En mejores tiempos, antes de que Rusia invadiera Ucrania, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo y Janez Jansa, primer ministro de Eslovenia, participaron en la cumbre de la llamada Sociedad del Este en diciembre pasado. FOTO: Bloomberg por Valeria Mongelli.

En Alemania la prueba es el histórico despliegue militar anunciado en respuesta a la invasión a Ucrania por parte de Putin.

Durante décadas, el dinero, la energía y el poderío militar rusos mantuvieron a Europa esclavizada.  Pero a medida que los cohetes del presidente ruso Vladimir Putin llueven sobre las ciudades ucranianas, un clamor resuena en los salones del poder, las salas de juntas y las esferas culturales de un continente: no más.

Europa occidental evaluó a Putin durante años de la misma manera que gran parte del mundo sigue viendo el cambio climático: como una amenaza intangible, que merece un debate serio, pero que aún no es lo suficientemente real o existencial como para justificar una acción que altere la sociedad.  Ahora que el peligro está tocando las puertas de Europa, el continente ha empezado a despertar.

En Alemania, una nación que rehuyó a la confrontación con Moscú tras la caída del Muro de Berlín, la prueba es el histórico despliegue militar anunciado en respuesta a la invasión a Ucrania por parte de Putin.  Berlín también suspendió un nuevo gasoducto que iba a alimentar las fábricas alemanas con gas ruso durante generaciones.  Pero igual de revelador es el modo en que Gerhard Schröder -un ex canciller alemán que se había mostrado cercano a Putin- se está convirtiendo en un paria nacional.

El exlíder que logró puestos lucrativos en empresas rusas, ha visto cómo sus aliados lo han abandonado y cómo algunos colaboradores indignados le han renunciado por no criticar la invasión.  Incluso su club de fútbol favorito, el Borussia Dortmund, lo apartó de un puesto honorífico.

Cuando Moscú anexó Crimea y las fuerzas respaldadas por Rusia se apoderaron de partes del este de Ucrania en 2014, los titanes alemanes de la industria se mostraron cautelosos e instaron a la entonces canciller Angela Merkel a actuar con parsimonia.  En cambio, ahora se levantan sus voces.  El gigante industrial con sede en Múnich, Siemens -cuyo director general incluso viajó a Moscú para cortejar a Putin en marzo de 2014 -, ha suspendido la mayoría de sus operaciones en Rusia. BMW y Mercedes-Benz han suspendido las exportaciones y la producción en Rusia.  Adidas, con sede en Baviera, se retiró de un acuerdo comercial con la Unión del Fútbol de Rusia.

Asimismo la tolerancia de la gente hacia los apologistas de Putin se evapora; el director de orquesta ruso Valery Gergiev fue despedido de la Orquesta Filarmónica de Múnich por no pronunciarse en contra de su viejo amigo en el Kremlin.  El representante alemán de Gergiev decidió no seguir teniéndolo como cliente.

"A la luz de la guerra criminal emprendida por el régimen ruso contra la nación democrática e independiente de Ucrania, y contra la sociedad abierta europea en su conjunto, se nos ha hecho imposible, y claramente inoportuno, defender los intereses del maestro Gergiev", dijo el agente, Marcus Felsner, en un comunicado.

Para entender el cambio radical, se debe comprender la mentalidad alemana: existe un anhelo de estabilidad y paz en Europa tras los horrores de Adolf Hitler, y cierta tolerancia hacia Moscú como el precio aceptable de la paz.  Desde la reunificación, Alemania ha coexistido como miembro de la OTAN y como interlocutor comprensivo entre Occidente y Rusia.  Cuando Merkel trató de imponer sanciones a Rusia tras su agresión inicial en Ucrania en 2014, las encuestas mostraron que una mayoría de alemanes estaba en contra.

Pero veamos el presente.  Alemania – la cual abrazó el pacifismo tras la Segunda Guerra Mundial - abandonó su larga resistencia a enviar armas a zonas de conflicto y ha enviado armas a Ucrania.  Y lo que es más importante, el nuevo canciller Olaf Scholz, que en su momento se mostró renuente a hablar de Moscú, anunció un aumento histórico del gasto militar para hacer frente a la amenaza rusa.  La naturaleza de la "remilitarización" alemana requerirá un serio debate interno y contará con una fuerte oposición por parte de algunos. Sin embargo, una encuesta reciente encontró que el 78 por ciento de los alemanes apoyaba el plan de Scholz, lo que refleja el reconocimiento de la nueva amenaza rusa.

"Los alemanes no quieren la guerra, no quieren armas nucleares, y se debatirá cómo reaccionar correctamente sin provocar más acciones por parte de Rusia", señaló Stefan Meister, experto en política del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores.  "Todavía no está claro hacia dónde irá la opinión en las próximas semanas.  Pero [la invasión a Ucrania] es una conmoción para la sociedad.  Si Rusia gana esta guerra, lo cual es muy probable, la pregunta es: ¿qué viene después?"

Los países de Europa del Este - Polonia y los países bálticos – sonaron las alarmas sobre Rusia durante años.  Ahora, las partes occidentales del continente no solo escuchan, sino que lideran la imposición de sanciones contra Putin y un replanteamiento de la defensa regional para hacer frente a la amenaza rusa.

En Francia, donde el presidente Emmanuel Macron intentó el diálogo con Putin antes de la invasión, una nueva encuesta indica que el 84 por ciento de los encuestados cree que no se puede "negociar" con Putin y 7 de cada 10 respaldaron el envío de armas a Ucrania. Sorprendentemente, una mayoría - el 53 por ciento - respaldó incluso una medida descartada por los líderes de Washington y las capitales europeas: la intervención de las fuerzas armadas de la OTAN en Ucrania.

Mientras los líderes europeos se preparan para una cumbre de defensa el 10 de marzo en Versalles (Francia), Macron aprovecha el momento para impulsar su visión de un ejército europeo, o la construcción de una fuerza propia y contundente que no dependa, como la OTAN, de los caprichos de quien habita la Casa Blanca.

"No podemos dejar que otros nos defiendan; ya sea en tierra, en el mar, bajo el mar, en el aire, en el espacio o en el ciberespacio", dijo Macron en un discurso televisado el miércoles por la noche. "Nuestra defensa europea debe dar un nuevo paso".

El histórico impulso de una defensa colectiva más fuerte en Europa es la culminación de un despertar a la amenaza rusa tras años de sonambulismo ante la agresión de ese país. Pero también es un reconocimiento de la imprevisibilidad de la política estadounidense.  Las encuestas muestran que el apoyo del público al presidente Joe Biden y al anterior presidente Donald Trump, que ha elogiado a Putin, es más o menos similar.

"Tiendo a pensar que esto podría ser un punto de inflexión que lleve a Europa a ser mucho más consciente de cuidar su propio interés", señaló William Drozdiak, experto en asuntos europeos del Wilson Center y experiodista del Washington Post.  "Esto es lo que piensa Macron.  Desde los días de la era Trump, Europa ya no podía contar con las garantías de seguridad de EEUU".

Los europeos occidentales son los típicos rezagados contra Rusia.  Pero el ministro de finanzas francés, Bruno Le Maire, no se ha andado con rodeos a la hora de señalar el protagonismo que están adquiriendo algunas de las sanciones económicas más demoledoras jamás aplicadas.

"Estamos librando una guerra económica y financiera sin cuartel contra Rusia", afirmó Le Maire a la radio France Info.

Una larga lista de empresas europeas de gas y petróleo - BP, Shell y Equinor - están retirando sus inversiones de Rusia, golpeando al Kremlin donde más le duele: su sector energético.  El gobierno de Gran Bretaña, una nación inundada de ganancias mal habidas de los oligarcas rusos, es acusado de hacer muy poco y demasiado tarde para frenar los miles de millones que gastaron los amigos de Putin en mansiones de Belgravia, clubes privados y escuelas de élite.

Pero para el pueblo británico la amenaza rusa se ha cristalizado.  En una encuesta realizada en septiembre por YouGov, el 34 por ciento de los británicos consideraba a Rusia una "amenaza hostil".

Tras la invasión rusa a Ucrania, esa cifra prácticamente se duplicó, alcanzando el 64 por ciento.

The Washington PostAnthony Faiola.

Lea el artículo original aquí.