Con ocasión del comienzo de las olimpiadas de invierno en Pekín, el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió con su homólogo chino, Xi Jinping, en una visita de estado para reforzar los lazos entre los dos superpoderes. FOTO: EFE/EPA/ALEXEI DRUZHININ / KREMLIN / SPUTNIK / POOL MANDATORY CREDIT.

The Washington Post - Andrew Jeong, Emily Rauhala

El presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder chino, Xi Jinping, se reunieron hoy viernes en el marco de los Juegos Olímpicos Invernales de Beijing, en una muestra de solidaridad a medida que crecen las tensiones por la acumulación de fuerzas militares del Kremlin alrededor de Ucrania, lo que podría complicar aún más un enfrentamiento diplomático en Europa.

En una confusa declaración conjunta para conmemorar la ocasión, Moscú y Beijing expusieron puntos de vista compartidos sobre una variedad de asuntos geopolíticos, pero evitaron mencionar la crisis por nombre. En cambio, se refirieron a su oposición a la ampliación de la OTAN hacia el este y denunciaron a las "fuerzas que representan a una minoría en el escenario mundial" pero que "continúan aplicando enfoques unilaterales para resolver problemas internacionales".

Xi, que no se había reunido en persona con otro líder extranjero en casi dos años, dijo que las dos partes "se apoyan firmemente para salvaguardar sus intereses fundamentales", según un resumen de la reunión presentado por la agencia estatal de noticias Xinhua.

Apenas unas horas antes de esa reunión, Estados Unidos advirtió a China que no debe ayudar a Rusia a eludir posibles sanciones relacionadas con la crisis en Ucrania.

Washington y sus aliados "tienen una variedad de herramientas" que pueden desplegarse contra "empresas extranjeras, incluidas las de China" que intenten evadir posibles medidas punitivas contra Rusia, dijo el jueves a los periodistas el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price. Se negó a ofrecer detalles, pero los funcionarios occidentales han planteado sanciones a las instituciones financieras rusas, restricciones a las exportaciones de tecnología de EEUU hacia el país y sanciones personales contra los líderes del Kremlin y sus asociados.

Además de Putin y Xi, el diálogo entre Rusia y China incluyó a varios funcionarios de alto nivel de ambas naciones. FOTO: EFE/EPA/MIKHAIL KLIMENTYEV / KREMLIN / SPUTNIK / POOL MANDATORY CREDIT.

La visita de Putin tiene lugar en un momento en el cual funcionarios estadounidenses alegan que el Kremlin está considerando filmar un ataque falso contra territorio ruso o personas de habla rusa por parte de las fuerzas ucranianas como pretexto para invadir nuevamente a vecino oriental.

Moscú ha concentrado más de cien mil tropas cerca de la frontera con Ucrania, lo que genera temores de una mayor agresión rusa. Occidente ha tratado de disuadir una incursión rusa en Ucrania, enviando suministros militares y tropas a la región, así como señalando públicamente posibles operaciones que el Kremlin puede intentar llevar a cabo para crear una excusa que le permita invadir Ucrania con sus fuerzas militares.

A los analistas les preocupa que el apoyo chino pueda envalentonar al Kremlin. La última vez que China fue sede de los Juegos Olímpicos, en el verano de 2008, Rusia invadió Georgia mientras Putin observaba la ceremonia inaugural de ese evento en Pekín.

China y Rusia han tenido un acercamiento en los últimos años.  Beijing está frustrado por las críticas occidentales sobre sus abusos contra los derechos humanos de minorías étnicas y su postura agresiva contra Taiwán, mientras que Moscú está irritado por la expansión de la OTAN hacia el este, pretendiendo ubicarse dentro de lo que Putin considera la tradicional esfera de influencia de Rusia. Los esfuerzos diplomáticos para resolver la crisis en Ucrania se han estancado en parte debido al ultimátum de Rusia de que la OTAN prohibiera permanentemente la entrada de Kiev a la alianza; Occidente se ha negado a abandonar su política de puertas abiertas.

Sin embargo, China no ha llegado a apoyar abiertamente la invasión rusa a Ucrania, siendo que este país también es un proveedor clave de armas y alimentos para China.

Una crisis en Ucrania que desencadene sanciones occidentales contra Rusia hace que Moscú sea más dependiente de China, lo que le da a Beijing más influencia, escribió en Twitter Ryan Hass, miembro principal de la Institución Brookings y antiguo funcionario en el Consejo de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama. También podría reducir temporalmente la presión de Estados Unidos sobre China.

Pero China también tiene buenos lazos con Ucrania y teme que un ataque ruso a Kiev lleve a Estados Unidos a reforzar sus defensas en Asia, escribió Hass.

El posible video de ataque fabricado que las autoridades estadounidenses dijeron que Moscú estaba considerando podría incluir "escenas gráficas de una falsa explosión con cadáveres". La inteligencia rusa está íntimamente involucrada en los esfuerzos, según un alto funcionario de la administración Biden, quien habló bajo condición de anonimato según las reglas establecidas por la administración.

Los funcionarios rusos negaron la supuesta operación de bandera falsa. "No estamos sorprendidos por la ‘creatividad’ de este nuevo escenario", dijo la embajada rusa en Washington en un comunicado que también hizo referencia a la falsa inteligencia presentada por la administración de George W. Bush que justificó la invasión de Estados Unidos a Irak.

Las afirmaciones de la administración Biden fueron rechazadas debido a la falta de especificidad y evidencia. Pero el portavoz del Pentágono, John Kirby, dijo a los periodistas que el presunto esfuerzo de desinformación ruso concuerda con su “modus operandi”.

Price, el portavoz del Departamento de Estado, dijo que la administración Biden había denunciado públicamente el supuesto plan del video para evitar que Rusia lo use como pretexto para atacar a Ucrania.

En las últimas semanas, altos funcionarios del Kremlin han afirmado que Ucrania, envalentonada por el apoyo diplomático y los envíos de armas de Occidente, podría intentar recuperar Crimea militarmente. Rusia anexó Crimea en 2014 y ha apoyado a los separatistas en el este de Ucrania.

Los líderes ucranianos han dicho que buscan recuperar el control total de Crimea y sus territorios orientales en disputa. Oleksiy Danilov, secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, dijo esta semana en la televisión ucraniana que Kiev "haría todo lo posible" para lograr ese objetivo, pero agregó que era imposible decir cómo se ejecutaría ese plan.

Las acusaciones de Estados Unidos fueron respaldadas por la secretaria de Relaciones Exteriores británica, Liz Truss, quien escribió en Twitter que Washington ha ofrecido "evidencia impactante sobre la agresión no provocada de Rusia".

El mes pasado, Londres afirmó que Moscú planeaba instalar un gobierno pro-ruso en Ucrania y Truss dijo el jueves que Gran Bretaña "seguiría exponiendo el subterfugio ruso".

Los esfuerzos diplomáticos por reducir la escalada de la crisis en Ucrania continuaron el jueves. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en Kyiv para reunirse con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, reiteró su oferta de albergar conversaciones de paz. El presidente francés, Emmanuel Macron, quien habló con Zelensky y Putin el jueves, visitará Rusia el 7 de febrero y Ucrania al día siguiente, según un funcionario del Palacio del Elíseo.

Mientras tanto, los funcionarios estadounidenses anunciaron restricciones de visa a funcionarios bielorrusos a quienes acusaron de "graves actividades extraterritoriales contra disidentes".  Destacaron los esfuerzos por reprimir a los atletas bielorrusos que se pronunciaron contra el presidente Alexander Lukashenko, un aliado de Putin que ha recientemente ha acordado ejercicios militares con tropas rusas. Los funcionarios occidentales temen que esas mismas tropas rusas puedan ser parte de un ataque a la vecina Ucrania.

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Información de los Autores:

Andrew Jeong es periodista del Washington Post desde su oficina en Seúl.

Emily Rauhala escribe sobre asuntos exteriores para el Washington Post. Pasó una década como editora y corresponsal en Asia, primero para la revista Time y luego, de 2015 a 2018, como corresponsal del Post para China desde Beijing. En 2017, compartió un premio del Overseas Press Club por una serie sobre el Internet en China.

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