G. Carter Woodson, académico e historiador estadounidense que tuvo la idea inicial de instituir el Mes de la Historia Afroamericana en 1926. FOTO: Getty Images

Fred McKinneyCT Post

Es imperativo que todos entendamos la realidad que vivieron los afroamericanos durante la esclavitud para evitar en el futuro vicios similares a los de esa era deshumanizada.

En 1835, Alexis de Tocqueville llegó a Estados Unidos a estudiar nuestra flamante nación para ver que lecciones podía aprender que beneficiaran a la nueva república francesa.  Su libro, La Democracia en América presentó una visión detallada del carácter de Estados Unidos, con todas sus fortalezas y debilidades.  Un siglo después, Gunnar Myrdal, el economista y premio Nobel sueco, presentó la perspectiva de un forastero en su obra clásica de 1944, El Dilema Americano: El problema de los negros y la democracia moderna.  Tanto autores como académicos resaltaron el papel central de la relación entre blancos dominantes y negros explotados en la vida política, social y económica del país.

Me pregunto lo que diría un académico extranjero si vieran a un expresidente tildando de racistas a fiscales negros en Atlanta y Nueva York por imputarle actos criminales.  ¿Qué pensaría ese académico si viera a gobernadores de varios estados promoviendo leyes que prohíben la diseminación de verdades históricas sobre la manera en la cual los negros eran tratados durante la esclavitud y durante la era Jim Crow, y sobre cómo son tratados ahora?  ¿Cómo interpretaría las amenazas de bomba en veinte universidades históricamente negras?  ¿Qué diría sobre la inminente recisión de programas de acción afirmativa en otras universidades por parte de la suprema corte del país? ¿Cómo explicarían al mundo que un senador de Mississippi pueda alegar que el nombramiento de una jurista negra para la Corte Suprema implicaría que se está nombrando una jurista de calificaciones inferiores?

G. Carter Woodson, académico e historiador estadounidense, fundó el Mes de la Historia Afroamericana en 1926.  Sus objetivos eran modestos e importantes, dada la pobre situación de las relaciones raciales luego de la Primera Guerra Mundial.  El Dr. Woodson casi fue asesinado en un motín racial en Washington, D.C. liderado por soldados blancos que volvían de la guerra.  Su meta al implementar primero la Semana de la Historia de los Negros era compartir con afroamericanos los logros de otros afroamericanos que habían sido ocultados por educadores blancos y por los medios.  Todos los días, los negros estadounidenses tenían que dar fe de su humanidad en una sociedad que estaba decidida negarla y destruirla a toda costa.  Si bien el Dr. Woodson habría querido que todos los estadounidenses compartieran la celebración de los logros y el orgullo de la gente de raza negra, la meta era alentar el espíritu de una raza maniatada en todos los aspectos de la vida y obligada a pensar que era inferior e indigna de participar plenamente en el experimento estadounidense.

Estos tiempos se me hacen diferentes a cualquier otro momento en nuestra historia reciente.  En mi vida nunca he sentido simultáneamente el apoyo de instituciones que reconocen mis habilidades y una sensación de algo que sólo puedo describir como odio y terror.  Si bien no la conocí, puedo entender por qué una reina de belleza y abogada de treinta años, con un programa de televisión y tantas otras cosas buenas en su vida, se lanzaría de una ventana en el piso 30 de su edificio.  No me sorprendió que otra bella mujer negra muriera en presencia de un hombre mayor blanco, y las autoridades no investigaran hasta que la justa indignación de la familia y la comunidad forzaron a la ciudad de Bridgeport a tomar cartas en el asunto.  Ser negro hoy en día, independientemente de tus diplomas, tus ingresos, tus contactos, tu personalidad, tu apariencia o tu vecindario es un peso que para muchos es difícil de aguantar.

El Mes de la Historia Afroamericana debería celebrarse en todo el país este mes.  Es una oportunidad de celebrar y aprender las historias dramáticas y familiares de Crispus Attucks, Frederick Douglass, Booker T. Washington, Sojourner Truth, Bessie Smith, Nat Turner, Jackie Robinson, Mary McLeod Bethune, Josh Gibson, Miles Davis, Jimi Hendrix, Malcolm X, Fannie Lou Hammer, Maya Angelou, Madam CJ Walker, Ralph Bunche, Edward Brooke, W.E.B. DuBois, Hiram Revels, James Baldwin, Muhammad Ali, Martin Luther King, Ralph Bunche, Fred Hampton y miles de otros estadounidenses negros que superaron los obstáculos con valentía y dejaron su marca en las arenas de la historia.

Me preocupa la salud mental y el desarrollo de niños negros hoy en día en pueblos, ciudades y estados donde sólo escuchan historias de su pasado que provocan sonrisas y carcajadas a los blancos en vez de lágrimas.  Estados Unidos necesita un buen llanto.  ¿Será que a los gobernadores Republicanos y a las juntas educacionales locales que prohíben ciertos libros les asusta la verdad, la historia o la habilidad de sus niños para aprender y poder sentar las bases para desarrollar empatía?  ¿Pensarán que los niños blancos son incapaces de distinguir entre una ristra de mentiras y una verdad que es evidente ante sus ojos?  Y a la vez que los niños negros necesitan conocer su historia, también los niños blancos deben entender la historia de los afroamericanos en este país – no la historia diluida sino la historia verdadera.

En la película de 1960 Heredar el Viento, basada en el juicio Scopes de 1925, el pueblo ficcional de Hillsboro, Tenn., despide y encarcela a un profesor del bachillerato local por enseñar la teoría de la evolución.  Un periodista no-local que cubría el caso escribió, “no se si los líderes del pueblo tenían un hueco en la cabeza o su cabeza en un hecho”.  Parecería ser que Ron DeSantis y Glenn Younkin tienen huecos en sus cabezas y quieren que la gente de su estado pongan sus cabezas en un hueco.  La historia afroamericana, al igual que enseñar evolucionismo, o sobre el Holocausto, es material duro pero necesario para una sociedad madura, y hasta los niños de esa sociedad deben aprender sobre ella.  Es irónico que quienes prohibirían libros y censurarían la historia, en sus esfuerzos por proteger, en vez nos hacen menos seguros, menos democráticos, menos humanos.  Esto es una batalla que debe ser librada y debe ser ganada.

Fred McKinney es cofundador de BJM Solutions, una firma de consultoría económica que ejecuta investigaciones públicas y privadas desde 1999; y es director emérito del Centro Popular para la Innovación y el Emprendimiento en Quinnipiac University.

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