Disfrazado de bisonte y autoproclamado "chamán de QAnon", Jake Angeli participa en el asalto al Capitolio en apoyo al entonces presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump. Un año después del multitudinario asalto al Capitolio de EE.UU. del 6 de enero de 2021, centenares de procesos tanto judiciales como políticos siguen buscando a los culpables materiales e intelectuales de lo sucedido, estrechando cada vez más el cerco sobre el expresidente Donald Trump. FOTO: EFE/EPA/ Jim Lo Scalzo ARCHIVO.

(c) 2022, The Washington PostDrew Harwell

Los fanáticos de la extrema derecha y los teóricos de la conspiración de la Internet pro-Trump tienen un nuevo enemigo: el uno al otro.

Los devotos de QAnon están furiosos con su exhéroe Michael Flynn por describir con precisión su confuso credo como «una total tontería». Los superfans de Donald Trump han expresado un sentimiento de traición porque el expresidente, abucheado por recibir una vacuna de refuerzo contra el coronavirus, se ha convertido en un «vendedor de vacunas». Y el abogado Lin Wood parece enojado con casi todo el mundo, incluidos sus exaliados en el ahora disperso «equipo élite de ataque» que investiga un inexistente fraude electoral masivo.

Después de meses de no haber podido refutar la realidad de la derrota de Trump en las elecciones presidenciales de 2020, algunos de los provocadores de derecha más populares de Internet están lidiando con las presiones de audiencias inquietas, mercados saturados, investigaciones en curso y millones de dólares en gastos legales.

El resultado es un melodrama caótico, que se reproduce a través de llamadas telefónicas grabadas en secreto, ataques personales en podcasts y un flujo aparentemente interminable de publicaciones en Twitter, Gab y Telegram que llaman a sus rivales satanistas, comunistas, pedófilos o «pay-triots” (patriotas a sueldo), estafadores avaros que utilizan la causa para beneficio propio.

Las luchas internas reflejan las decrecientes ganancias financieras para los comerciantes de la desinformación de derecha, cuyas batallas no se centran en las políticas o doctrinas, sino en los tesoros de la fama en-línea: donaciones y suscripciones de espectadores; apariciones pagadas en mítines y conferencias; y multitudes de seguidores para comprar sus libros y mercancías.

Pero también refleja una confusión más amplia surgida este año desde que el vendedor ambulante de tonterías sin rostro de QAnon, conocido como “Q”, se quedó misteriosamente en silencio.

Sin los mensajes crípticos de Q, los “personajes influyentes” de la red, que alguna vez dependían de cada «gota» de Q, han comenzado a luchar por «tomar el trono y convertirse en la nueva persona clave del movimiento», dijo Sara Aniano, estudiante de postgrado en comunicación de la Universidad de Monmouth que estudia retórica de extrema derecha y teorías de conspiración en las redes sociales.

«En ausencia de un presidente como Trump y en ausencia de una figura como Q, hay un vacío en el cual nadie sabe a quién seguir», dijo Aniano. «En un momento parecía que Q era el evangelio. Ahora hay un millón de biblias diferentes y nadie sabe cuál es la más precisa».

La pelea dentro de la jaula comenzó a finales de noviembre cuando Kyle Rittenhouse, absuelto de todos los cargos después de matar a dos hombres a tiros en una protesta el año pasado en Kenosha, Wisconsin, le dijo al presentador de Fox News, Tucker Carlson, que sus exabogados, incluido Wood, habían explotado su encarcelamiento con el fin de impulsar su propia recaudación de fondos «para su propio beneficio y no para intentar liberarme».

Desde entonces, Wood le respondió a su antiguo cliente de 18 años, preguntándose en voz alta en mensajes recientes en el servicio de chat Telegram: ¿Podría su vida estar «literalmente bajo la supervisión y el control de un ‘director’? Quienquiera que sea ‘Kyle’, recen por él».

La disputa abrió una brecha importante entre Wood y sus antiguos compatriotas de la campaña pro-Trump stop the steal (“detengan el robo”), con un asediado Wood atacando a partidarios de Rittenhouse, incluida la representante Marjorie Taylor Greene, Republicana por Georgia; Flynn, exasesor de seguridad nacional de Trump; Sidney Powell, abogada de Flynn; y Patrick Byrne, el fundador de Overstock, quien se convirtió en un importante financista de «detengan el robo».

Esta semana se cumple un año del ataque Trumpista al Capitolio. FOTO: Washington Post por Amanda Voisard.

Cada facción ha acusado al bando contrario de traicionar la causa pro-Trump o de malgastar los millones de dólares en fondos que se han destinado a grupos como Defendiendo a la Republica, de Powell.

Wood ha publicado grabaciones de sus llamadas telefónicas con Byrne, a quien se puede escuchar diciendo que Wood es «un poco chiflado», y Flynn, un ícono de QAnon al que se le puede escuchar decirle a Wood que la mezcla de teorías de conspiración extremistas en QAnon era en realidad una falsa «tontería» o una «operación de la CIA».

Más allá de las luchas internas, ambas partes también están considerando la posibilidad de un daño financiero importante en los tribunales. El mes pasado, un juez federal ordenó a Wood y Powell pagar aproximadamente $175.000 en honorarios legales por su «abuso histórico y profundo del proceso judicial» al demandar para revocar las elecciones presidenciales de 2020. Y Powell y otros enfrentan potencialmente miles de millones de dólares en daños como resultado de las demandas por difamación presentadas por Dominion Voting Systems, a quienes acusaron falsamente de ayudar a manipular las elecciones de 2020.

Para ayudar a cubrir sus gastos legales, las facciones han establecido tiendas de mercadería en-línea dirigidas a sus seguidores más leales. Los fanáticos de la falsa teoría de la conspiración de Powell pueden, por ejemplo, comprar por $80 un paquete de cuatro vasos de bebida Release the Kraken: Defending the Republic en su sitio web. En el recién lanzado sitio web de Flynn, los fanáticos pueden comprar camisetas sin mangas para mujer General Flynn: #FightLikeAFlynn por $30. Y la tienda en-línea de Wood vende sudaderas con capucha unisex #FightBack por $64,99; con un lema publicitario que dice que “la lana se siente como llevar puesta una nube suave y esponjosa».

Sus argumentos se asemejan cada vez más a los enfrentamientos teatralizados de la lucha libre profesional, dijo Mike Rothschild, investigador sobre teorías de conspiración y autor de un libro sobre QAnon: lleno de historias llamativas y comercializables de héroes que conquistaron a sus enemigos. El drama, dijo, les brinda a quienes se conocen como influyentes una forma de mantener a sus audiencias enojadas y comprometidas al mismo tiempo que les ofrece la oportunidad de demostrar su lealtad comprando sus mercancías.

QAnon es «el dinero más fácil que podrías ganar si no tienes conciencia, pero sólo hay un cierto número de personas a las cuales puedes desplumar. No es un recurso renovable», dijo Rothschild (que no tiene relación con la famosa familia banquera objeto de teorías de conspiración antisemitas).

«El hecho de que todos estén enojados entre sí, es un subproducto del hecho de que están desesperados por dinero, y sólo hay una cierta cantidad», agregó. Así que ahora, dijo, el argumento de nosotros contra ellos para muchas personas influyentes de QAnon es: «Ellos son los pedófilos, los masones, los illuminati. Yo soy el que dice la verdad. Yo soy el que está tratando de salvar el mundo.»

Aunque Trump sólo está conectado indirectamente con algunas de las batallas cada vez más personales, muchas de ellas muestran claros signos de ser parte de su libro de jugadas: llamar la atención y abrumar al enemigo a través de ataques constantes y desinhibidos. Y la animosidad ha comenzado a filtrarse hacia “influencers” con menos seguidores, que se han dividido en función a su lealtad hacia los bandos en disputa. Algunos han comenzado a marcar sus lealtades en Telegram con emojis especiales en sus nombres de usuario: tres estrellas, por ejemplo, significa que estás en el bando de Flynn. (Sus oponentes aún no se han puesto de acuerdo sobre un símbolo, aunque algunos han utilizado las tres estrellas para finalizar frases).

La credibilidad de QAnon no precisamente aumentó cuando su tan anunciada promesa – de que la guerra secreta de Trump contra un «estado profundo» adorador de Satanás culminaría en una batalla apocalíptica de rectitud conocida como la «tormenta» – colapsó en enero pasado. Cuando Joe Biden ingresó a la Casa Blanca, Trump se refugió en Palm Beach, Florida, y la mayoría de los enemigos de Trump quedaron invictos.

Muchos creyentes han buscado desde entonces distanciarse del nombre QAnon, que han llamado un «apodo creado por [ellos] para atacarnos», aunque Q sigue siendo su profeta central, los devotos todavía se llaman a sí mismos «anons» y las teorías permanecen iguales.

Los fanáticos de Flynn han postulado que, en su conversación grabada, simplemente estaba desautorizando la creación de los medios de QAnon, no a ellos, dejando intacta la santidad de Q. En Telegram el mes pasado, Wood dijo que si bien «Q dice la verdad» en la lucha contra la «pedofilia y los rituales satánicos», el movimiento más amplio de QAnon es «probablemente una operación del Estado Profundo».

Pero el movimiento está lejos de evaporarse. Docenas de candidatos que han impulsado los temas de conversación de QAnon se postulan para el Congreso este año, incluido Ron Watkins, el administrador durante mucho tiempo del foro de mensajes favorito de Q, 8kun, (quien, como sostiene una teoría sin comprobar, quizás alguna vez fue el propio Q).  Varias ramas inspiradas en el movimiento están promoviendo la propaganda contra las vacunas y otras teorías extrañas: un grupo en Dallas ha acampado durante semanas esperando la segunda venida del hijo fallecido del presidente John F. Kennedy.

El vacío de poder se ha desarrollado cuando Trump y sus aliados han tenido que luchar no sólo contra una investigación sobre el asalto al Capitolio de los Estados Unidos por parte de una turbamulta Trumpista, sino también contra investigaciones independientes sobre sus negocios familiares. Y el propio Trump ha tenido que defenderse.  Después de que promovió las vacunas contra el coronavirus por haber «salvado decenas de millones de vidas en todo el mundo», algunas de las comunidades en-línea más fervientes en su apoyo ahora no dudan en calificarlo de traidor.

En una encuesta anónima publicada en los canales de Telegram de QAnon-Boosting que preguntaban si el hecho de que Trump recibiera una vacuna de refuerzo los hizo sentirse más cómodos vacunándose, el 97 porciento de los más de 19.000 votos dijeron que no. Andrew Torba, director de Gab, una red social popular entre la extrema derecha, publicó que la afirmación promocional de Trump de que «su mayor ‘logro’, fue la ‘inyección de la muerte’», fue «muy vergonzoso».

Con Facebook y Twitter prohibiendo muchas cuentas relacionadas con Q, gran parte de la discusión de QAnon se ha desarrollado el año pasado en plataformas de redes sociales populares entre los simpatizantes de la extrema derecha. Pero incluso esas comunidades en-línea se han encontrado en conflicto entre sí.

En publicaciones para sus 3 millones de seguidores en Gab, Torba ha criticado a la red social Gettr, lanzada desde hace mucho tiempo por el asistente de Trump, Jason Miller, y a Rumble, que Torba dijo que estaba dirigida por «tontos canadienses» que impulsaban el segundo intento de subversión de la derecha dominante contra el verdadero movimiento de tecnología alternativa.»

Torba también ha compartido clips del teórico de la conspiración Alex Jones diciendo que «declararía la guerra» a Trump por su apoyo a las vacunas. Jones, que enfrenta sus propias presiones financieras después de que un juez dictaminara en noviembre que debe pagar daños y perjuicios a las familias de los niños asesinados en el tiroteo en la escuela primaria Sandy Hook, al que calificó falsamente como un engaño, recientemente comenzó a vender por $222,75 una serie de videos sólo para miembros llamada «navegando el apocalipsis».

Incluso más allá de QAnon, muchos en la órbita de Trump parecen ansiosos por ajustar cuentas y librar disputas de larga duración. El confidente de Trump, Roger Stone, indultado por Trump después de su condena en 2019 por un cargo de mentir al Congreso, se basó en la Quinta Enmienda para invocar su derecho contra la autoincriminación el 17 de diciembre después de ser citado como parte de la investigación de la Cámara sobre los disturbios del 6 de enero.

Pero dos días después, en Telegram, afirmó que el exasesor de Trump, Stephen Bannon, un viejo enemigo al que acusó de mentir sobre él durante el juicio de 2019, «dio la orden de invadir» el Capitolio «para ganarse el favor» de un Trump desinteresado. (En su siguiente publicación, Stone anunció su subasta de recaudación de fondos en-línea, en la que ofrece rocas autografiadas por $50).

El combate en la jaula, junto con meses de profecías pro-Trump que se derrumbaron, parece haber desgastado a algunos promotores de QAnon. Un influyente que recientemente expresó cierta exasperación con el «molesto» drama de Wood-vs-Flynn, «SQvage DQwg», dijo que estaba considerando dejar Telegram y sus aproximadamente 50.000 seguidores «si no pasa nada públicamente antes de fin de año. Este es el momento. Estamos cansados. Agotados. ‘Aguantar la línea de batalla’ ya no tiene el mismo sentido».

Pero muchas de las peleas aún muestran las firmas probadas y verdaderas de la narrativa de los medios modernos: las amargas rivalidades y los chismes que las audiencias en-línea a menudo no pueden evitar ver.

«Se ha vuelto casi como un reality show, y lo que hace que un reality sea un gran reality es el conflicto», dijo Aniano. «El conflicto crea gran contenido. Y estas personas son creadoras de contenido, antes que cualquier otra cosa».

Información del Autor:

Drew Harwell es reportero de tecnología que cubre inteligencia artificial y los algoritmos que manipulan nuestras vidas.

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