Los representantes ante la UE de Suecia (Hans Dahlgren - D) y Finlandia (Tytti Tuppurainen - I) durante una rueda de prensa conjunta en Estocolmo. FOTO: EFE/EPA/CHRISTINE OLSSON SWEDEN OUT.

En las zonas inhóspitas de Escandinavia, más de 30.000 soldados realizan ejercicios con municiones activas en el denominado Cold Response, uno de los mayores ejercicios militares de Occidente desde el final de la Guerra Fría.  Sin embargo, la misión de entrenamiento en Noruega -que es miembro de la OTAN- planeada mucho antes de la invasión rusa a Ucrania, ha adquirido una nueva urgencia y está enviando un poderoso mensaje a Moscú: Unidos, los aliados se mantienen fuertes.

No obstante, para dos de las 27 naciones participantes en Cold Response -Finlandia y Suecia- los ejercicios también son un consuelo de pobres. Como sugiere su presencia, ambas naciones están profundamente integradas a Occidente.  Pero históricamente no alineadas, ninguna pertenece a la OTAN.  Esto los deja incómodamente fuera del paraguas de defensa de la alianza que establece que atacar a uno es atacar a todos.

A pesar de ello, la creciente amenaza rusa está propiciando un debate histórico en ambos países sobre los riesgos repentinamente irónicos de abrazar la cautela sobre la adhesión a la OTAN.  Los suecos y los finlandeses ven atónitos el brutal asedio ruso de las ciudades ucranianas y observan con atención la limitada respuesta militar de la OTAN a una guerra que está ocurriendo en una nación que no es miembro.  Se están enviando armas aliadas a Ucrania a través de la frontera, un país que a diferencia de Suecia y Finlandia al menos buscó ser miembro de la alianza, aunque nunca lo logró.  También se están imponiendo sanciones económicas contundentes a Rusia.  Aunque ahora una cosa está muy clara: La OTAN no se arriesgará a una guerra nuclear con el presidente ruso Vladimir Putin enviando la caballería para defender un país que no es miembro de su club.

Esto hace reflexionar a los suecos, muy cautelosos desde hace tiempo, y sobre todo a los finlandeses, que están aún más familiarizados con la agresión rusa.  En las últimas dos semanas, las encuestas en ambos países han mostrado un cambio radical en la opinión pública a favor de la adhesión a la OTAN, una postura que ahora comparten por primera vez una escasa mayoría en ambos países.

"En Suecia, la defensa era una prioridad menor antes de la guerra de Ucrania", me dijo Anna Wieslander, directora para Europa del Norte del Atlantic Council, con sede en Estocolmo. "Ahora, es el tema número uno".

De los seis países de la Unión Europea que no son miembros de la OTAN - una breve lista que incluye también a Austria, Chipre, Irlanda y Malta - Finlandia y Suecia se consideran quizá los candidatos más probables, pero también los que más irritarían a Rusia.  Los dos países, que ya se encuentran entre los estados no miembros más cercanos a la OTAN, son Socios de Oportunidades Mejoradas, categoría en la cual también se encuentra Ucrania. En 2014 reforzaron aún más los lazos con la OTAN, firmando un acuerdo que concedía a la alianza de defensa más espacio para operar en su territorio durante los conflictos y otras situaciones de emergencia.  La OTAN ya ha acordado compartir con ambos países información sobre la guerra de Ucrania.

Sin embargo, Moscú ya ha advertido sobre las "graves consecuencias político-militares" si cualquiera de los dos países diera el paso de convertirse en miembro en pleno derecho, amenazas que aparentemente iban más allá de las simples palabras. La semana pasada, los aviones finlandeses que volaban cerca del enclave ruso de Kaliningrado sufrieron misteriosas interferencias en sus señales GPS.  El 2 de marzo, las autoridades suecas denunciaron la violación de su espacio aéreo en el Mar Báltico por parte de cuatro cazas rusos.

Sin embargo, ambos países se están movilizando para responder a una nueva era de agresión rusa.  Al igual que otras naciones europeas, Suecia ha anunciado un gran aumento del gasto en defensa y Finlandia está estudiando medidas similares.  Hace una semana, el presidente finlandés Sauli Niinistö se reunió con el presidente Biden en la Casa Blanca -sesión a la cual el líder sueco se unió de manera virtual- para discutir una mayor cooperación en materia de defensa. Cómo un siguiente paso después de una importante cumbre de la UE sobre la crisis ucraniana celebrada en Francia la semana pasada, los líderes de Finlandia y Suecia se reunirán el lunes con el primer ministro británico, Boris Johnson, en una cumbre de dos días junto a otras naciones del norte de Europa, y con el objetivo de reforzar un pacto regional de defensa.

Ambos países también han buscado recordar a los demás miembros de la UE que el bloque es algo más que una asociación basada en la economía y el comercio.  En una carta conjunta dirigida a los países miembros la semana pasada, Finlandia y Suecia sacaron a relucir el artículo 42.7 del Tratado de Lisboa, que obliga a los demás miembros a "ayudar y asistir con todos los medios a su alcance" a cualquier país de la UE que sea atacado.

Pero pocos observadores lo ven como una solución de seguridad para los dos países.  La cláusula de la UE carece de la fuerza del Artículo 5 de la OTAN, que establece el paraguas de defensa de la alianza. Para empezar, el tratado de la UE no se aplica a algunos de los ejércitos más importantes de la OTAN, como EEUU, Gran Bretaña y Turquía.  Además, dada la postura fundamental de la UE de que la OTAN sigue siendo la columna vertebral de las defensas del continente, poner a prueba el compromiso militar del Tratado de Lisboa podría acabar decepcionando peligrosamente a los países no alineados.

De los dos, Finlandia, el único Estado de la UE no perteneciente a la OTAN que comparte frontera con Rusia, es el que más rápido se está moviendo para sopesar una oferta real de adhesión.  El país ha existido durante mucho tiempo como estado tapón: pasó 700 años como parte de Suecia antes de que la anexara el Imperio ruso en 1809.  Luego de la independencia en 1917, las guerras con la Unión Soviética en la época de la Segunda Guerra Mundial fueron escenario de una feroz resistencia finlandesa.  Un tratado de 1948 con Moscú intercambió algo de independencia por un pacto de seguridad con los soviéticos, una postura que Helsinki mantendría durante toda la Guerra Fría.  El colapso de la Unión Soviética provocó el giro de Finlandia hacia Occidente.  Entró en la Unión Europea en 1995, aunque se abstuvo de dar el paso más provocador de entrar a la OTAN.

Una iniciativa finlandesa para celebrar un referéndum nacional sobre el ingreso a la OTAN ha conseguido las 50.000 firmas necesarias para impulsar un debate parlamentario en menos de una semana, lo que sugiere que la guerra de Moscú en Ucrania podría provocar que los países indecisos tomen posiciones más claras, informó Al Jazeera.  Los altos cargos del gobierno finlandés, incluido Niinistö, afirman que se está estudiando el asunto y que los funcionarios piden una respuesta oportuna, aunque no precipitada.

"Cuando se hayan analizado las alternativas y los riesgos, entonces será el momento de sacar conclusiones", dijo Niinistö a los periodistas la semana pasada. "Tenemos soluciones seguras también para nuestro futuro.  Debemos estudiarlas detenidamente.  Sin demora pero con cuidado".

Suecia, un país históricamente no alineado que se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales, parece ir por un camino más vacilante.  Durante la Guerra Fría, vio a Moscú como una amenaza y cooperó de forma encubierta con la OTAN, pero no intentó unirse a ella.  Luego de la caída del Muro de Berlín, Suecia recortó el gasto militar y se incorporó a la Unión Europea, a pesar de que la opinión pública y la voluntad política seguían siendo contrarias al ingreso a la OTAN.

A pesar del cambio enorme de la opinión pública desde la guerra de Ucrania, la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, una incondicional de centro-izquierda, frenó las especulaciones sobre una candidatura inmediata a la OTAN.

Un intento ahora, dijo a los periodistas la semana pasada en Estocolmo, "desestabilizaría aún más la situación".  Eso no significa que no pueda ocurrir.  La semana pasada, los Demócratas suecos -un partido de nacionalistas de derecha- anunciaron que reconsiderarían su anterior oposición a entrar en la OTAN, una medida que daría a los partidos proalianza una repentina mayoría en el parlamento.

En caso de que cualquiera de los dos países diera el salto, uno de los principales problemas sería el peligroso lapso que existe entre cualquier petición de ingreso en la OTAN y la concesión de dicha petición.  Hasta su incorporación oficial, cualquiera de los dos países seguiría viviendo fuera del paraguas de defensa de la OTAN, mientras que una promesa pública de ingreso en la OTAN podría aumentar la amenaza de una tormenta rusa.

También es probable que al menos algunos de los miembros actuales de la OTAN se resistan a asumir mayores riesgos en un momento tan delicado.

"La pregunta es si se puede contratar el seguro cuando ya la casa está en llamas", me dijo Wieslander. "Eso es algo que también va a tener que decidir la OTAN".

Washington Post - Anthony Faiola

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