SpaceX's Falcon 9 booster carrying the Crew-2 astronauts to orbit is photographed on April 23, 2021, at Kennedy Space Center in Cape Canaveral, Fla. MUST CREDIT: Washington Post photo by Jonathan Newton
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(c) 2021, The Washington Post - Christian Davenport

El año 2021 probablemente pasará a los anales de la historia espacial como un punto de inflexión, un momento en el cual los ciudadanos comunes comenzaron a salir de la Tierra de forma regular. Múltiples tripulaciones despegaron en diferentes naves espaciales, y por un breve momento este mes, hubo un récord de 19 personas en el entorno ingrávido del espacio, de las cuales ocho eran personas particulares.

Aun considerando todos los logros del año 2021, que incluyen el amartizaje de un Rover, el vuelo de un pequeño dron llamado Ingenuity también en la delgada atmósfera de Marte, y el lanzamiento del telescopio espacial James Webb, el más poderoso de la historia, el año 2022 podría alcanzar tantos o más logros.

Si el 2021 fue el año del turista espacial privado, el 2022 podría estar marcado por los primeros pasos hacia un regreso a la luna, ya que la NASA y la creciente industria espacial buscan mantener el impulso que se ha ido formando en estos últimos años, lo que se traduce en un renacimiento de la exploración espacial.

Un par de colosales cohetes, ambos más poderosos que el Saturno V que llevaron a los astronautas del Apolo a la luna, se están preparando para ser lanzados en el año 2022. Esos lanzamientos marcarían los primeros pasos significativos en el programa Artemisa de la NASA, que tiene como objetivo volver a llevar astronautas a la superficie lunar para el año 2025 e iniciar una campaña que permitiría una presencia permanente en la luna y alrededor de ésta.

Después de años de desarrollo y miles de millones de dólares invertidos, la NASA finalmente se está preparando para lanzar su cohete Space Launch System (“SLS”) y la cápsula de tripulación Orión, que están diseñadas para llevar astronautas a la luna por primera vez desde la misión Apolo. La nueva misión, programada para marzo o abril, conocida como Artemisa I, enviaría a Orión, sin tripulación a bordo, a orbitar alrededor de la luna.

Si todo va bien, sería seguida por Artemisa II, para mayo de 2024, que volvería a enviar a Orión a orbitar la luna, pero esta vez con astronautas a bordo. La NASA espera que una tripulación pueda alunizar para el año 2025, pero eso dependerá del éxito de las pruebas de vuelos anteriores y de la capacidad de SpaceX para poner en funcionamiento su nave espacial Starship.

Durante el año pasado, la empresa SpaceX de Elon Musk ha estado trabajando apresuradamente hacia el primer lanzamiento orbital del Starship, vehículo que ganó un contrato de la NASA por $3 mil millones este año para encontrarse con Orión y transportar a los astronautas de la NASA a la superficie lunar.

Musk ha dicho que la compañía podría intentar un lanzamiento a principios de 2022. Starship está diseñada para ser totalmente reutilizable, a diferencia del SLS, que desecharía su enorme propulsor al océano después del lanzamiento. En cambio, luego de poner la nave espacial Starship en órbita, su propulsor ultra pesado volaría de regreso a su plataforma de lanzamiento donde sería atajado por un par de brazos extendidos a manera de palillos chinos.

A principios de este año, la empresa intentó vuelos suborbitales, donde la nave espacial fue lanzada hasta elevarse a una altitud de aproximadamente seis millas, desde allí se dio la vuelta y pudo descender horizontalmente hacia la Tierra, y luego se enderezó para encender nuevamente sus motores y amortiguar el aterrizaje.

Varios de los intentos de aterrizaje terminaron en grandes explosiones. Pero en mayo, la empresa logró un aterrizaje exitoso, aumentando la esperanza de Musk de que el cohete podría usarse para transportar personas y carga a través del sistema solar.

"El objetivo general de Starship es poder transportar suficiente tonelaje a la Luna y a Marte", dijo en una entrevista con el Washington Post a principios de este año. "Y tener una base auto sustentable en la Luna y, eventualmente, una ciudad auto sustentable en Marte".

Antes del alunizaje de un astronauta, la NASA planea enviar misiones científicas a la superficie lunar. Esas misiones serían también realizadas por contratistas, a quienes la agencia espacial pondría a cargo de realizar experimentos científicos y ensayos de tecnología que, según la NASA, "ayudarían a la agencia a estudiar al vecino más cercano de la Tierra y prepararse para misiones de alunizaje humano".

Las primeras de estas misiones científicas serían de Intuitive Machines, una empresa con sede en Houston que tiene como objetivo realizar experimentos científicos a principios de 2022 y nuevamente a finales de año. Esa segunda misión, que sería al polo sur de la luna, tendría un taladro que perforaría la capa superficial de la Luna en busca de hielo. Astrobotic, con sede en Pittsburgh, también tiene planificado entregar resultados de experimentos realizados a la superficie lunar en el marco de su contrato con la NASA.

Rocket Lab tiene también programado el lanzamiento de un pequeño satélite a la Luna, para que sirva como precursor de misiones humanas, al probar la órbita de la futura estación espacial conocida como Gateway, que la NASA espera enviar a orbitar alrededor del cercano cuerpo celeste en los próximos años. Rocket Lab, que realiza sus lanzamientos desde su sede en Nueva Zelanda, espera tener su primer lanzamiento desde los Estados Unidos en el 2022, utilizando la plataforma de las instalaciones de la NASA en Wallops Island, en la costa este de Virginia. También planea intentar la recuperación de un propulsor el próximo año. Pero a diferencia de SpaceX, que regresa los propulsores de sus cohetes a plataformas de aterrizaje en tierra o en barcos anclados en el mar, Rocket Lab busca recuperar su relativamente pequeño propulsor mediante el uso de un paracaídas y un helicóptero.

El año 2022 también debería ver el debut de una serie de nuevos cohetes, incluido el cohete Vulcan de United Launch Alliance, que sería utilizado por el Pentágono para lanzar satélites de seguridad nacional. Relativity Space, que utiliza una impresora 3-D para fabricar sus cohetes, también estima lanzar por primera vez su vehículo Terran 1 desde Cabo Cañaveral en los próximos meses.

Boeing también está buscando volver a encarrilarse. Se suponía que 2021 sería el año en el cual finalmente completaría un vuelo de prueba de su nave espacial Starliner, la cual está siendo diseñada para transportar a los astronautas de la NASA hacia y desde la estación espacial internacional.  Pero nuevamente ha enfrentado problemas. A finales de 2019, la nave espacial tuvo problemas con el software, lo cual obligó al gigante de la aviación a interrumpir los vuelos de prueba. La nave espacial finalmente regresó a la plataforma de lanzamiento este verano, pero nunca despegó.

Esta vez, la empresa dijo que el problema era de hardware: 13 válvulas en el módulo de servicio se atascaron, lo que obligó a la empresa a llevar la nave espacial nuevamente a sus instalaciones de fabricación. La compañía anunció recientemente que tendría que cambiar el módulo de servicio. Ahora busca intentar lanzar nuevamente en algún momento en mayo. Si eso va bien, le seguiría un lanzamiento con astronautas a bordo.

La estación espacial podría tener otra visita de un nuevo vehículo en 2022: Dream Chaser de Sierra Space, un avión espacial que parece una versión miniatura del transbordador espacial. La compañía ha estado desarrollando este vehículo con alas durante años con la esperanza de algún día volar astronautas. Pero por ahora, tiene un contrato con la NASA para transportar carga y suministros a la estación espacial. Recientemente Sierra Space anunció que recibió un aporte de $1,4 millardos que ayudaría a acelerar el programa.

Está previsto que la nave espacial Dragon de SpaceX, que llevó dos tripulaciones de astronautas a la estación espacial en 2021, continúe sus vuelos hasta ésta en 2022. También volaría al menos una misión, fletada por Axiom Space, en la cual astronautas privados, que pagan $55 millones cada uno, pasarían algo más de una semana en la estación.

Blue Origin de Jeff Bezos, que realizó tres viajes a la frontera espacial en 2021, estima realizar seis o más vuelos suborbitales en 2022 (Bezos es dueño del Washington Post). Y Virgin Galactic, de Richard Branson, espera completar su campaña de prueba y comenzará a ofrecer servicio comercial en su avión espacial suborbital para turistas espaciales.

Si bien esos vuelos únicamente llegan hasta un poco más allá de la frontera del espacio, a unas pocas docenas de millas de altura, los científicos e ingenieros de la NASA se centrarán en un destino mucho más distante, a un millón de millas de la Tierra. Allí, el telescopio espacial James Webb comenzaría a desplegarse en delicadas maniobras después de ser lanzado el día de Navidad en un cohete Ariane 5, de la empresa Arianespace. La NASA dice que hay 344 posibles fallas puntuales y que si algo sale mal, no hay forma de enviar un equipo de reparación.

Pero si funciona, el telescopio podría captar la luz de hace más de 13 mil millones de años, generada al comienzo de la formación del universo.

El telescopio ha sido llamado “un momento Apolo para la ciencia” y podría comenzar a responder algunas de las preguntas más importantes de la astronomía acerca de cómo comenzó el universo.

"El objetivo de todo esto es ver el universo que no se ha sido visto aún", le comentó recientemente al Post John M. Grunsfeld, exdirector de ciencia de la NASA. "James Webb podrá ver fenómenos que el Hubble no puede ver, que los telescopios terrestres no pueden ver. ¿Qué será lo que vamos a descubrir que no teníamos idea de que existía?"

Información del Autor:

Christian Davenport cubre la NASA y la industria espacial para la sección financiera del Washington Post. Se unió al Post en 2000 y se ha desempeñado como editor en el escritorio Metro y como reportero de asuntos militares. Es autor del libro Los barones del espacio: Elon Musk, Jeff Bezos y esfuerzo por colonizar el cosmos" (PublicAffairs, 2018).

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