lanzamiento de AUKUS, los líderes de la QUAD (India, Japón, Australia y Estados Unidos) mantendrán su primera reunión presencial en Washington.  Si bien la QUAD se formó hace tres administraciones, el Sr. Biden ha hecho más con este grupo que sus predecesores – aunque queda por verse si tiene un objetivo concreto para su futuro.

La QUAD tiene un potencial enorme para aumentar sus roles y sus responsabilidades, y cuenta con un amplio número de posibles, nuevos miembros.  Singapur, Vietnam y Sur Corea por nombrar algunos.  O podría haber coaliciones que incluyan a uno o más miembros de la QUAD pero no a todos.

Por ejemplo, Taiwán, cuyas cualidades como democracia vibrante en una zona hostil no son cuestionables, amerita plenamente inclusión en una “geometría variable” del Indo-Pacífico (es decir, permitir varios esfuerzos solapados que se desarrollen a diferentes ritmos).  No existe un raciocinio plausible para darle a China lo que en efecto es un veto sobre un papel ampliado para la manifiestamente independiente isla que Douglas MacArthur denominó como un “portaviones inhundible”.  Hoy día, la intimidación China lleva a que Taiwán no puede lograr cooperación significativa con socios dispuestos.  No incluir a Taiwán le da a China una gran victoria continua sin costo alguno.

Estas no son sino algunas de las posibilidades que se derivan del acuerdo AUKUS.  Representa una nueva fase en los diseños intergubernamentales para defender contra la amenaza de China, y para la necesidad de adaptarse a medida que evoluciona el peligro.  Dada la magnitud del reto, serán esenciales la creatividad de este mismo estilo y una mente abierta.  No hay una necesidad inmediata de desarrollar una teoría general o una gran estrategia:  dichas abstracciones suelen no entender la realidad, o trabajar de manera práctica, o adaptarse a nuevas circunstancias – para retomar lo advertido por Burke.  En vez, es imperativo que pensemos velozmente y respondamos con practicidad para enfrentar el espectro total de las actuales y potenciales amenazas que China nos presenta.

Por tanto, AUKUS podría ser el primero de una serie de entidades de defensa separadas pero interrelacionadas.  Estas asociaciones operativas no tienen que limitarse a actividades militares convencionales, sino hacer frente a la totalidad de las amenazas chinas en las esferas política, económica y social.  Los lazos económicos entre China y el resto del mundo claramente hacen de este proceso algo más complejo que la forma en la cual occidente actuó durante la Guerra Fría, cuando la relación económica entre ambos bloques era muy limitada.  Pero es precisamente la amplitud de la amenaza china, y las complicaciones que debido a esto presenta, lo que debería llevarnos a evitar la teoría abstracta, la cual puede paralizar nuestra respuesta mientras China se fortalece.

China será mejor en planificaciones centenarias que Estados Unidos.  Pero sus planes no cuentan con una supervivencia inherente cuando se enfrentan a contramedidas enfocadas, sostenidas y ejecutadas con determinación.  AUKUS es un gran paso positivo para contener a China.  Ahora por lo menos podemos sentir que Washington se ha incorporado a la partida.

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John Bolton fue asesor de seguridad nacional de Estados Unidos durante 2018 – 19 para el presidente Donald Trump.  Anteriormente fue embajador ante las Naciones Unidas ente 2005-06 y fue funcionario de las administraciones de los presidentes Ronald Reagan, George H.W. Bush y George W. Bush.

Este artículo es una traducción del original en inglés publicado en la revista The Economist el 22 de septiembre de 2021. Si desea puede leer el artículo original aquí.

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