Angelle Haney Gullett en su hogar de Los Ángeles. Luego de la muerte de su padre contactó a 25 terapistas y no encontró a ninguno que estuviera aceptando nuevos clientes. FOTO: Allison Zaucha para el Washington Post.

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El problema en este tipo de asesoramiento ha existido en EEUU desde mucho antes de la pandemia.

Angelle Haney Gullett perdió a su padre en septiembre y sabía que iba a necesitar terapia para transitar el duelo.  Se puso en contacto con 25 terapeutas de la zona de Los Ángeles, donde vive, entre principios de octubre y Navidad, y realizó un seguimiento minucioso de sus esfuerzos en una hoja de cálculo.

Ninguno estaba dispuesto a aceptar a una nuevo paciente.  En la mayoría de los casos, sus listas de espera también estaban cerradas, aunque Gullett estaba dispuesta a pagar cientos de dólares en efectivo por cada sesión.  Pasó la Super Bowl de febrero entre lágrimas, viendo a los Cincinnati Bengals, el equipo del cual su padre era aficionado.

"Estoy en una gran ciudad.  Estoy en Los Ángeles.  Tenemos muchos terapeutas", dijo. "Así que me parece una locura que haya tanta gente trabajando al máximo de su capacidad".

Desde hace años, mucho antes de que comenzara la pandemia de coronavirus, resulta difícil encontrar asesoramiento en materia de salud mental en gran parte de Estados Unidos.  Pero ahora, después de dos años de estrés, confusión y pena incesantes, muchas personas que buscan ayuda se enfrentan a un sistema que está al límite de su capacidad, y cuya deficiencia para este momento queda claramente expuesta.

Es aún más difícil encontrar atención especializada para los niños o las personas de menores ingresos.  La asistencia de cualquier tipo escasea en las zonas rurales, donde todas las opciones de atención sanitaria son más limitadas que para los residentes de las ciudades y los suburbios.  Los que esperan encontrar un terapeuta negro o latino tienen opciones aún más limitadas.

Aunque todas esas circunstancias se evidencian desde hace tiempo, la pandemia ha empeorado significativamente las condiciones, según indican los profesionales de la salud mental, los funcionarios de las asociaciones profesionales, las personas que buscan atención y una amplia variedad de datos disponibles.

"Es lo peor que ha pasado", dijo Kelly Roberts, directora de los Programas de Posgrado en Ciencias Humanas de la Universidad Cristiana de Oklahoma en Edmond.  "Nunca lo había visto a este nivel".

En el Boston Medical Center, el hospital de la red de seguridad de la ciudad, el personal comenzó recientemente a ponerse en contacto con los padres de los niños que se unieron a la lista de espera de 170 personas en abril de 2021 - una espera de 10 meses para obtener servicios, contó Christine Crawford, psiquiatra infantil del centro, quien también es directora médica asociada de la Alianza Nacional de las Enfermedades Mentales.

En una sucursal de 20 profesionales de la agencia sin ánimo de lucro OhioGuidestone, en Columbus, la lista de espera cuenta ahora con entre 150 y 200 nombres, casi el doble de lo habitual.

El número telefónico del gobierno federal para asistencia de salud mental y el abuso de sustancias atendió 833.598 llamadas en 2020, un 27 por ciento más que en 2019, antes de que comenzara la pandemia.  En 2021 la cifra volvió a aumentar, hasta 1,02 millones.

Cuando la Asociación Estadounidense de Psicología (APA por sus siglas en inglés) realizó una encuesta entre sus miembros el pasado otoño, constató un aumento de la demanda y de las nuevas derivaciones, sobre todo para los trastornos relacionados con la ansiedad, la depresión y los traumas.  Sin embargo, el 65 por ciento de los más de 1.100 psicólogos que respondieron dijeron que no tenían capacidad para recibir nuevos pacientes, y el 68 por ciento afirmó que sus listas de espera eran más largas que en 2020.

En diciembre, el Cirujano General de EEUU, Vivek Murthy, emitió una advertencia sobre "la necesidad urgente de abordar la crisis de salud mental de los jóvenes de la nación".  Y el 1 de febrero, una comisión del Senado celebró una audiencia para abordar el creciente problema de salud mental y abuso de sustancias que tiene el país.

"Los problemas de salud mental suelen resultar del estrés", dijo Mitch Prinstein, director científico de la Asociación Estadounidense de Psicología, que representa a 133.000 psicólogos, investigadores, educadores, entre otros. "Esto no es una sorpresa".

Prinstein y 35 colegas predijeron la situación actual con notable claridad en un "llamado a la acción" en la revista American Psychologist en agosto de 2020.

"Es bien sabido que los factores psicosociales tóxicos que ha creado la pandemia (por ejemplo, los riesgos físicos, las interrupciones diarias, la incertidumbre, el aislamiento social, las pérdidas económicas, etc.) afectan negativamente la salud mental (y, por lo tanto, también la salud física), y juntos incluyen muchas características que fueron identificadas como las que tienen mayores efectos negativos", escribieron.

Es casi imposible generalizar sobre el estado en que se encuentra toda la profesión de la salud mental en una sociedad tan amplia y variada como la de Estados Unidos.  Cientos de miles de especialistas trabajan en una gran variedad de entornos, como escuelas, hospitales, empresas privadas, organismos sin ánimo de lucro, clínicas independientes, centros ambulatorios y consultorios privados.

La terapia conversacional, tradicional individual es ofrecida por profesionales con niveles de formación muy diferentes, como psicólogos clínicos, que tienen títulos de doctorado; psiquiatras, que tienen títulos de médico y pueden recetar medicamentos; trabajadores sociales clínicos, terapeutas matrimoniales y familiares, consejeros profesionales autorizados y otros.

La frustración que algunas personas sienten al intentar reservar citas con uno de ellos apunta a las graves consecuencias de la pandemia de dos años y a un sistema de salud mental que simplemente no está preparado para manejar las demandas actuales.

En Avon (Indiana), Rowan Welch, de 24 años, gerente de un equipo bancario, dice que se ha puesto en contacto con todos los proveedores de la red de su plan de seguros en un radio de 50 millas, sin éxito.  "Sigo buscando, después de investigar en un radio de 50 millas", dijo Welch. "No hay mucho más que pueda hacer".

En Nueva York, Flora Stamatiades, quien suele hacer trabajos temporales diversos yque depende de un seguro que adquirió a través de la bolsa estatal, dijo que lleva más de un año buscando un terapeuta de forma intermitente.  Está utilizando una lista proporcionada por el Fondo para Actores, que tiene disponible debido a su trabajo como responsable de seguridad contra el Covid para un espectáculo que ahora está en etapa de ensayo.  Está en una lista para acceder a una posible plaza esta primavera.

"Nunca, jamás, se me ocurrió que no podría encontrar un terapeuta cuando lo necesitara", dijo Stamatiades, de 55 años, que dejó su trabajo en la Actors' Equity Association en 2018 después de 24 años.  "Puede que tenga que esperar unos meses. Eso me pasó. Habría estado bien.

"En realidad no es un problema nuevo", añadió. "Ahora simplemente es desesperante".

Y Toni Powell, directora asociada de calidad clínica de UnitedHealthCare en Austin, dijo que se ha contactado con unos 50 proveedores, en línea y por teléfono, sin encontrar uno que pueda ayudar con los problemas de comportamiento que presenta su nieta de 5 años. Powell está criando a la niña, que, según explica, sufre importantes deficiencias por la exposición al alcohol en el vientre, fibrosis quística, traumas y otras afecciones.

La niña necesita ser atendida en persona.  Ese es un obstáculo para encontrar terapia, ya que muchos proveedores se trasladaron a Internet cuando comenzó la pandemia, dijo. Recientemente, Powell comenzó a reunirse con un especialista en línea, con la esperanza de que el profesional atienda a su nieta en persona en los próximos meses.

"No hay suficientes [proveedores], o su especialidad no incluye lo que tu niño necesita", dijo. "Y luego, por supuesto, está la pandemia".

Gullett, guionista de 47 años, también quería hablar con un terapeuta en persona, lo que redujo sustancialmente sus posibilidades de encontrar a alguien.  Ahora compite con un número incalculable de personas que ven la oportunidad de salir de la pandemia y su impacto psicológico.

"Todos estamos viviendo un evento de trauma masivo, y eso incluye a los terapeutas, por lo que su capacidad de ayuda se ve comprensiblemente afectada", dijo.  "Y muchas más personas necesitan acceder a la atención".

Al no poder encontrar terapeuta, ella ha recurrido al autoayuda: yoga, escritura, libros sobre el duelo y aplicaciones online que han servido de parches.  El condado de Los Ángeles ofreció a los residentes suscripciones gratuitas a una de estas ayudas. Cree que otras personas pueden encontrar ayuda en los grupos de apoyo, incluso en los que se ofrecen en línea.  Pero para ella las alternativas han sido insuficientes.

"Solo necesito cierta guía para atravesar este proceso", dijo, "y eso no ha estado disponible".

En las entrevistas, los terapeutas y los expertos citaron las causas obvias del retraso: el daño psicológico y emocional de la prolongada interrupción durante la pandemia, la incertidumbre continua sobre el futuro, el miedo a la infección, el estrés financiero por la pérdida de puestos de trabajo, el dolor por la muerte de seres queridos, la pérdida de interacción social y, especialmente para los niños, la circunstancia antinatural del aislamiento en el hogar.

Pero también señalaron otros factores.  Personas que nunca habrían acudido a terapia están ahora más dispuestas a considerarla a causa de la pandemia, lideradas por una generación más joven que ve menos estigma en el reconocimiento de la enfermedad mental, dijo Saul Levin, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que representa a más de 37.000 psiquiatras.

"El covid, en cierto modo, expuso ante el público en general las enfermedades mentales que la mayoría siempre ignoró", dijo Levin. "La gente ha acudido mucho más a la atención de salud mental gracias al covid".

Sin embargo, la cobertura de los seguros y las plazas de formación para los nuevos psiquiatras están muy por debajo de la demanda, señaló Levin. En su discurso sobre el Estado de la Union de la semana pasada, el presidente Joe Biden propuso un gran aumento de proveedores de servicios de salud mental.  En una hoja informativa, la Casa Blanca señaló que más de un tercio de los estadounidenses viven en zonas consideradas con escasez de profesionales de la salud mental.

"Debemos ampliar drásticamente la oferta, la diversidad y la competencia cultural de nuestra fuerza de trabajo en materia de salud mental y trastornos por consumo de sustancias -desde psiquiatras hasta psicólogos, pasando por compañeros y paraprofesionales- y aumentar tanto las oportunidades como los incentivos para que ejerzan en las zonas más necesitadas", comunicó la Casa Blanca.

La terapia en línea, una bendición para los pacientes y los médicos, especialmente en las zonas rurales, ha reducido drásticamente las ausencias y los abandonos al ofrecer la comodidad de recibir asesoramiento con solo pulsar un botón.  Esto ha reducido la disponibilidad de muchos terapeutas para aceptar nuevos pacientes, según señalan los expertos.

Algunos pacientes ahora también necesitan más tiempo para completar su tratamiento, dijo Roberts, terapeuta de Oklahoma, lo cual también retrasa la apertura de nuevas plazas.

"Es como si los vagones estuvieran averiados y se amontonaran en fila, y todo el mundo intentara averiguar cómo volver a ponerlos en marcha", dijo.

D. Giovanni Scott, doctora privada de Washington, señaló que la gente renunció al seguro y al acceso a los programas de asistencia a los empleados cuando perdieron o dejaron sus empleos durante la pandemia.  Para adaptarse a la demanda, dijo, ofrece a algunas personas la opción de tomar sesiones de terapia quincenales cuando es apropiado, y trata de retener a algunos pacientes que solo pueden pagar a través del seguro, a pesar del bajo nivel de reembolsos.  Mantiene su lista de espera corta, sin querer ofrecer una esperanza poco razonable a las personas que buscan una vacante.

Scott, quien es negra, así como otros han dicho que la injusticia racial y las protestas de 2020 contra la violencia policial también han conducido a más personas a sus consultas.

Crawford, psiquiatra infantil de Boston, contó que el regreso a la escuela ha permitido a los profesores y a otras personas evaluar las necesidades de los niños que han sido atendidos solo por sus padres en los últimos meses.  El resultado ha sido un gran aumento de las asignaciones a un grupo de profesionales de la salud mental que no se ha ampliado.

"Otros adultos y profesores son capaces de evaluar a estos niños", dijo, y están "resaltando cosas preocupantes sobre problemas de comportamiento y emocionales".

Según la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente, solo hay 8.300 psiquiatras infantiles en actividad en Estados Unidos para los más de 15 millones de jóvenes que los necesitan.  Los pediatras están haciendo las evaluaciones iniciales, dijo Crawford, y solo los casos más graves llegan a ella.  Los niños que se consideran un peligro para sí mismos o para los demás son retenidos habitualmente en las salas de urgencias de los hospitales durante una o dos semanas a la espera de camas en lugares adecuados, explicó.

Algunos proveedores esperan que la crisis sirva para restructurar un sistema de salud mental que se creó después de la Segunda Guerra Mundial y que siempre ha estado orientado a las crisis, infundiendo conciencia y técnicas de salud mental en las escuelas, en los lugares de trabajo y otras partes de la sociedad.  Hacer simplemente más de lo mismo no funcionará, dijo Prinstein.  El plan de Biden contiene algunos elementos de renovación del sistema.

Y no hay duda de que Estados Unidos necesita más profesionales, según los expertos.

"La nación está en medio de una epidemia de salud mental, y depende de las agencias de salud de comportamiento encontrar soluciones que atraigan y retengan a los empleados que pueden proporcionar acceso a una atención de salud mental de calidad", dijo en un comunicado Brant Russell, presidente y director General de OhioGuidestone, la agencia sin ánimo de lucro.

Pero no será lo suficientemente rápido para Gullett y otras personas que buscan ayuda hoy.  "La mayoría de la gente se ha rendido. Que yo sepa, nadie está buscando ahora mismo", dijo. "Parece que no hay expectativas de que esto vaya a cambiar".

(c) 2022, The Washington Post - Lenny Bernstein

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