DW entrevistó a Carlos Fernando Chamorro, galardonado director del medio nicaragüense "Confidencial", sobre la reciente muerte de Hugo Torres, los presos políticos y el cierre de oenegés y universidades.

Deutsche Welle: ¿Pensó usted, en algún momento, que tras las elecciones del 7 de noviembre de 2021 el régimen de Ortega iba a aflojar la mano? 

Carlos Fernando Chamorro: Nunca lo pensé. En el momento en que encarceló no solo a todos los candidatos presidenciales, sino a todos los líderes políticos y cívicos, cerró totalmente el espacio político. El objetivo era gobernar sin oposición, en un Estado policial, sin libertades. Lo que está haciendo ahora es la culminación de ese paso, con las farsas judiciales para inhabilitar políticamente, de forma permanente, a todos los líderes de la oposición, bajo el alegato de que han sido enjuiciados y son culpables de unos delitos fabricados. 

Carlos Fernando Chamorro dirige el medio digital "Confidencial".

"Hay un sistema de tortura institucionalizado"

Hemos visto que la represión arrecia, se clausuran oenegésuniversidades...  Es como si estuviera cerrando todos los posibles resquicios.

Hay un proceso de radicalización que no se ha detenido. Se confiscó a seis universidades privadas y se despojó de personería jurídica a decenas de organizaciones no gubernamentales. Se mantiene un estado de tortura, en la cárcel, para los presos políticos. En este momento, la mayor preocupación que tenemos los nicaragüenses es que, después de la muerte de Hugo Torres, hay muchos otros presos políticos que están en una situación de grave deterioro de salud física y también emocional.

El histórico general Hugo Torres murió recientemente en el hospital, bajo custodia policial.

Ayer se llevó a cabo el segundo día de esta farsa judicial, en la cárcel en la que están siendo procesadas siete personas: Arturo Cruz, José Pallais, Félix Madariaga, Juan Sebastián Chamorro, Violeta Granera, Tamara Dávila y José Adán Aguerri. Los abogados y familiares que estuvieron allí relatan que existe un deterioro muy grave de su salud. José Pallais se desmayó en la audiencia y las manos de Arturo Cruz temblaban, por lo que tiene todos los síntomas de la enfermedad de Parkinson, y se está pidiendo que llegue un médico a evaluarlo.

Todos deberían ser trasladados al hospital y deberían suspenderse esos procesos y abrir las cárceles para una visita de la Comisión Internacional de la Cruz Roja y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Lo más importante ahora es que no muera otro preso político en la cárcel y que no sigan sufriendo daños irreversibles en su salud, porque ahora hay un sistema de tortura institucionalizado.

"Falta una acción coordinada, que se sumen más voces"

¿Cree que ha tenido suficiente repercusión internacional la muerte del histórico Hugo Torres?

Ha sido divulgada por muchos medios de comunicación, ha sido condenada por diferentes Gobiernos, se ha pronunciado el secretario general de la OEA, el subsecretario de Estado de Estados Unidos. Ha tenido eco, pero eso tiene que transformarse en una mayor presión y acciones dramáticas para lograr que no muera otro preso y para que los manden ya al hospital.

El periodista Miguel Mora es uno de los presos políticos de Ortega.

Por ejemplo, no se ha pronunciado el papa Francisco. Yo no he escuchado en ningún momento de esta crisis un pronunciamiento dramático humanitario del Vaticano sobre esta situación. Falta que se sumen más voces.

Tampoco se han pronunciado el Gobierno de México ni el Gobierno de Argentina. Ha habido un pronunciamiento de la UE, pero falta una acción coordinada de muchas voluntades de Gobiernos y liderazgos morales para llamar la atención sobre la crisis en Nicaragua. Daniel Ortega y Rosario Murillo no van a ceder si realmente no están sometidos a una presión extrema.

"Una ficha de Rusia y China"

Es difícil ejercer una presión extrema si el régimen se acerca a Rusia y a China, como hemos visto en los últimos meses.

El alineamiento con China genera para el régimen expectativas económicas, pero eso no se ha traducido ni de inmediato ni a corto plazo en un soporte económico. Y el alineamiento con Rusia tiene un elemento más bien simbólico. Ortega quisiera ser un actor en estos conflictos internacionales de Guerra Fría. Posiblemente lo tomarán en cuenta como una ficha, pero sigue siendo un país del hemisferio americano y su economía está conectada con la de EE. UU., no con Rusia ni con China.

Entre el aislamiento y el miedo

Su hermana, Cristiana Chamorro, sigue en arresto domiciliario a la espera de juicio. ¿Tiene usted posibilidad de comunicarse con ella? ¿Sabe cómo se encuentra?

Ya son más de ocho meses los que tiene de arresto. Ella no tiene en su casa medios de comunicación, teléfono e internet. Pero sí tiene derecho a que la visiten sus hijos, que la ven regularmente. Gracias a eso, sé que ella se encuentra bien, moral y físicamente.

Están peor quienes están en la cárcel de Chipote. Mi hermano, Pedro Joaquín, está en esa cárcel, y otras 40 personas. Allí están sometidos a un régimen de interrogatorios permanentes, están aislados, tienen una visita familiar cada 45 días y reciben una pésima alimentación. Han perdido mucho peso y no les permiten recibir alimentos de su casa.

En la cárcel de Chipote hay cuatro presas mujeres que se encuentran en celdas de confinamiento solitario, llevan así 8 meses. Son Dora María Téllez, Tamara Dávila, Suyén Barahona y Ana Margarita Vigil. Otros comparten celdas, pero ellas están absolutamente solas. El aislamiento es una tortura y está provocando daños físicos y emocionales en presos que están perdiendo la memoria. No les permiten hablar, no les permiten tener un libro, una libreta, un lápiz.

En Nicaragua se están violando las llamadas "normas Mandela" elementales de derecho humanitario de prisioneros. Los nicaragüenses queremos salir de la dictadura, queremos que se vayan Ortega y Murillo, queremos que sometan a la justicia, queremos que haya una transición democrática. Pero primero queremos salvar a los presos políticos.

Usted dirige "Confidencial" desde el exilio y ha recibido varios galardones por su labor periodística. ¿Cómo valora el papel de su medio en mitad de esta crisis nicaragüense?

El periodismo de "Confidencial" y de la prensa independiente de Nicaragua es un periodismo de resistencia. A nosotros nos han confiscado dos veces, han asaltado nuestra redacción y nunca nos han callado. Nuestra mayor dificultad hoy es que no tenemos fuentes que podamos citar, porque en Nicaragua todos tienen temor a las represalias y, por lo tanto, solo podemos hacer periodismo con fuentes anónimas, cuya identidad hemos de proteger. Eso nos obliga a ser más rigurosos para no dejar de informar la verdad. (rml)

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