Vladimir Putin, Russia's president, center, sits alongside Sergei Shoigu, Russia's defense minister, second left, during the Russian Navy day in St. Petersburg, Russia, on July 28, 2019. MUST CREDIT: Bloomberg photo by Andrey Rudakov.

La Junta Editorial – Financial Times

Acceder a dialogar con un poder beligerante cuando está amenazando con invadir a otro país inevitablemente será visto cómo una recompensa a la intimidación.  Pero EEUU y sus aliados de la OTAN no tienen otra opción sino entablar una serie de reuniones con Rusia esta semana para intentar evitar una conflagración en Ucrania, aunque les parezca que es todo parte de una estafa de protección del Kremlin.  Es posible que hasta exista un espacio para un acuerdo que resuelva algunas de las supuestas preocupaciones de Moscú en cuanto su seguridad y a la vez evite el peligro de una guerra abierta a gran escala.  Está por verse, si embargo, si presidente de Rusia, Vladimir Putin entra en estas negociaciones de buena fe.

El mes pasado, Rusia publicó dos borradores de propuestas de tratados con EEUU y con la OTAN, que incluyen sus ideas para rediseñar el marco del sistema de seguridad europeo.  Funcionarios rusos posteriormente emitieron una serie de ultimatos amenazantes.  Tanto en estilo cómo en sustancia, esta no es la mejor manera de iniciar un diálogo.  Los textos contienen demandas unilaterales exageradas que van en contra de los principios fundacionales de la seguridad europea posterior a la Guerra Fría, incluyendo el que cada país tiene la opción de elegir su propia política extranjera.  Los aliados occidentales nunca podrían aceptar dichas demandas y Moscú lo sabe.

Putin está obsesionado con detener el crecimiento futuro de la OTAN.  Alega que al expandirse, la alianza traicionó los compromisos asumidos al finalizar la Guerra Fría – que importa que Rusia halla cedido cuando zanjó su propia relación con la organización en 1998.  Para Moscú, mantener a Ucrania fuera de la OTAN es algo central a su insistencia centenaria de que exista una zona de amortiguación frente a su frontera.

Pero negarle explícitamente a Ucrania el acceso a la OTAN, para no decir nada de Suecia o Finlandia, iría en contra del tratado fundacional de la entidad.  Sus miembros no votarán unánimemente para cambiarlo.  Y tampoco deberían recompensar la intimidación rusa.  No hay apetito para aceptar a Ucrania en este momento, pero sería ingenuo pensar que descartar las aspiraciones de Kiev respecto a la OTAN sería el fin de los esfuerzos desestabilizadores rusos en Ucrania.

Funcionarios estadounidenses y europeos están debidamente comprometidos con evitar que este diálogo sea definido por las pautas limitantes de Rusia.  Presentarán contrapropuestas.  La violación rusa de la integridad territorial, la negación del derecho de autodeterminación de las naciones, la agresión repetida hacia Ucrania y la desestabilización de varias otras democracias occidentales son puntos que deben ponerse sobre la mesa.  El reto para los diplomáticos de ambos lados será identificar áreas de consenso dentro de todo este lío que puedan llevar a continuar el diálogo y eventualmente a negociaciones estructuradas.

Afortunadamente existen algunas, aun cuando requieran reinventar algunas de las provisiones del tratado que Rusia ha violado o desestimado en el pasado.  La demanda unilateral rusa de que tanto ellos como EEUU desistan de lanzar misiles terrestres de medio alcance fuera de sus territorios nacionales podría servir de base para conversaciones que lleven a reemplazar el tratado sobre dichas armas fechado en 1987 que colapsó en 2018 luego de que Rusia lo violara. Rusia y la OTAN podrían explorar mayores controles sobre el despliegue y los ejercicios de fuerzas convencionales, y comprometerse a una mayor transparencia y comunicación.  La OTAN ha decidido no crear miembros de “segunda clase” en los cuales no pueda colocar tropas.  Pero es concebible que reevalúe sus despliegues en países fronterizos si Moscú forja una paz con Kiev y acepta limites en cuanto a colocar sus propias tropas o armas en Bielorrusia o Kaliningrado.

Los avances requerirán buena fe de ambos lados y Rusia no demuestra la suya si le pone a Ucrania una pistola en la sien.  El retroceso ruso en la frontera con Ucrania es un prerrequisito para cualquier negociación sustancial.  Putin podría tener toda la intención de retirarse del diálogo y utilizar su fracaso como un pretexto para atacar.  Occidente debe tener la esperanza de que sus esfuerzos diplomáticos serán fructíferos, a la vez que se prepara para lo peor vía resaltar su disposición a imponer fuertes sanciones y apuntalar las defensas de Kiev.

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