Como es costumbre, la última semana del año es propicia para hacer todo tipo de balances de los logros de este ciclo y de las metas para los próximos doce meses.

También es usual que algunos caigan en cuenta de que muchas de los propósitos que se habían prometido para este año, no se alcanzaron pues, como buenos e imperfectos seres humanos, somos impacientes, inconformes y poco compasivos. 

Entonces, es usual que nos llenemos de frustración, resentimiento y tristeza al vernos disminuidos en nuestras capacidades y sentir que no logramos nada de lo que deseábamos. 

Hoy quiero invitarte a darle la vuelta a la tortilla y a no contar únicamente logros sino basar ese balance en aprendizajes de cada experiencia. De esta manera, podrás hacerte consciente de que somos mucho más que lo que alcanzamos si en el proceso logramos incorporar a nuestro ser algo nuevo que nos haga crecer y avanzar. 

También es necesario comenzar a encontrar las bendiciones ocultas que se esconden precisamente en las vivencias más fuertes en donde, al final del día (o del año) terminamos encontrando un para qué, que le dé sentido a todo lo sucedido.

Todo esto nos permitirá hacer un resumen con un mayor nivel de autocompasión, destacando todas las herramientas que tuvimos que echar a mano para estar hoy llegando a un nuevo año.

Siempre tendremos otra oportunidad de hacer las cosas diferentes y, a partir de los aprendizajes, ponernos unos lentes que nos permitan conectar más con el futuro que con el pasado.

Siempre digo que al pasado no se va a pelear porque nunca le ganamos la batalla al pasado. El pasado es la prisión de lo conocido. 

“Lo qué pasó, pasó” como dice el filósofo urbano Daddy Yankee. 

El pasado es referencia. En el presente está la experiencia. 

El futuro, en cambio, es la infinita posibilidad de creación desde la incertidumbre de lo desconocido. Ahí reside el verdadero potencial de la creatividad humana.

Por eso prefiero elegir mirar al futuro, a las opciones que tengo de aquí en adelante, sin perder de vista el presente, que es en donde se construye lo que vendrá.

¡Feliz, bendecido y abundante Año Nuevo!

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