El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, durante su presentación virtual en la apertura de la cuadragésima-novena sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU esta semana. A petición de Kiev, el Consejo determinó llevar a cabo un debate urgente respecto a la invasión rusa de Ucrania. FOTO: EFE/EPA/FABRICE COFFRINI / POOL.

China cambia el tono en cuanto a las conversaciones de paz, pero sigue siendo reacia a abandonar la alianza "sin límites" con Rusia.

Las brutales tácticas de Vladimir Putin en Ucrania están aumentando la presión internacional sobre el presidente chino Xi Jinping, cuya asociación "sin límites" con el líder ruso y reticencia a criticar la agresión de Moscú contrasta con la condena y el aislamiento mundial del Kremlin.

El martes, Ucrania puso en aprietos a la administración de Xi después de que los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países hablaran por teléfono.  Según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba pidió a Wang Yi "que obligue a Rusia a detener su agresión armada contra el pueblo ucraniano", citando la sólida relación de Pekín con Moscú.

"[Wang] reafirmó el apoyo inquebrantable de China a la soberanía e integridad territorial de Ucrania", añadió Kiev.  "Aseguró a Kuleba la disposición de China a hacer todo lo posible para poner fin a la guerra en suelo ucraniano a través de la diplomacia, incluso como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU".

La semana pasada, China se negó a apoyar una resolución de la ONU que condenaba la invasión y optó por abstenerse.

La versión china de la llamada, que fue difundida después de la ucraniana, confirmaba que Wang "deploraba" la violencia y confirmaba el respeto de su gobierno hacia "la integridad territorial de todos los países".

Sin embargo, Wang matizó este último punto repitiendo el argumento de Rusia de que "la seguridad de un país no debe lograrse a expensas de la seguridad de otros países [o] ampliando los bloques militares".

Es la forma que tienen Pekín y Moscú de decir que la culpa de la crisis no es de Putin, sino de la expansión de EEUU y la OTAN tras el colapso de la Unión Soviética.  Wang también dijo que Ucrania "espera que China desempeñe un papel en la materialización de un alto al fuego", sin comprometer explícitamente a Pekín a mediar en las conversaciones.

Courtney Fung, de Macquarie University, dijo: "La relación de China con Rusia, sus crecientes intereses en el extranjero y la preocupación por su reputación internacional la convierten en un actor clave al que Ucrania puede dirigirse para mediar".

Fung señaló que Pekín había ayudado a mediar en conflictos internacionales relacionados con Corea del Norte, Afganistán y Siria.  Pero no se ofreció a desempeñar ese papel cuando Rusia se apoderó de Crimea, que es de Ucrania, en 2014 o cuando invadió Georgia en 2008.

La participación de China en las conversaciones sobre Ucrania, añadió Fung, podría ayudar a Pekín a presentarse "como un Estado responsable que trabaja para apaciguar el conflicto [y] compensar las críticas internacionales mostrando que mantener relaciones con todas las partes es un recurso útil para alcanzar soluciones políticas".

Artyom Lukin, experto en relaciones entre China y Rusia de la Universidad Federal del Lejano Oriente en Vladivostok, dijo que las declaraciones de Wang se caracterizaban por "algunos cambios de matiz".   añadió: "aunque [los chinos] mencionan las bajas civiles no dicen quién las inflige [y] también repiten sus líneas... en apoyo a la posición de Rusia".

Un asesor del gobierno chino, que pidió no ser nombrado, dijo que los funcionarios de Pekín entendían que el apoyo apenas velado de Xi a Putin, que ha sido descrito como una "neutralidad pro-rusa", estaba cada vez más en desacuerdo con la opinión internacional.

Sin embargo, añadió que la alianza, caracterizada oficialmente en una reciente cumbre entre Xi y Putin como una asociación "sin límites", llevaba años gestándose y no podía abandonarse fácilmente. Esto es especialmente cierto a la luz de lo que Pekín considera la implacable campaña de Washington para impedir el legítimo ascenso de China como potencia económica y militar.

En su discurso sobre el Estado de la Unión del martes, Joe Biden dijo que "Putin ahora está aislado del mundo más que nunca " y advirtió a Xi "no apostar contra el pueblo estadounidense".

Paul Haenle, exasesor para Asia de los presidentes George W. Bush y Barack Obama, dijo que la relación personal que Xi había forjado con Putin en la última década hacía casi imposible que Pekín se distanciara de Moscú.

Ambos se han visto en persona 38 veces desde que Xi fue nombrado jefe del Partido Comunista Chino hace una década, han celebrado juntos sus cumpleaños y se refieren uno al otro como "mejores amigos".

"Es políticamente arriesgado para cualquier persona dentro del sistema chino dar un paso adelante y sugerir que tal vez China debería reconsiderar los méritos de una alineación estratégica tan estrecha con Rusia", dijo Haenle. "Eso podría verse como una crítica directa a Xi.

"En este momento, es posible que la burocracia, el Ministerio de Asuntos Exteriores [o] los altos asesores del partido no puedan recomendar ningún cambio. Tiene que venir directamente de lo más alto, del propio Xi".

Menos de una semana después de la invasión, China se ha enfrentado a la galvanizada unidad política europea contra Rusia y al amplio apoyo público hacia Ucrania.  Este cambio quedó ilustrado en la decisión de Alemania de modificar su política exterior y de defensa para hacer frente a la amenaza rusa.

"Cuanto más aislada esté Rusia y más unida esté la UE, más difícil será para Pekín mantener simultáneamente relaciones estrechas con Moscú y buenos lazos con la UE", dijo Zsuzsa Anna Ferenczy, antigua asesora política del Parlamento Europeo que ahora trabaja en la Universidad Nacional Dong Hwa de Taiwán.

"En Europa hay deseos de actuar con más fuerza y eficacia para solidificar la disuasión y resistencia frente a las amenazas autoritarias y la coacción económica de los estados autoritarios"

Tom Mitchell en Singapur, Edward White en Seúl y Kathrin Hille en Taipei

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