Nancy Álvarez
POLÍTICA. Vladimir Putin, presidente de Rusia/EFE

Rusia pretende instalar un gobierno títere en Kiev; Occidente debe responder de inmediato para evitar un cambio irreversible.

Terminó la falsa guerra.  Comenzó la guerra verdadera.  Durante varias semanas, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña creyeron que Vladimir Putin tenía la intención de invadir Ucrania a gran escala.  Ahora, eso está ocurriendo.

Todavía siguen surgiendo los objetivos concretos del ejército.  Pero ya está claro que no se trata de un ataque limitado, confinado a las regiones disputadas del este de Ucrania. Se han escuchado explosiones en la capital ucraniana, Kiev.  Y hay informes de tropas rusas que cruzan la frontera desde Bielorrusia, que es la ruta más corta y directa hacia Kiev.

Los servicios de seguridad occidentales, que hasta ahora han anticipado con precisión el curso de los acontecimientos, creen que Putin pretende derrocar al gobierno ucraniano e instalar un régimen títere en su lugar.  Esta estrategia de "decapitación" se aplicará no sólo con el gobierno central, sino también con los regionales y locales.  Se han elaborado listas de funcionarios ucranianos que serán detenidos o asesinados.

Es probable que las tácticas militares que use Rusia sean extremadamente brutales, "el tipo de cosas que vimos en Siria y Chechenia", según un funcionario estadounidense.  El despliegue de la artillería rusa y de su fuerza aérea supondría grandes bajas militares y civiles en el lado ucraniano.  Algunas fuentes occidentales han hablado de 50.000 muertos en una semana.

El ejercito ucraniano está decidido a contraatacar.  Pero es probable que sea superado ampliamente.  El objetivo ruso puede ser rodear a Kiev y forzar el colapso o la dimisión del gobierno ucraniano, dirigido por Volodymyr Zelensky.

Los rusos no querrán involucrarse en una guerra urbana si pueden evitarlo.  También están decididos a mantener a Occidente al margen de este conflicto.  En su discurso, anunciando la invasión, Putin advirtió a los extranjeros tentados a interferir que habría “consecuencias que nunca en su historia han enfrentado”, una tenue referencia a la guerra nuclear.

Por ahora, la reacción de Occidente se limitará a las sanciones económicas. Temiendo que este momento se aproxime rápidamente, los diplomáticos estadounidenses y europeos han estado trabajando en un paquete de sanciones coordinado durante algunas semanas.  Estas se implementarán en los próximos días.

Ahora Rusia se verá afectada por sanciones financieras, individuales y tecnológicas.  Los bancos rusos se quedarán sin financiamiento.  Las personas poderosas en Rusia no podrán viajar a Occidente y verán congelados sus activos en los bancos occidentales.  Rusia quedará aislada de la tecnología de avanzada, como semiconductores y piezas para aviones.

Es probable que los efectos en la economía rusa sean profundos. Pero es poco probable que eso desvíe a Putin de su objetivo. El propio líder ruso no va a pasar hambre. En cambio, es probable que utilice la guerra que ha desatado como excusa para acabar con los últimos vestigios de libertad política en Rusia. El país se inclinará ahora hacia una dictadura a gran escala, lo cual facilitará la eliminación de cualquier disidencia de los afligidos rusos por el rumbo que ha elegido Putin.

Una ruptura económica entre Rusia y Occidente tendrá también graves consecuencias económicas para Europa y Estados Unidos.  Incluso antes de que estallara este conflicto, los precios de la energía iban en aumento.  Si Rusia corta el suministro de gas a Europa, los consumidores y la industria sufrirán mucho.  Los efectos directos se dejarán sentir con más fuerza en los países que más dependen del gas ruso, en particular Alemania e Italia.  Pero todo el mundo occidental podría caer en recesión y a la vez experimentar inflación.  Y los líderes políticos occidentales son mucho más vulnerables a la opinión pública que Putin.

Aunque la OTAN ha dejado claro que pretende mantenerse al margen de la guerra en Ucrania, existe el riesgo de que el conflicto se expanda. Un escenario que preocupa a los líderes occidentales es que la fuerza aérea rusa pueda perseguir a los ucranianos hasta el espacio aéreo polaco. Esto podría provocar enfrentamientos directos entre los rusos y Polonia, que es miembro de la OTAN. Los ataques aéreos rusos también podrían matar a estadounidenses o europeos que aún residen en Ucrania, aumentando la presión sobre sus gobiernos para que respondan.

A la vez, los gobiernos occidentales están debatiendo activamente cómo ayudar a una insurgencia ucraniana, si esta se materializa, a luchar contra una ocupación rusa.  Los partidarios de este plan de acción creen que será tanto un deber moral como un imperativo estratégico permitir a los ucranianos continuar la lucha.  A otros les preocupa que el apoyo a una insurgencia pueda convertir a Ucrania en una nueva Siria en las fronteras de Europa.

Estos debates adquirirán una urgencia creciente en las próximas semanas.  Pero, por ahora, Putin lleva la iniciativa.

Gideon Rachman

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