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NIÑOS. Los pequeños no escapan de la problemática/Pixabay-Diseño ETL

La violencia armada en Estados Unidos no deja de sumar víctimas. Luego de que en 2020 un informe del FBI revelara que el año estuvo marcado por un aumento del 30% en los homicidios en comparación con 2019, la situación no cambió en 2021.

Los factores son múltiples, así como los afectados.

Uno de los grupos que más llama la atención son los jóvenes, pues aunque no escapan de la realidad, encuentran el peligro en lugares destinados a su desarrollo. Escuelas y hogares figuran como sitios que, aunque no deberían generar alertas en los pequeños, han sido epicentro de tragedias.

Mientras, activistas y grupos sociales luchan por un óptimo control de armas que derive en menos muertes; no obstante, el ámbito político es el que tiene la última palabra y mientras demócratas y republicanos no lleguen a acuerdos en la materia, los cambios podrían tardar en hacerse sentir.

De acuerdo con datos del Nationwide Children’s Hospital, la violencia armada en niños tiene cifras nada alentadoras: alrededor de mil 300 menores de 18 años de edad mueren anualmente en Estados Unidos producto de armas de fuego, una estadística que representa solo una pequeña parte de los 21 mil 570 homicidios que en total registró la nación el año pasado, según el FBI. Pero no por ello las bajas dejan de ser importantes, así como la búsqueda de soluciones.

La vida de Manuel y Patricia Oliver cambió para siempre el 14 de febrero de 2018. Ese miércoles, que el calendario marcaba de forma anecdótica como el Día de San Valentín, se convirtió en una tragedia imborrable en ellos. Su hijo Joaquín, de 17 años de edad y estudiante de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida, fue una de las 17 víctimas mortales de los disparos de Nikolas Cruz, un joven de 19 años (en aquel momento), quien fue expulsado de la institución poco antes de perpetrar su crimen.

El hecho figura de forma negativa como el tiroteo más letal en una escuela secundaria en la historia del país.

Sin embargo, ese no fue el último suceso de ese tipo en la nación.

La masacre de Parkland supuso el inicio de Change the Ref, una organización liderada por Manuel Oliver, cuyo norte no es otro que generar un cambio en la política para el acceso a las armas en Estados Unidos, todo con el fin de evitar que otras familias sufran lo que la suya vivió en febrero de 2018.

En entrevista exclusiva con El Tiempo Latino, el venezolano consideró que «el cambio se va a generar desde lo social y no desde lo político»; sin embargo, apostó por una respuesta positiva de los funcionarios del gobierno para poder avanzar hacia esa ansiada meta.

Michigan y una protesta con claros motivos

El 30 de noviembre, un estudiante de la escuela secundaria Oxford, en Detroit, Michigan, fue el protagonista de otro terrible tiroteo. Ethan Crumbley, de apenas 15 años de edad, asesinó a cuatro compañeros e hirió a otros siete. El joven actuó con un arma que sus padres compraron, hecho que desató un duro debate sobre el acceso a este tipo de elementos y sus consecuencias.

De acuerdo con las autoridades escolares, no había motivos para sospechar, pero la semana de la tragedia dio indicios de que algo no estaba bien. Pese a que sus padres fueron citados, el joven no regresó a casa y terminó abriendo fuego contra otros.

Desde entonces, Oliver decidió pararse frente a la Casa Blanca en busca de respuestas. 15 días después, funcionarios del gobierno de Joe Biden le abrieron las puertas para hablar sobre el tema.

En entrevista para CNN, el padre de Joaquín comentó que su petición fue clara: «necesitábamos que el presidente Biden declarara la guerra a la violencia armada. Si no lo hace, lo haremos”.

Ese día, el activista conversó con Cedric Richmond, asesor principal del presidente; Susan Rice, la asesora de política doméstica; y otros funcionarios de la administración del demócrata.

ACTIVISTA. Manuel Oliver, padre de Joaquín, víctima de Parkland, creó Change the Ref tras la muerte de su hijo/Change the Ref

Violencia armada en niños: el peligro también está en casa

Entre los detalles que destacan del tiroteo en Michigan, lo que más rechazo causó fue el fácil acceso que Crumbley tuvo al arma con la que mató a cuatro estudiantes el 30 de noviembre, pues la misma se ubicaba en un cajón del cuarto de sus padres.

Según el Nationwide Children’s Hospital, una de cada tres familias con niños en Estados Unidos tienen un arma en casa, eso lleva a que más de 22 millones de pequeños convivan con ellas bajo el mismo techo.

Sobre el tema, Josh Sugarmann, director ejecutivo de Violence Policy Center, una organización que intenta detener las lesiones y muertes causadas por armas de fuego a través de la educación, fue directo: «según lo recomendado por la Academia Estadounidense de Pediatría, las armas no deben estar presentes en hogares con niños».

El especialista, quien está detrás del mencionado grupo desde 1988, contó en exclusiva a El Tiempo Latino que «el elemento clave para prevenir la mayoría de los homicidios es centrarse en la disponibilidad y presencia de armas de fuego».

Esa presencia de armas no es cosa menor y suma a las estadísticas relacionadas a la violencia armada en los niños. Desde el Harvard Injury Control Research Center se estimó que más de 19  millones de adultos en el país poseían un arma en 2020. De dicha cifra, se estima que el 75% de los menores que viven en hogares con estos elementos saben dónde se guardan.

Esto último incluye a Crumbley.

Para Marqueece Harris-Dawson, representante del Concejo Municipal del Sur de Los Ángeles, “los estadounidenses están en una carrera armamentista consigo mismos”, según indicó en entrevista al New York Times en mayo de este año. “Hubo tanto una corrida de armas como de papel higiénico al comienzo de la pandemia”.

Los elementos detrás de la problemática son tan variados como incalculables; sin embargo, Julia Schleimer, el autora principal de un informe publicado en la revista Injury Epidemiology sobre el tema, señaló a The Guardian en julio que factores como “el cambio económico, el cierre de escuelas y organizaciones comunitarias y organizaciones sin fines de lucro, y disturbios civiles” sumaron al aumento de la violencia armada.

TRAGEDIA. La masacre de Parkland figura como el tiroteo más mortífero en una escuela de EEUU/EFE

Víctimas de asuntos que no los involucran

Además de las tragedias en las escuelas, otros pequeños han caído en altercados en los que nada tienen que ver. Uno de los hechos que más ruido hizo a final de año en Estados Unidos involucró a Demitrius Wall’neal, de 9 años; y Londynn Wall’neal, de 6 años, quienes recibieron disparos mortales mientras estaban en un vehículo con Charles Wade, de 22, en lo que iba a ser una salida para comer con su madre.

El hecho ocurrió la madrugada del martes 7 de diciembre en Columbus, Ohio.

“No tenían que matar a esos bebés”, aseguró a The Columbus Dispatch Jessica Jones, de 52 años de edad y abuela de las víctimas. “Eran niños dulces, eran bebés. ¿Qué está pasando en este mundo? Esto debe terminar. Necesita detenerse. No sé por qué sucedió esto”.

Aunque la policía investiga aún el triple homicidio, de entrada se descartó toda sospecha sobre los pequeños; sin embargo, estos últimos también alimentaron la estadística de asesinatos en Estados Unidos este año.

Oliver, quien calificó como «una sociedad tóxica» a la estadounidense por su relación con las armas, coincidió con Sugarmann, quien aseguró que «la presencia de un arma en el hogar aumenta el riesgo de suicidio, homicidio y muerte no intencional para todos los miembros de la familia».

¿Armas o juguetes?

En apenas 48 horas, Estados Unidos sintió el impacto de dos lamentables noticias con una misma narrativa: la violencia armada en los niños. Entre el lunes 22 de noviembre y el miércoles 24, un niño de apenas cuatro años de edad residente de Pittsburgh y otro de uno que vivía en Washington DC, murieron por disparos causados por ellos mismos.

Según los informes de los departamentos de la policía de cada una de las mencionadas áreas, los pequeños confundieron las armas con juguetes. Ambos hechos sucedieron en sus respectivos hogares.

Estos casos, aunque aislados de la violencia de las calles, también encuentran nicho, pues en el 16% de las muertes no intencionales por armas de fuego en niños menores de 13 años, la pistola se confundió con un juguete, según el Nationwide Children’s Hospital.

La falta de educación y el fácil acceso suprime las barreras y acerca a la tragedia al grupo, así como ocurrió con otro menor de cinco años de edad en Minnesota, quien murió luego de que un joven de 13 años de edad le disparara por accidente el Día de Acción de Gracias mientras grababa un video para TikTok.

POLÍTICA. El presidente Joe Biden firmó las primeras órdenes ejecutivas para el control de armas en abril/EFE

Poner fin a la violencia armada en los niños, una esperanza a mediano y largo plazo

A medida que pasa el tiempo y las noticias de sucesos muestrasn los estragos de la violencia armada en los niños, el ámbito político marcha a una velocidad más lenta para encontrar soluciones. Así lo consideró Oliver, quien estimó que «pueden pasar entre 10 y 15 años para poder ver un cambio real. Los jóvenes estadounidenses son progresistas y han sido víctimas de estas tragedias, por lo que serán ellos quienes lo impulsen».

El activista, cuyos movimientos iniciaron en la etapa final del gobierno de Donald Trump y siguen cuando está por cumplirse un año de la administración Biden, expresó que «no ha habido un cambio tangible entre uno y otro».

No obstante, Sugarmann recordó que «reconociendo la realidad política en Capitol Hill, la administración Biden ha tomado una serie de medidas para abordar la violencia armada. En abril, anunció acciones ejecutivas sobre dos prioridades del movimiento de prevención de la violencia armada relacionadas con la industria: armas fantasmas imposibles de rastrear y ‘tirantes estabilizadores’ de pistola que efectivamente convierten las pistolas de asalto en rifles de asalto de cañón corto».

Pese a este y otros anuncios relacionados con el tema, los cuales calificó como «pasos importantes», el experto manifestó que se «puede hacer mucho más mediante acciones ejecutivas».

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