El horror de la esclavitud no tiene equivalente en los anales de la historia estadounidense, pero según el autor, la crisis humanitaria creada por la inmigración tiene paralelos importantes con la lucha de los esclavos por lograr su libertad. FOTO: Washington Post por Matt McClain.

Especial para The Washington Post - Sean Gallagher

Harriet Tubman, quien vivió en Ontario, Canadá, durante la mayor parte de 1851 a 1861, le dijo a un abolicionista que entrevistaba a personas que habían huido de la esclavitud viajando a través de la frontera norte de EEUU, que "preferiríamos quedarnos en nuestra tierra natal, si pudiéramos ser tan libres allá como lo somos aquí".  Reconoció que muchos de los afroamericanos que trasladó desde el sur de Estados Unidos hacia Canadá a través de lo que se conoce cómo el Ferrocarril Subterráneo deseaban regresar algún día, "pero nunca vi a uno que estuviera dispuesto a regresar y ser esclavo otra vez". El abolicionista Benjamin Drew publicó su testimonio junto con los de otros refugiados que vivían en Canadá en un libro de 1856 titulado Refugiado: El lado norte de la esclavitud.  Como él y Tubman lo entendían, la lucha por la libertad de los afroamericanos era necesariamente un movimiento de migrantes que cruzaban las fronteras en busca de asilo.

Desde la Revolución Estadounidense hasta la Guerra Civil, los afroamericanos esclavizados huyeron de los Estados Unidos en busca de libertad y migraron hacia el Canadá británico, México y el Caribe.  Con el tiempo, la búsqueda de libertad de los afroamericanos más allá de las fronteras de EEUU condujo a tratados, proclamaciones militares y decisiones judiciales que dieron forma a la idea del refugiado en el derecho internacional. Al mismo tiempo, como ha demostrado el historiador Harvey Amani Whitfield, los actos de escapar a suelo libre en el extranjero hicieron que la migración y la transnacionalidad fueran parte integral de las primeras concepciones afroamericanas de libertad y comunidad.  Estas políticas de refugiados eran tan estadounidenses como los ideales de la Revolución misma, precisamente porque tomaron forma por primera vez durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Los solicitantes de asilo de hoy en día provenientes de Haití, Guatemala y de otros lugares que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México tienen una historia política que los conecta con el Ferrocarril Subterráneo que salía de esta nación antes de la Guerra Civil. Al igual que los fugitivos que huían de la esclavitud viajando a través de los estados libres del norte hacia Canadá en el siglo XIX, los migrantes de hoy en día a menudo forman comunidades y redes itinerantes tanto para la protección como para la solidaridad. Y enmarcan su migración como una forma de política: usando su derecho a la libre movilidad para acceder a derechos de libertad y seguridad.

Desde el comienzo de la Revolución Estadounidense, las personas esclavizadas buscaron la libertad o al menos la protección detrás de las líneas británicas como negros leales. Aunque Gran Bretaña acordó en el Tratado de París, al final de la guerra, evacuar los Estados Unidos sin "llevar a ningún negro", los afroamericanos fugitivos abogaron por el reasentamiento fuera de los Estados Unidos.  Testificaron a los oficiales que temían represalias violentas por parte de sus antiguos esclavizadores por haber ayudado a la Corona.  Sus historias llegaron hasta el comandante en jefe británico, Sir Guy Carleton, quien accedió a trasladar a más de 3.000 fugitivos afroamericanos a Canadá porque "entregar a los negros a sus antiguos amos sería entregar a algunos a una posible ejecución y a otros a un severo castigo". Los afroamericanos se liberaron logrando que se reconociera que la violencia de la esclavitud era una forma de persecución.

Después de que el Imperio Británico abolió la esclavitud en 1833, seguido por México en 1837, la migración de fugitivos transfronterizos se convirtió en una oleada de miles de migrantes afroamericanos que buscaban protección en fuertes, barcos y comunidades libres fundadas por personas de color en el extranjero.

Durante la Guerra Civil Estadounidense, más de 30.000 personas huirían a Canadá y quizás hasta 5.000 se refugiaron en México.

La migración de las personas que huían de la esclavitud convirtió a esta “institución doméstica" de Estados Unidos en un problema diplomático para los países vecinos.  Ni Gran Bretaña ni México buscaron antagonizar a los Estados Unidos debido a la esclavitud, pero las propias personas esclavizadas fueron quienes forzaron a que se aboliera esta infame práctica.  Mientras Gran Bretaña y Estados Unidos negociaban el Tratado Webster-Ashburton de 1842, principalmente sobre el establecimiento de fronteras en el noreste y el medio oeste, 139 virginianos esclavizados a bordo del barco Creole con destino al mercado de esclavos de Nueva Orleans se rebelaron. Navegaron el barco hasta las Bahamas británicas y solicitaron asilo. La revuelta de estos cimarrones criollos convirtió lo que había sido un tema secundario de las negociaciones, la extradición de esclavos, en un tema diplomático de máxima importancia.  Gran Bretaña finalmente se negó a incluir la extradición de esclavos en el tratado con el argumento de que una persona que había llegado a suelo libre no podía volver a ser esclavizada.

Antes de finales del siglo XVIII, el asilo había sido en gran medida una extensión de la política religiosa de los estados.  Los reyes protestantes ofrecieron protección a sus correligionarios perseguidos por los reyes católicos, y viceversa.  Pero al vincular su emancipación al asilo, los afroamericanos sentaron un temprano precedente en la diplomacia y la política migratoria para el principio de no devolución: la obligación del gobierno de no deportar a los solicitantes de asilo a países donde enfrentaron violencia física o persecución.  Éste fue un acontecimiento importante en la historia de los derechos de los refugiados.

La búsqueda de libertad de las personas esclavizadas secularizó lentamente al refugiado e incorporó el asilo en conceptos emergentes como los derechos humanos, lo que llevó a que la negación de dichos derechos sea hoy considerada un "crimen de lesa humanidad".  Sus esfuerzos dieron frutos para otros migrantes oprimidos en leyes como la Ley de Extradición de Gran Bretaña de 1870 – que reconoció explícitamente el derecho de no devolución de los disidentes políticos – así como las reformas liberales de México al proceso de naturalización de extranjeros (en medio de sus propias guerras civiles y revolucionarias).  Políticas y principios como éstos proporcionaron la base legal a partir de la cual la comunidad de naciones, incluyendo a Estados Unidos, desarrolló protocolos internacionales de asilo durante las distintas crisis a lo largo del siglo XX.

La política de deportación y restricción de inmigración existe en oposición a las tradiciones políticas de la lucha por la libertad de los afroamericanos que ahora reconocemos como centrales en la historia de la libertad estadounidense.

Cuando la administración Biden dispersó y deportó por la fuerza a unos 15.000 solicitantes de asilo haitianos acampados en Del Rio, Texas, el verano pasado, oprimió a las personas que participaban en una política tan estadounidense como el 4 de Julio.  Cuando el presidente Joe Biden defiende la política de "permanecer en México" de la administración Trump para los posibles solicitantes de asilo, actúa desde el sentido más atrofiado de lo que es la libertad y la prosperidad estadounidense.  La resistencia de los refugiados afroamericanos que se liberaron de la esclavitud es muestra de que las tradiciones políticas estadounidenses más liberadoras siempre se han basado en la solidaridad global.

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Información del Autor:

Sean Gallagher es historiador sobre la esclavitud y actualmente becario postdoctoral del Centro David para la Revolución Estadounidense en la American Philosophical Society.

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