Vladimir Putin y Joe Biden a la entrada de su cumbre bilateral en Ginebra el año pasado. FOTO: DW en español.

A pesar de los constantes rumores de una invasión, hay indicios de que Putin esta en retirada, pero está por verse si eso ayudará a Biden domésticamente.

Hace tiempo que en los círculos políticos de Washington se sabe que a los votantes estadounidenses no les importa la política exterior.  Tanto es así, que la última vez que sustituí a Ed Luce en esta columna de los Apuntes desde el Pantano, predije que era probable que un colapso completo del gobierno afgano, después de la retirada de EEUU, no afectara la posición de Joe Biden en su país.

Estoy seguro de que usted, querido lector, se sorprendió tanto como yo al descubrir que estaba totalmente equivocado en eso.  De hecho, el derrumbe del índice de aprobación de la gestión de Biden se puede situar casi en la fecha en que los talibanes tomaron Kabul.  La última vez que el índice de aprobación del presidente superó el 50 por ciento fue la semana anterior a la desaparición del gobierno afgano respaldado por EEUU; desde entonces ha estado por debajo del 50 por ciento y ahora a duras penas puede mantenerse por encima del 40 por ciento.

La caída de Kabul se produjo en el mismo momento en que a Biden le iba mal en muchos frentes: la oleada de la variante Delta echaba por tierra las esperanzas de que las vacunaciones masivas pusieran rápido fin a la pandemia; los Demócratas del Congreso se peleaban por los planes de gasto interno de Biden; y el temor a que la inflación fuera algo más que transitoria empezaba a cundir entre los estadounidenses.

En conjunto, estos sucesos perforaron la imagen de persona competente que ayudó a Biden a derrotar al algo más mercurial Donald Trump.  Sin embargo, dada la importancia del colapso afgano en esta letanía de problemas, pensé que valía la pena revisar la suposición de que los asuntos exteriores tienen un impacto limitado en la posición política interna, especialmente ahora, con una guerra terrestre en Europa en ciernes.

Esta semana, por primera vez desde que Vladimir Putin comenzó a acumular tropas en la frontera ucraniana, hubo señales de que el presidente ruso podría parpadear.  En primer lugar, se produjo la larga reunión estilo Austin Powers con Sergei Lavrov, en la cual el ministro de Asuntos Exteriores de Putin pareció sugerir que EEUU había hecho propuestas diplomáticas sustanciales que podrían impedir una invasión.  Luego, el Kremlin anunció que algunas tropas rusas desplegadas en las regiones fronterizas regresaban a los cuarteles luego de una serie de ejercicios.

Al final de la semana, esas esperanzas se vieron frustradas por los datos de inteligencia que mostraban que las tropas rusas estaban aumentando en la frontera ucraniana y las advertencias de la Casa Blanca de que un ataque era de nuevo "inminente".  No obstante, Biden se ha ganado un raro apoyo bipartidista por su capacidad para unificar Occidente, para enfrentarse al Kremlin en la guerra de la información y para lograr el equilibrio adecuado entre sus concesiones (negociaciones diplomáticas) y su amenaza de represalias (sanciones).  Si Putin da un paso atrás, ¿Podría Biden revertir su declive político en el país?

Llamé a Jason McMann, jefe de análisis de riesgos geopolíticos de Morning Consult, una empresa de encuestas e investigación con sede en Washington, que recientemente publicó un estudio detallado de la opinión mundial sobre el conflicto de Ucrania.  Aunque el informe muestra que los estadounidenses están divididos en cuanto a la gestión de la crisis por parte de Biden (el 39 por ciento la aprueba y el 40 por ciento la desaprueba), apoyan mayoritariamente las políticas que está llevando a cabo.  Respaldan sus despliegues de tropas en Europa del Este, por ejemplo, así como su compromiso diplomático.  Lo más alentador es que apoyan mayoritariamente el derecho de Ucrania a entrar en la OTAN.

Le pregunté a McMann si creía que la política exterior se estaba convirtiendo en un elemento central de la opinión de los votantes sobre los líderes políticos estadounidenses y señaló un dato interesante de su estudio sobre Ucrania: normalmente, cuando se pregunta a los estadounidenses sobre un acontecimiento en el extranjero, el porcentaje que responde "no sabe" o "no tiene opinión" oscila entre el 20 y el 25 por ciento.  Ahora bien, cuando se les preguntó si estaban preocupados por la posibilidad de que Rusia invada Ucrania, solo el 9% dijo no tener opinión, una clara señal de que la gran mayoría de los estadounidenses están prestando atención.

"Esto demuestra que incluso un país pequeño como Ucrania puede captar la atención del público estadounidense", dijo McMann.

Como casi todo en la política estadounidense moderna, McMann cree que el detonante de este cambio fue Donald Trump.  Dijo que la guerra comercial de Trump con China parece ser un punto de inflexión, un momento en el cual los estadounidenses comenzaron a ver lo geopolítico como algo doméstico.  El nacionalismo "America First" (Primero Estados Unidos) de Trump también jugó un papel, añadió McMann, poniendo la promoción foránea descarnada de los intereses estadounidenses en el centro de lo que significa el Trumpismo domésticamente.

Esa tesis me pareció muy acertada, sobre todo si se tiene en cuenta que el equipo de política exterior de Biden llegó al cargo pregonando el poco claro principio de una "política exterior para la clase media".  Probablemente estaban mirando los mismos datos de las encuestas que McMann y trataron de fusionar lo que querían hacer en el extranjero con la nueva conciencia nacional de su impacto en el país, en particular con respecto a China.

Aun así, McMann no está convencido de que un parpadeo de Putin sobre Ucrania vaya a cambiar significativamente la suerte de Biden a largo plazo y desde luego no lo suficiente como para cambiar las perspectivas Demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.  Como la mayoría de las victorias políticas, Biden podría obtener un impulso a corto plazo en las encuestas, sugirió, pero nada más.

Sin embargo, en el caso de China, McMann ve un asunto de política exterior más sólido. "Hasta hace poco, no había grandes debates sobre China como gran potencia", dijo.  "Ahora vemos que vuelve a estar sobre el tapete una y otra vez".  Y si Biden no acertara con China, añadió, lo pagaría entre los votantes estadounidenses.

Mi pregunta para ti, Rana, es si crees que los cerebritos de la política exterior, como yo, hemos convencido por fin al estadounidense promedio de que preste atención a los asuntos internacionales.  Tu has escrito mucho sobre el libre comercio y su impacto en la clase media de EEUU, por lo cual sospecho que estás de acuerdo con McMann: que China es un caso singular, debido a que los votantes de la clase trabajadora ven sus salarios estancados y la reducción del número de puestos de trabajo en las fábricas como algo directamente relacionado con el ascenso de China como potencia manufacturera.  Pero aún puedo tener esperanzas, ¿no?

Rana Foroohar responde

Peter, gracias por acompañarme en los Apuntes desde el Pantano durante las dos últimas semanas.  Me fascina la opinión de McMann, que encaja con una columna que pienso escribir para el lunes titulada "Es la geopolítica, estúpido".

Me resulta fascinante que las estadísticas económicas habituales, las tasas de desempleo, los aumentos salariales, incluso el PIB, hayan sido tan sólidas últimamente y, sin embargo, la confianza sea tan baja. Una gran parte de eso es debido a la manera en la cual la inflación afecta el poder adquisitivo en los Estados Unidos.  Pero eso conecta con la geopolítica: la inflación en energía tiene que ver en parte con Ucrania y con Rusia y Europa.  Creo que esto llega al punto más amplio que planteas sobre cómo la la clase media de EEUU entiende en algún nivel de su pensar que estamos atravesando un cambio de paradigma.

Estamos pasando de un mundo neoliberal en el que los mercados sabían más y todos los barcos subían de nivel con la marea, a otro en el cual la política importa y las cosas que ocurren en países pequeños y lejanos pueden cambiar la historia domésticamente.  El mundo no es plano, después de todo.  De hecho, nunca lo fue.  Como sabes, este es uno de los grandes temas de mi próximo libro, Homecoming: The Path to Prosperity in a Post-Global World (¡hey, nunca pierdas la oportunidad de promocionar un libro!), que saldrá a la venta en octubre.  Los estadounidenses entienden que el mundo está cambiando, que estamos en un nuevo conflicto de grandes potencias con China (y sus vasallos, como Rusia), que pasaremos a un mundo bipolar o (más probablemente) tripolar (con Europa sentada en medio aguantando tirones de ambos lados) y que esto traerá conflictos.  Creo que esa es una de las razones por las que aumentaron las tasas de ahorro recientemente. ¿Mi consejo? Lea menos David Ricardo y más Carl von Clausewitz.

¡Gracias de nuevo por colaborar Peter!

Peter Spiegel, Rana Foroohar

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