Tropas de la policía de Kazajistán en retirada frente a manifestantes. FOTO: EFE/EPA/ALEXANDER KUZNESTOV.

La Junta Editorial – Financial Times

El derramamiento de sangre en Kazajistán es un final amargo a unos treinta años durante los cuales la república exsoviética había parecido – a pesar de disturbios esporádicos – un ejemplo de autoritarismo estable.  El expresidente Nursultan Nazarbayev había suprimido los reclamos de libertades democráticas a través de impulsar reformas económicas liberalizadoras que atrajeron inversión foránea y aumentaron los estándares de vida.  Ahora, frente a las mayores protestas en muchos años, el sucesor presidencial, Kassym-Jomart Tokayev ha destituido el gobierno y removido a Nazarbayev de la presidencia del consejo de seguridad.  Las autoridades indican que docenas de manifestantes y al menos doce policías han muerto en una creciente ola de violencia.  Una alianza militar liderada por Rusia ha desplegado paracaidistas como “enviados de paz”.

Una lección aplicable tanto a democracias como autocracias es el riesgo político explosivo de un aumento en los precios de la energía – aún en un país, como Kazajistán, que tiene grandes reservas.  Inicialmente se detonaron protestas pacíficas debido a un aumento en precio del gas licuado de petróleo (GLP), utilizado ampliamente para combustible automovilístico en el oeste del país.  Luego se convirtieron en un torrente de malestar reprimido debido a la corrupción, la falta de variedad política y el dominio de los principales puestos políticos e industriales por parte de la familia y los aliados del octogenario Nazarbayev.

Sin lideres o demandas específicas, y un aumento en los saqueos que sugiere que pueden haber sido infiltradas por grupos criminales – o provocadores – las protestas no han logrado convocar la masa crítica para convertirse en una revolución.  Pero Tokayev dudaba tanto que sus propias fuerzas de seguridad pudieran aplacarlas, que solicitó la presencia de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO por sus siglas en inglés), basada en Moscú, para ayudar a restaurar el orden.  Por primera vez en sus veinte años de historia, el pacto regional está actuando en lo que han tildado de operaciones “antiterroristas” conjuntas.

Moscú tenía razones para aceptar la solicitud.  Junto con Bielorrusia y Rusia, Kazajistán es miembro fundador de la Unión Económica para Eurasia que Vladimir Putin ha conformado a manera de una anti-UE, presionando a otros estados exsoviéticos a que se asocien a ella.  Los tres países también están dominados por autócratas.  Rusia ya ha tenido que apuntalar al dictador bielorruso Alexander Lukashenko luego de protestas masivas en 2020.  Ahora está haciendo lo propio en Kazajistán – donde la decisión de Nazarbayev de retirarse de la presidencia en 2019 pero mantenerse como el “Líder Vitalicio de la Nación” se considera un modelo a seguir para Putin.

A diferencia de las revoluciones de Ucrania en 2014 y Georgia en 2003, la intervención de Rusia podría detener el desarrollo de gobiernos nuevos y poco amigables dentro de su esfera de influencia.  Pero al igual que en Bielorrusia, si el régimen de Tokayev sobrevive, probablemente aumente la represión contra opositores.  Entonces el descontento se desplazará hacia las catacumbas a supurar.

Analistas relacionados con el Kremlin sugieren que el despliegue de la CSTO está enfocado en evitar un conflicto civil luego de que se descubrieran armas entre los manifestantes kazajos.  Pero podría avivar el resentimiento del pueblo, y probablemente deje al liderazgo del país, al igual que lo ocurrido en Minsk, aún más endeudado con Rusia.  China y Turquía, las cuales también han buscado tener influencia en un país tan rico en recursos, observan de cerca la situación.

Los problemas en Asia central también presentan un trasfondo incómodo para las conversaciones de la semana que viene con EEUU y la OTAN derivadas de la mayor presencia de tropas rusas en la frontera con Ucrania.  Putin probablemente estime, sin fundamento alguno, que son una interferencia occidental programada para las vísperas de las negociaciones.  Los delegados del Kremlin seguramente estén instruidos para empujar fuertemente las demandas del presidente de que la OTAN debe ser restringida.  A su vez, al observar lo que está ocurriendo a Nazarbayev, un hombre que le ha inspirado, Putin podría estar aún más dispuesto a lograr un éxito diplomático – o si eso no funciona, militar – que agrade a su propio público.

Derechos de Autor – The Financial Times Limited 2021.

© 2021 The Financial Times Ltd. Todos los derechos reservados.  Por favor no copie y pegue artículos del FT que luego sean redistribuidos por correo electrónico o publicados en la red.

Lea el artículo original aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *