FOTO: Cortesía Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández

WASHINGTON.— La pandemia del COVID-19 no ha sido barrera para el Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández que, con sus coloridos trajes y mascarillas y exquisitas coreografías, ofreció la noche del viernes un programa espectacular en el Teatro Lincoln. El grupo celebra 70 años de existencia con una cautivadora gira nacional que destaca las tradiciones de la danza mexicana.

La presentación en el Teatro Lincoln, con las boletas agotadas, ofreció al público todo lo que el Ballet ha sabido dar desde su fundación en 1952: un festín visual y teátrico que asalta los sentidos, desde los coloridos trajes hasta la música, el zapateado y la armoniosa coreografía.

En declaraciones a la prensa esta semana, Viviana Basanta Hernández, directora artística del Ballet, afirmó que EE. UU. ha sido la “segunda casa” del grupo y la presentación en el Teatro Lincoln era importante para mostrar tanto las coreografías de hace 70 años como unas más actuales.

FOTO: Cortesía Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández

Así, el grupo de 60 bailarines y músicos embarcó a la audiencia en un tránsito por México y sus regiones, con danzas como “Azteca”, que reconstruye los rituales aztecas antes de la conquista; “Sones Antiguos de Michoacán”, una danza moderna que constituyó la primera obra de Hernández inspirada en el folclor, y “Tarima de Tixtla”, una alegre danza originaria de Guerrero con fuerte zapateado y ajetreo de faldas.

También evocó la complicada historia de México desde la época precolombina hasta la era moderna, pasando por la Revolución mexicana. En la danza “Revolución”, las bailarinas lucieron trajes de soldaderas y simulacros de rifles para rendir tributo a las mujeres -Adelitas- que jugaron un papel importante en la prolongada guerra entre 1910 y 1920.

FOTO: Cortesía Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández

Es que los nueve bailes de este programa representan también, a través de la confección de coloridos trajes típicos, impecables bordados, sarapes y rebozos, las distintas facetas de una cultura marcada por el mestizaje.

En esta gira nacional, que concluirá el próximo 10 de abril, no podía faltar la “Danza del Venado”, una clásica representación sonorense del repertorio del Ballet que, de hecho, es considerada por la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad. En esta danza, un musculoso bailarín representa los movimientos del venado que se convierte en víctima de cazadores.

FOTO: Cortesía Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández

Como un recuerdo de la época colonial y la innegable influencia de la cultura española, la danza de la “Fiesta en Tlacotalpán” incorporó música jarocha, trajes veracruzanos y movimientos zapateados característicos del flamenco.

Además de sus clásicas danzas y música de charros, en esta ocasión, el grupo añadió piezas que evocaron cantos, juegos y juguetes de infancia muy populares no sólo en México sino también en otras partes de Centroamérica. En la danza “La vida es un juego”, sin embargo, hay un toque de sátira a través de la representación de un simpático diablo, que usa a Cupido y a la Muertecita para hilar una fascinante historia entre el novio, la novia y el amante de ésta.

FOTO: Cortesía Ballet Folclórico de México de Amalia Hernández

Para la mexicana Duly Fernández y su esposo, Carlos, la cita fue un merecido escape del crudo invierno que aún se aferra al área metropolitana de Washington.

“Estuvo espectacular, el vestuario precioso, aunque el escenario se me hizo un poco chico para este gran Ballet. Algo diferente esta vez fue ese elemento que nos remontó a nuestros años de infancia, aunque también nos mostraron los bailes tradicionales de cada estado”, dijo Fernández.

“Quedé encantada, y el hecho de que los bailarines traían mascarillas, algunos hasta doble mascarilla, es señal de que se están cuidando, de que quieren hacer las cosas bien. Es un mensaje y buen ejemplo para todos: ellos, con tanto esfuerzo están bailando y respirando de esa manera, se cuidan y nos cuidan a quienes estamos al frente”, enfatizó.

Amalia Hernández recorrió México de punta a punta, viajando a remotos pueblos en busca de danzas tradicionales que le sirvieron de inspiración para sus coreografías. Hernández falleció en 2000 a los 83 años, pero su legado continúa en las hábiles manos de su hija, Norma López Hernández y su nieto, Salvador López.

Como embajadores culturales de México, los bailarines demostraron desde la tarima tanto su rigor como su fineza y riqueza artística, cualidades que le han granjeado al Ballet más de 300 premios internacionales.

Durante casi dos horas, el grupo folclórico dejó en claro que lleva en su ADN el amor por México y su cultura, por lo que no sorprende que la presentación concluyera con gritos de “Viva México, viva México” ante un público, también con mascarillas, que respondió con ruidosos aplausos y ovaciones.