El presidente de Rusia Vladimir Putin, durante una visita a la agencia especial nacional ayer domingo 27 de febrero de 2022. FOTO: EFE/EPA/SERGEI GUNEYEV/SPUTNIK/KREMLIN POOL / POOL.

El error de cálculo del presidente ruso crea nuevos y graves riesgos que podrían deparar en una guerra europea a gran escala o incluso mundial.

Los ucranianos están haciendo gala de un valor excepcional al resistir los embates de las fuerzas de Vladimir Putin.  En el cuarto día del ataque, ayer domingo, las tropas rusas no habían tomado el control de ningún centro de población importante.  La segunda ciudad de habla rusa, Kharkiv, y la capital, Kyiv, se resistían.  Mientras tanto, las democracias occidentales han encontrado la voluntad de imponer sanciones de una severidad imprevista, apuntando a las reservas del banco central de Moscú y prohibiendo a algunos prestamistas el uso del sistema de mensajería financiera Swift.  Los planes del presidente ruso para una victoria fácil se han visto frustrados.

La guerra de Putin parece cada vez más un error de cálculo.  Sin embargo, eso podría hacerlo más peligroso.  El domingo, mientras su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelensky, aceptaba mantener conversaciones en la frontera con Bielorrusia, Putin puso sus fuerzas nucleares estratégicas en alerta especial.

La intensidad de la resistencia ucraniana refleja en parte la reconstrucción de su ejército desde 2014.  Ya no se trata de la fuerza que carece de recursos y que fue sorprendida por la agresión rusa en Crimea y Donbás.  Desde entonces, los gobiernos de Kiev han invertido en ella y los aliados occidentales han ayudado a entrenarla.  Los misiles antitanque y antiaéreos suministrados por algunos socios extranjeros han contribuido a frenar el avance de Rusia y su capacidad para hacerse con el control de los cielos.

El desafío muestra también el espíritu del pueblo ucraniano.  Confirma el sentimiento de identidad nacional que se ha solidificado desde el oeste ucraniano, de tendencia europea, hasta el este de habla rusa.  Los ucranianos están dando muestras de gran valentía, tanto los civiles que fabrican en masa cócteles molotov como los guardias fronterizos que responden con un improperio ruso a un buque de guerra de Moscú que les exige la rendición.  A través de esfuerzos como una línea telefónica para las familias de los soldados rusos muertos y capturados, están demostrando una humanidad común.  Su presidente, un actor-comediante, se ha convertido en un líder de guerra capaz e inspirador, quien se niega a huir de la capital.

Conmocionadas por la agresión de Putin, y avergonzadas tal vez por no haber hecho más para evitarla, las democracias internacionales están respondiendo finalmente con medidas financieras y económicas punitivas, y cambios drásticos en la política.  Alemania ha abandonado su antigua negativa de exportar armas a zonas de conflicto para poder abastecer a Ucrania, y ha prometido un enorme aumento del gasto militar.  Las sanciones de los bancos centrales y de Swift son un gran paso para dejar a Rusia fuera del sistema financiero mundial.  Ayer domingo, los rusos hacían cola en los bancos y cajeros automáticos para retirar dinero.

El ejército ucraniano sigue enfrentándose a una situación abrumadora.  Pero cada día que retiene a las fuerzas de Putin multiplica los costos que Rusia sufrirá.  Las guerras prolongadas son caras, y el inesperado vigor de la resistencia ucraniana amplifica los efectos de las sanciones financieras occidentales.  Sin embargo, esto conlleva nuevos riesgos.  Uno de ellos es que el colapso del rublo y la espiral de precios podrían provocar una reacción entre los rusos que nunca buscaron esta guerra, no contra Putin, sino contra Occidente.  Las comunicaciones destinadas a traspasar la propaganda estatal para llegar a los rusos ordinarios son vitales.

Otro temor es que la lentitud de los avances en Ucrania incite a Putin a ordenar a su ejército que utilice sus armas más terroríficamente destructivas, también contra los civiles.  O quizás el presidente de Rusia, al sentirse acorralado, podría verse tentado a arremeter más allá de Ucrania.  Poner sus fuerzas nucleares en alerta, con el objetivo de intimidar a Occidente, es una peligrosa escalada de un líder que ha hecho que la doctrina nuclear rusa sea la más amenazante desde la era soviética.  Sin embargo, un rápido sometimiento de su vecino habría aumentado el riesgo, también, de que un Putin envalentonado intentara ir más allá.  El mundo está viviendo un momento peligroso.  Los ucranianos le están ofreciendo una lección de fortaleza.

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