Emigrantes de Ucrania que huyen de la guerra son bienvenidos en Przemysl, Polonia el 27 de febrero. FOTO: Kasia Strek para el Washington Post.

Los estallidos de bombas que acabaron con la paz en Ucrania podrían cambiar a Europa y al mundo para siempre.

En una semana de guerra, la vida dentro de las fronteras de Ucrania se ha trastocado, pero el brutal ataque que el Presidente ruso Vladimir Putin lanzó el pasado jueves también ha resonado en el mundo entero, orientando el curso de la historia hacia una nueva dirección y cambiando 75 años de relaciones entre algunos de los países más poderosos y ricos del mundo.

En Alemania, cientos de miles de personas se manifestaron en apoyo a la firmeza de la OTAN contra la agresión rusa.  Berlín ha decidido enviar ayuda militar a Ucrania, un viraje radical en un país que durante más de siete décadas ha rechazado actuar militarmente como una especie de penitencia por el genocidio Nazi y la Segunda Guerra Mundial.

En toda Europa -incluso en la neutral Suiza- los países que dependen en gran medida de Rusia para calentar los hogares y alimentar sus economías se unieron para aislar y castigar a los rusos por su agresión.  Países que hace apenas unos años se levantaban para protestar por la llegada de los migrantes que huían de las guerras y el extremismo en Oriente Medio y el Norte de África, de repente acogen a cientos de miles de refugiados.

En Estados Unidos, la invasión creó un breve y casi desorientador momento de unidad, ya que demócratas y republicanos por igual - con las destacadas excepciones del expresidente Donald Trump y algunos de sus partidarios más acérrimos en los medios de comunicación y la política - denunciaron a Putin y abrazaron las paralizantes sanciones de la administración Biden contra Rusia.

"En la batalla entre la democracia y las autocracias, las democracias se están imponiendo, y el mundo está eligiendo claramente el lado de la paz y la seguridad", declaró el martes por la noche el Presidente Joe Biden en su discurso sobre el estado de la Unión.

En una semana, la guerra en Ucrania ha alejado la atención del mundo de la pandemia del coronavirus, de la inflación y de los problemas de la cadena de suministro, y de problemas más crónicos como el cambio climático.

Las guerras regionales suelen causar estragos más allá de los campos de batalla; la guerra civil de Siria, por ejemplo, absorbió de forma similar a Estados Unidos, las potencias de Europa Occidental y Rusia.  Pero la guerra en Ucrania ha reestructurado casi instantáneamente la dinámica del poder mundial, en parte por la insistente amenaza nuclear de Putin y en parte porque el mundo se ha interconectado mucho más en los últimos años, en el comercio, la tecnología, los medios de comunicación y la política.

"En menos de una semana, se ha producido un cambio fundamental, ya que los europeos se han dado cuenta de que tienen que asumir más responsabilidad sobre su propia defensa", dijo Steven Pifer, exembajador de Estados Unidos en Ucrania, y ahora miembro del Centro de Seguridad y Cooperación Internacional de la Universidad de Stanford.  "En menos de una semana, cinco décadas de actitudes alemanas hacia Rusia se voltearon de cabeza".

Un día antes de la invasión rusa, dijo Pifer, "nadie habría predicho tanto cambio: la unidad en torno a las fuertes sanciones contra Rusia, el giro radical de Alemania, la adhesión de Suiza a las sanciones de Unión Europea, el pueblo estadounidense uniéndose a los ucranianos", incluso cruzando líneas partidistas e ideológicas.

Los países con fuertes vínculos con Rusia se han negado a unirse a las naciones occidentales en la imposición de sanciones a Moscú, pero tampoco han apoyado plenamente la acción de Putin.  India, que depende de Moscú para la mayoría de su armamento de avanzada, se abstuvo en una votación de las Naciones Unidas para condenar la invasión.  China pidió un final negociado del conflicto, aunque su ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, dijo que "la parte china entiende las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia".

La agresión de Putin ha puesto en guardia a los halcones de China en Estados Unidos.  El líder de la minoría en la Cámara de Representantes, el Republicano Kevin McCarthy, representante de California, pidió el martes por la noche que Estados Unidos intensifique el apoyo militar a Taiwán, para que China no vea la guerra en Ucrania como una señal de que ahora es el momento de actuar contra la isla.

Ninguna de las acciones concertadas contra Moscú ha desviado hasta ahora a Putin de su objetivo de derrocar al gobierno democráticamente elegido de Ucrania y obligar al antiguo estado de la república soviética a volver a la órbita rusa.  Pero además de aislar a Rusia de la comunidad mundial y asestar un golpe económico y geopolítico a una de las tres principales potencias nucleares del planeta, la rápida avalancha de acciones no militares contra Putin ha convencido a muchos líderes mundiales de que la dinámica del poder mundial ha entrado en una fase de cambio sorprendente y, quizás, duradera.

La guerra -y en particular las perspectivas de guerra mundial y conflicto nuclear- tiene un poder único para cambiar el comportamiento de las personas y las naciones.  Esta guerra, que se puede ver en todo el mundo a través de vídeos que muestran a los ucranianos enfrentándose a los tanques rusos y a los barrios residenciales carbonizados y destrozados por los misiles rusos, ha hecho que la opinión pública se oponga a Putin y a Rusia de forma tan rápida y abrumadora que las manifestaciones, las campañas de recaudación de fondos y los boicots a los productos rusos han superado en ocasiones a las medidas de los gobiernos.

Quizás el cambio más brusco se ha producido en Alemania, en el centro de Europa.  El país que estuvo en el centro de dos guerras mundiales había logrado, hasta esta semana, mantener sus pies firmemente plantados en Occidente, incluso manteniendo estrechos lazos con Rusia.  Al mismo tiempo, Alemania se ha apoyado en la alianza de la OTAN para defenderse de Rusia y ha dependido en gran medida de las exportaciones rusas de petróleo y gas.

Ahora, en un cambio repentino provocado por la guerra en Ucrania, Alemania ha decidido proporcionar armas letales a Ucrania, cortar vínculos bancarios clave con Rusia, suspender la finalización de un gasoducto entre los dos países y aumentar su gasto en defensa en un monto nunca visto.

Apenas un par de semanas después de que los políticos alemanes que apoyaron el envío de cascos a Ucrania se vieran denunciados como belicistas, en una encuesta publicada el martes, el 78 por ciento de los alemanes dijo que apoya el aumento masivo del gasto en defensa, una cifra sorprendente dada la aversión de la opinión pública alemana durante décadas al uso de la fuerza militar en el extranjero.

El esfuerzo de Putin por oponerse a lo que considera un intento de Estados Unidos y Europa Occidental de dominar Europa e invadir la esfera de influencia tradicional de Rusia ha resultado contraproducente, incluso entre un público alemán que desde hace tiempo considera a Rusia como un equilibrio útil frente al poder de Estados Unidos.

En las calles de Berlín, una multitud estimada en medio millón de personas se manifestó el domingo en favor de los ucranianos, portando carteles con dichos como - "estoy dispuesto a congelarme por la paz" - en referencia a la dependencia de Alemania del petróleo y el gas rusos para la calefacción de los hogares.  La ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, del partido de los Verdes, de fuertes raíces pacifistas, concluyó que "quizás en este día, Alemania deja atrás una forma de restricción especial y única en la política exterior y de seguridad".

El canciller alemán Olaf Scholz, que lleva menos de tres meses en el cargo, dijo que Occidente está viviendo un "Zeitenwende", es decir, un giro de épocas, una nueva era. Este cambio fue especialmente llamativo para Scholz, un socialdemócrata, porque como líder del movimiento de las Juventudes Socialistas de su país, hace décadas, se había pronunciado en contra de la "OTAN agresiva-imperialista" y había llamado a "superar la economía capitalista".

Pero si la guerra de Rusia contra Ucrania anuncia una nueva época, "¿cómo es esta nueva época?", se preguntó Jackson Janes, presidente emérito del Instituto Estadounidense de Estudios Alemanes Contemporáneos de la Universidad Johns Hopkins.  "¿Esto es la Guerra Fría 2.0?  En una semana se ha producido un gran cambio en gran parte del mundo, pero ¿es sostenible? ¿Y si se corta el gas en Berlín? ¿Cuánto dura esta unidad?"

Sea cual sea el giro político que dé Alemania ahora, "todavía tiene que lidiar con los rusos", dijo Janes. "La geografía no cambia".

Si la proximidad geográfica al frente de batalla está haciendo que esta guerra sea más aterradora para los europeos - la llegada de casi un millón de migrantes que huyen de Ucrania hacia Polonia y otros países vecinos está haciendo que la guerra se sienta aún más cerca de casa para muchos europeos -, entonces la distancia geográfica puede tener un efecto opuesto en las actitudes de Estados Unidos hacia la guerra.

"Tendremos que ver cuánto tiempo puede mantenerse esta coalición", dijo Janes.  "Las presiones económicas - inflación, energía - no van a desaparecer. Los europeos se alegran de que estemos todos de acuerdo, pero todos los dirigentes alemanes con los que hablo dicen: "Sí, Estados Unidos ha vuelto, pero ¿por cuánto tiempo?  Tienen mucho miedo a 2024 y a un regreso de Trump o de una figura parecida a la de Trump".

Trump, que ha indicado con firmeza que tiene la intención de volver a presentarse en las elecciones presidenciales, admira desde hace tiempo a Putin y ha elogiado su "genialidad" en el periodo previo a la invasión rusa a Ucrania.  Trump también ha pregonado su "buena relación" con el presidente ruso, sembrando duda sobre el rigor de la oposición de Estados Unidos hacia Rusia, bajo su liderazgo.

La respuesta mundial a la invasión casi ha paralizado la economía rusa, pero el conflicto también ha sacudido los mercados de todo el mundo, ralentizando el flujo de alimentos y energía, y poniendo en peligro la recuperación de las cadenas de suministro y el empleo a comienzos de un tercer año de pandemia.

Aunque muchos europeos dicen estar dispuestos a sacrificarse en favor de los ucranianos asediados, aún no está claro si ese estado de ánimo se extiende al otro lado del océano, ya sea en la opinión pública o entre los funcionarios electos.  Algunos Republicanos en el Congreso volvieron por el momento a un bipartidismo tradicional en lo que respecta a la política de defensa frente a una guerra exterior, pero quedó claro en el discurso de Biden sobre el Estado de la Unión que cualquier apariencia de unidad era efímera, especialmente en un año electoral.

"Estamos todos juntos en este punto, y tenemos que estar juntos sobre lo que se debe hacer", dijo a principios de esta semana el líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, Republicano de Kentucky.

Pero incluso los Republicanos que abrazaron el énfasis de Biden en las duras sanciones contra Rusia dejaron claro que no tienen intención de dejar de atacar a Biden en todos los frentes, incluida la política exterior.  "Está dejando que Europa lidere en lugar de que Estados Unidos lidere", dijo McCarthy al presentador de Fox News Sean Hannity tras el discurso de Biden.

Ni siquiera una guerra de alcance mundial puede salvar las divisiones culturales y políticas del país, y se está por ver cuánto tiempo permanecerá unificada la opinión pública, que ahora muestra que una gran mayoría de estadounidenses apoya la respuesta contundente a la agresión rusa.  La guerra en Ucrania no niega los esfuerzos de al menos tres presidentes consecutivos de Estados Unidos por cambiar el enfoque de la política exterior estadounidense hacia China y Asia.

Incluso si la atención estadounidense sobre Ucrania se desvanece con el tiempo, el papel de Rusia en Europa y más allá no puede ser ignorado.  Y aunque Estados Unidos no depende de la energía rusa, gran parte de Europa sí.  Rusia produce cerca del 10 por ciento del petróleo y el gas del mundo, y Rusia y Ucrania exportan cerca del 30 por ciento del suministro de trigo del planeta, por lo cual la guerra entre estos países seguirá teniendo un impacto desestabilizador lejos de Kiev y Járkov.

En gran parte de Europa, la idea de que las superpotencias agresivas se salen con la suya frente a las naciones más pequeñas se ha dado por sentada a lo largo de la historia.  Pero después de la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y el colapso de la Unión Soviética unos dos años más tarde, muchos europeos creyeron que al unirse en una Unión Europea y alinearse con Washington en la OTAN, habían creado una nueva dinámica bajo la cual la fuerza bruta ya no era el factor principal en de la competencia entre naciones.

La guerra en Ucrania está poniendo a prueba esta idea.  Incluso si los aliados de la OTAN y otros países mantienen su unidad, no está claro que sus esfuerzos coordinados contra Rusia tengan el efecto deseado.

Como mínimo, Occidente ha dejado claro que la percepción de Putin de debilidad y discordia en las democracias del mundo no era del todo exacta.

Para Putin, ver ahora a un Occidente unido que se alinea para tomar medidas duras contra él "debería lógicamente hacer que el presidente ruso dé un paso atrás y reconsidere lo que ha hecho", dijo Pifer.  "Pero su narrativa durante mucho tiempo ha sido que Occidente va a por él. Desgraciadamente, puede que esta respuesta unificada confirme esa narrativa que tiene en su cabeza".

(c) 2022, The Washington Post - Marc Fisher

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