Volodymyr Zelenskiy, presidente de Ucrania, en una inspección de armamento. FOTO: Bloomberg por Evgeniy Maloletka.

La Junta Editorial – Financial Times

Casi ni había finalizado el diálogo entre delegados rusos y occidentales la semana pasada y ya sonaba lo que un funcionario de EEUU denominó “el tambor de guerra”.  Ucrania sufrió un ataque cibernético que paralizó al menos diez sitios web del gobierno.  Si bien el ataque no ha sido atado con certeza a Moscú, EEUU advirtió que veía señales de agentes rusos preparando operaciones de “bandera falsa” en Ucrania que podrían usarse para justificar una intervención.  Europa se enfrenta a la posibilidad real de que aumenten los problemas, desde esfuerzos semicubiertos o híbridos de parte de Moscú para desestabilizar Ucrania, hasta una invasión a gran escala.

No sería difícil por tanto aceptar la idea de que Vladimir Putin montó el diálogo de la semana pasada con miras a que fracasara, como pretexto para una intervención armada que siempre ha querido lanzar.  El Kremlin ya sabía que sus deseos de una zonificación europea al estilo “Yalta” no eran realistas.  EEUU y la OTAN jamás aceptarían negar a la alianza sus posibilidades de expansión.  Y claramente, acceder a conversar sobre las “preocupaciones” de seguridad de Rusia, fue una concesión importante por parte de EEUU y sus aliados.  El presidente Joe Biden ha sido criticado por su disposición a dialogar con un agresor que ya ha invadido y anexado parte de un país vecino y se prepara para atacarlo de nuevo.

Washington además entabló el diálogo de buena fe.  EEUU presentó temas para potenciales acuerdos incluyendo el control de armamentos, límites a los ejercicios militares y el restablecimiento de canales militares de comunicación.  El avance en estas áreas podría haber ayudado a reconstruir la confianza mutua y despejar el camino hacia un diálogo sobre otros puntos más contenciosos.

Algunos funcionarios occidentales temen que un presidente ruso que antes era mucho más cuidadoso se esta desquiciando cada vez más, haciéndole caso a un grupo reducido de asesores que alimentan sus prejuicios.  La regla personalizada de Putin evade las restricciones y los balances que existían aún en los últimos gobiernos del período soviético.  Por tanto apelar a la razón podría ser fútil.

Y sin embargo una acción militar renovada hacia Ucrania sería el paso más riesgoso tomado por Putin en sus 22 años como líder plenipotenciario de Rusia.  Detonaría sanciones occidentales mucho peores que las impuestas luego de que Rusia anexó Crimea y fomentó el conflicto del Dombás en 2014.  El presidente está bajo presión doméstica luego de años de reducciones en la renta real de la población.  Si bien el Kremlin puede pensar que ha aguantado exitosamente las medidas punitivas de EEUU y la UE en años recientes, estas han limitado el crecimiento y restringido inversiones extranjeras tan urgentemente necesarias.

Putin quizás piense también que puede repetir su “pequeña guerra” de 2014, cuando complicó las posibilidades de una integración occidental para Ucrania, conquistó territorio, y despuntó en las encuestas – todo por un costo considerado aceptable por el Kremlin.  Aun hoy, el ejercito mucho mejor suplido y entrenado de Ucrania no tendría oportunidad frente al poderío aéreo y el armamento pesado de Rusia.  La lección de hace ocho años, sin embargo, fue que aun las regiones más al este de Ucrania – en las cuales se habla ruso – no se entregaron fácilmente a Rusia.  Los ucranianos de la zona occidental ofrecerían una resistencia más feroz e implacable.  La narrativa de los cadáveres que regresan a Rusia desde una nación de “hermanos” eslavos, encima de los problemas económicos, podrían ser desastrosos para el Kremlin.

Ante todo, la agresión rusa de 2014 fortaleció el sentido de identidad y soberanía de Ucrania aún más que cualquier otro evento desde la segunda guerra mundial.  Generó un viraje del sentimiento popular hacia el apoyo de una eventual incorporación a la OTAN.  Interferencia adicional por parte de Rusia podría atrincherar el resentimiento de Ucrania durante generaciones.  Tristemente, puede que no haya nadie en Moscú que le diga estas cosas al presidente ruso.  En vez de pasar a la historia como el líder que reunificó a las tierras rusas, Putin podría ser en vez el líder que perdió definitivamente Ucrania.

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