El presidente de Irán, Ebrahim Raisi, durante una rueda de prensa. FOTO: Bloomberg por Ali Mohammadi.

La Junta Editorial – Financial Times

La pregunta más vital para el Medio Oriente este año es si es posible relanzar un acuerdo internacional para restringir las ambiciones nucleares de Irán luego de que Donald Trump torpedeara el acuerdo de 2015 logrado con Teherán por EEUU y cinco otras potencias mundiales.  La alternativa podría ser la intensificación de una guerra delegada entre Irán y sus aliados árabes chiitas desde el Levante hasta el Golfo, o quizás peor una guerra – amenazada rutinariamente por Israel hacia Irán – que se esparza sin control por gran parte del Medio Oriente.

La región llega a esta peligrosa coyuntura en el momento en el cual EEUU, el poder externo dominante desde finales de la segunda guerra mundial, está perceptiblemente alejándose de ella.  Washington es ahora vista como inconstante tanto por sus aliados como por sus adversarios.  Esto no comenzó con la caótica salida de Afganistán en el verano, y ni siguiera con la retirada unilateral de Trump del pacto con Irán en 2018 – al cual aliados estadounidenses como Israel y Arabia Saudita se habían opuesto ferozmente desde su comienzo.

La idea cobro fuerza debido a la sorpresa ante la posición de Trump en respuesta a un ataque puntual, devastador, de drones iraníes contra una refinería de Saudi Aramco en 2019, la cual denominó de un ataque contra sauditas y no estadounidenses.  Desde entonces, se han abierto contactos diplomáticos con Irán a lo largo del Golfo desde los Emiratos Árabes Unidos e incluso Arabia Saudita.  La repentina percepción de vulnerabilidad de los países árabes del Golfo ha generado en esfuerzos para reducir las tensiones.

Debido a la línea dura de la política iraní controla los centros de poder de la república islámica, esto se parece a menudo a poco más que trastabillar hacia una distención.  Pero a la luz de las trabas en el diálogo de Viena, donde el equipo nuclear iraní está siguiendo un guion que no puede variar ni un ápice sin permiso de Teherán, se están multiplicando los contactos diplomáticos.

Las conexiones que EAU y su capital Abu Dhabi tienen con Irán y con Arabia Saudita, y también con Israel y EEUU están usándose a capacidad.  Mohammed bin Zahed al-Nahyan, príncipe heredero de Abu Dhabi y líder de facto de los EAU, recientemente recibió al primer ministro israelí, Naftali Bennnett, quien ha dicho que no se opone a un “buen” acuerdo, pero ha urgido que se mantenga una línea dura frente a Irán, para una visita histórica para culminar ostensiblemente la apertura de relaciones diplomáticas en 2020.  El jeque Tahnoon bin Zayed al-Nahyan, hermano del príncipe heredero, jefe de seguridad nacional y hombre clave regional, se reunió el mes pasado con líderes iraníes en Teherán.

Hay pajas en el viento, cómo por ejemplo el que Teherán permita que se vuelvan a instalar las cámaras de la agencia nuclear de la ONU en sus instalaciones nucleares.  Pero la posibilidad de retomar la letra del acuerdo de 2015 es incierta.

Las demandas extremas de Irán podrían moderarse pero no hay forma de echar atrás sus avances tecnológicos en centrífugas modernas para el rápido enriquecimiento de uranio que sirva como combustible nuclear.  Israel, el único estado regional con armas nucleares, continúa su campaña para sabotear las instalaciones nucleares de Irán.  Teherán no acepta retos a su poder paramilitar en Irak, Siria o el Líbano, o en contra de su programa de misiles balísticos.

Queda mucho camino por andar para lograr la meta del expresidente Barack Obama, la cual es ahora compartida por el presidente Joe Biden, de que las principales podres del Medio Oriente aprendan a compartir la región.

Si no logran llegar a la distensión – y a proveer a sus pueblos la esperanza de una vida decente – es fácil entender como los radicales sunitas podrían tomar ventaja de sus fracasos.  Promoverán la percepción prevalente de que EEUU e Israel están promoviendo una alianza de lo que ven como hombres fuertes de entre los Chiitas herejes y Sunitas apostatas que han completado el regreso al dominio dictatorial luego de sepultar las esperanzas de los levantamientos árabes de 2011.  Este es un campo fértil para el renacer de un yihadismo virulente.

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