HANDOUT PHOTO: Guest host Harry Belafonte, right, sits in for Johnny Carson on the "Tonight Show," with his guests (Left to Right) Dr. Martin Luther King, Jr., Paul Newman, Leon Bibb, Nipsey Russell, and Ed McMahon in February 1968. (Belafonte Enterprises)

(c) 2022, The Washington PostGillian Brockell

El lunes, el líder de la mayoría en el Senado, Charles Schumer, Demócrata por Nueva York, dijo que si los Republicanos continúan bloqueando el proyecto de ley de derechos electorales, esa cámara votaría para cambiar las reglas obstruccionistas conocidas como el “filibustero”. Luego estableció una fecha límite para la votación: el día de Martin Luther King Jr.

Cada enero, al acercarse la festividad, políticos de todas las tendencias comienzan a publicar en las redes sociales citas del famoso líder de los derechos civiles. Muchas veces, es la cita tomada del discurso Tengo un Sueño, en la cual pide que sus hijos no sean juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

El maratón de citas ha llegado al punto en el cual la hija de King, Bernice King, le ha dicho a la gente que «promulguen políticas que reflejen los sentimientos de su cumpleaños», y al menos una docena de veces, los ha instado a aprenderse otra cita y/o dejar de utilizar ésa fuera de contexto. También lo ha hecho el hijo de King, Martin Luther King III.

Los hijos de Martin Luther King Jr. responden regularmente cuando los funcionarios y cabilderos invocan erróneamente el nombre de su padre para impulsar sus propias agendas en apoyo de cosas cómo un muro fronterizo o permisos para portar armas ocultas, o para defender a gobernantes frente a un juicio político.

Pero el contexto en el cual King compartió sus puntos de vista sobre el obstruccionismo es el mismo que existe hoy en el Senado: en medio de batallas por legislación referente a los derechos al voto.

En julio de 1963, King estaba en Washington cuando concedió algunas entrevistas sobre una posible ley de derechos civiles. El presidente John F. Kennedy ya había divulgado varios elementos de esta legislación un mes antes en un discurso al pueblo estadounidense, diciendo que quería eliminar la segregación racial en los lugares públicos y fortalecer los derechos al voto.

Una de esas entrevistas fue con Press Conference U.S.A., un programa de televisión financiado por el gobierno para distribución exclusivamente internacional. Según CSPAN, era ilegal retransmitir los programas a nivel nacional hasta doce años después de ser grabados, según C-SPAN. King fue entrevistado durante 30 minutos por un panel de periodistas.

Hacia el final de la entrevista, William Workman, del periódico The State, de la ciudad de Columbia, Carolina del Sur, mencionó el proyecto de ley de derechos civiles de Kennedy. ¿Estaría King, preguntó, dispuesto a llevar las propuestas de Kennedy a un referéndum nacional?

«Bueno, eso ciertamente me parecería bien, porque creo que la gran mayoría del pueblo estadounidense votaría favorablemente por un proyecto de ley de este tipo», afirmó.

King luego pasó de lo hipotético del periodista al mundo real y continuó: «Creo que la tragedia es que tenemos un Congreso con un Senado que tiene una minoría de senadores errados que usarán el filibustero para evitar que la mayoría del pueblo vote. No dejarán votar a la mayoría de los senadores. Y ciertamente no quieren que la mayoría del pueblo vote, porque saben que ellos no representan a la mayoría del pueblo estadounidense. De hecho, apenas representan, en sus propios estados, a una minoría muy pequeña».

Esa era la realidad «en todo el territorio sur», aseguró.

Por tanto: no era fanático del filibustero.

Durante décadas, una coalición de Demócratas del sur y algunos Republicanos habían utilizado con éxito el «filibustero parlante», las reglas de cierre y otras tácticas dilatorias para bloquear las legislaciones de derechos civiles, incluidos proyectos de ley que habrían eliminado los impuestos electorales y las pruebas de alfabetización en las urnas. En 1946, cinco senadores hablaron lo suficiente como para anular un proyecto de ley que habría tomado medidas contundentes contra la discriminación en los puestos de trabajo. El discurso más largo en la historia del Senado, 24 horas y 18 minutos, del senador Strom Thurmond (R-SC), en 1957, fue un intento fallido por detener otro proyecto de ley de derechos civiles.

Entonces, en 1963, todos asumieron que el mayor desafío que enfrentaría Kennedy con su proyecto de ley «ómnibus» sería el temido obstruccionismo del filibustero.

Kennedy, por supuesto, no vivió para ver su proyecto de ley sometido a votación, pero su sucesor, Lyndon B. Johnson, lo hizo, impulsando la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Derechos Electorales de 1965. Johnson, un exlíder de la mayoría en el Senado que una vez modificó las reglas del obstruccionismo, tuvo que superar un número récord de medidas obstruccionistas en su camino a la victoria.

La Corte Suprema derogó secciones esenciales de esa Ley de Derechos Electorales en 2013. Los Demócratas del Senado están tratando de restaurar algunas de las protecciones que brindaba. Martin Luther King III anunció en diciembre que pasaría el cumpleaños de su padre haciendo campaña en Arizona por el derecho al voto y el fin del obstruccionismo en el Senado.

A fines de la década de 1980, las reglas del Senado cambiaron, facilitando el obstruccionismo a los legisladores; ya no era necesario un extenso discurso. Uno de los últimos y tristemente célebres «filibusteros parlantes» lo llevó a cabo el senador Jesse Helms (R-NC) cuando en 1983 dirigió un esfuerzo fallido de 16 días para evitar que el cumpleaños de King se convirtiera en feriado federal.

Información de la Autora:

Gillian Brockell es redactora del blog de historia del Washington Post, Retropolis. Ha estado en el Post desde 2013 y anteriormente trabajó como editora de videos.

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