La denunciante de Facebook Frances Haugen, que publicó documentos internos de la empresa que supuestamente demuestran que antepone los beneficios económicos a la seguridad de los usuarios. EFE/Leo Rodríguez.

Rana Foroohar

Este es el tercero de una serie de artículos publicada por nuestros socios del Financial Times en su Informe Especial Mundial 2022.  Los artículos tratan de varios temas domésticos e internacionales en las áreas de salud, economía, relaciones internacionales, y política.  El Tiempo Latino publica algunos de ellos esta semana, traducidos en su totalidad.

Lo que sube debe bajar.  Y si este dicho se cumple, entonces el 2022 será un año de grandes cambios para el Big Tech provocados por la combinación de muchos eventos pequeños.

Las principales plataformas de tecnología a nivel mundial – Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta – han tenido unos años increíblemente rentables, añadiendo 2,5tn (millones de millones) de dólares en valor de mercado, sólo en 2021.

Los precios de sus acciones se vieron realzados por la pandemia del coronavirus, la cual ayudó a todo lo que fuera digital.  Hasta ahora, han sido inmunes a cualquier adversidad, desde el conflicto económico entre China y EEUU, hasta los crecientes llamados globales para que se incremente la regulación de empresas monopólicas y se le pongan límites a la economía de vigilancia.

Pero las revelaciones de Frances Haugen, una denunciante de Facebook, sobre la manera en la cual la empresa – ahora conocida como Meta Platforms – utilizó adrede algoritmos para destinar anuncios a niños vulnerables, lucrando en base a desinformación y contenido de odio, se han convertido en un punto de viraje en el diálogo regulatorio.

Según lo describe el capitalista de riesgo y crítico del Big Tech, Roger McNamee: “Frances cambió todo.  Logró que la gente entienda que todo se trata de la cultura y el modelo del negocio [de alta tecnología].  Nada ocurre accidentalmente”.

El resultado ha sido que la Comisión Federal de Comercio (FTC por sus siglas en inglés) nuevamente está impulsando una demanda antimonopólica contra Facebook, y en EEUU, hay una serie de proyectos de leyes antimonopólicas que ya han salido del comité de judicatura de la Cámara de Representantes con aprobación bipartidista.

El que supervisa el proceso es el Rep. David Cicilline (D-RI), quien también lideró el informe de la Cámara sobre los problemas de competencia en las plataformas tecnológicas en 2020.  Esto es solo un primer paso – los proyectos de ley deben ser aprobados por el pleno de ambas cámaras.

Pero claramente existe una tendencia creciente de bipartidismo en cuanto algunas de las medidas propuestas, como el proyecto para la innovación y elección estadounidense presentado por la senadora Amy Klobuchar (D-MN) y el senador Chuck Grassley (R-IA).  Es un proyecto paralelo a uno introducido en la Cámara por Cicilline.

La legislación prohibiría la discriminación por parte de plataformas dominantes hacia empresas que dependen de sus servicios.  Esto llega al corazón de la manera en la cual las plataformas de alta tecnología – como por ejemplo Amazon – crean mercados, pero también venden y promueven sus propios productos usando sus plataformas de formas que serían ilegales en otras industrias tipo la de servicios financieros.

Muchos empleados en almacenes de Amazon han comenzado este año intentos por establecer sindicatos, y la empresa se ha opuesto férreamente. FOTO: Washington Post. EFE/Marcial Guillén.

Adicionalmente, hay un esfuerzo para proteger los derechos de los menores en las redes.  Los documentos de Facebook filtrados por Haugen contienen revelaciones que incriminan a la empresa en la promoción a sabiendas de contenido que puede guiar a los adolescentes a la depresión, a desordenes nutricionales y hasta a maltratarse físicamente a sí mismos.

Esto probablemente significa que la ley para la protección de la privacidad de niños en redes, impulsada por el senador Ed Markey (D-MA), será aprobada tanto en la Cámara como en el Senado durante 2022.  El proyecto busca limitar la habilidad de las plataformas de negocios para recolectar datos de personas menores de quince años.  Asimismo, le da a padres e hijos mayores recursos legales respecto a los daños causados en línea por las plataformas.

¿Quiere esto decir que podría lograrse la eliminación del vacío legal derivado de la sección 230 de la ley de decencia comunicacional, el cual permite que las plataformas evadan responsabilidad por cualquier cosa que digan o hagan sus usuarios en las redes?  Probablemente no.

Muchas personas en ambos lados del pasillo político quieren reformar esta sección tan disputada de la ley de decencia comunicacional de 1996.  Estipula que las plataformas en línea no pueden considerarse los editores del material que los usuarios publican en ellas.

La dificultad es que los Demócratas y los Republicanos están debatiendo la diferencia en los tipos de contenido.  Si bien hay presión de ambos lados para endurecer el trato hacia el Big Tech antes de las elecciones intermedias de noviembre, la falta de una solución fácil al problema de cual tipo de material debe limitarse, es algo que dificultará obtener un voto afirmativo.

Habiendo dicho esto, es probable que la administración de Joe Biden tome medidas legales concertadas en contra de los monopolios antes de las elecciones intermedias, momento en el cual los Demócratas podrían perder control del Congreso.  Esto reduciría su habilidad para aprobar legislación importante o hacer cosas para limitar el Big Tech durante los próximos años.

El presidente tiene ahora un equipo completo de funcionarios que buscan un camino más agresivo en cuanto a políticas de competencia – incluyendo la presidenta de la FTC Lina Khan, el jefe de la oficina para monopolios del Departamento de Justicia (DOJ) Jonathan Kanter, y el asesor de la Casa Blanca Tim Wu.

De hecho, el presidente mismo anunció 72 medidas discretas para lograr precisamente eso a través de una orden ejecutiva en julio pasado, proclamando terminada la era de basarse únicamente en el precio al consumo para desarrollar políticas de competencia.

Esto representó una línea demarcatoria clara.  Dirigió a EEUU hacia una definición más amplia de lo que es la competencia, en la cual no sólo los precios justos, sino también las decisiones de los consumidores, el acceso a los mercados, el bienestar de todos los participantes en el mercado y los derechos ciudadanos, entre otros parámetros, serán considerados por los reguladores.

En base a eso, no sólo presentó la FTC nuevamente su querella antimonopólica contra Facebook, pero también está procesando a Google – junto con el DOJ, el cual tiene demandas contra ambas plataformas.  La FTC también está supuestamente investigando Amazon, mientras que DOJ está investigando a Apple.

También está surgiendo un esfuerzo transatlántico para encontrar terreno común en cuanto a regular al Big Tech.  La comisionada para competencia de la UE, Margrethe Vestager, estuvo en Washington el año pasado conversando con el equipo de Biden, incluida Khan, en la FTC.

Entretanto, los activistas estadounidenses en el área de competencia, incluyendo a Barry Lynn, fundador de grupo de expertos Open Markets Institute, están promoviendo la adopción por parte de la UE de una doctrina jurídica para mercados digitales que denominan “nuevo Brandeis”.  La doctrina rechaza que los precios sean el principal parámetro para medir la competencia, y su adopción haría que el enfoque europeo se alineara más al de EEUU.

En abril próximo se reunirá en París el consejo para tecnología y comercio EEUU-UE, establecido el año pasado para coordinación de políticas entre las dos regiones.  Buscarán avanzar en el diseño de un nuevo marco regulatorio trasatlántico para comercio digital, dialogar sobre reglas para regular el capitalismo de vigilancia, y coordinar nuevas cadenas de producción regionales a medida que China aísla sus propio ecosistema tecnológico.

Si bien no habrá una iniciativa maestra en 2022 para “desmantelar” el Big Tech, probablemente si veremos muchas nuevas propuestas – y quizás hasta algunas regulaciones firmes para la ruta digital futura.

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