El antiguo edificio de Lehman Brothers en Nueva York. FOTO: Wikipedia por David Shankbone.

El mundo debería aprender las lecciones de 2008 y prepararse para un posible golpe financiero y económico

Es una idea que sería más bien afín al famoso ego de Dick Fuld, pero es válida de todos modos.  Para evaluar el posible impacto que tendrán en la economía mundial las sanciones internacionales contra la Rusia de Vladimir Putin, es interesante ver en retrospectiva la crisis financiera de 2008 y la caída de Lehman Brothers.

El tratamiento y el comportamiento de Lehman, que Fuld había dirigido durante 14 años, demostraron lo difícil que es predecir las consecuencias de las intervenciones financieras con implicancias sistémicas.  Incluso si se hace por un imperativo moral, las ramificaciones pueden ser mucho más graves de lo previsto.

En Wall Street, a principios de septiembre de 2008, Lehman estaba al borde del la quiebra mientras aumentaba el nerviosismo y se agotaba el financiamiento interbancario.  A diferencia otros bancos a nivel mundial que rescataron sus gobiernos, a Lehman se le permitió quebrar —al menos en parte como retribución por lo que se percibían cómo sus errores pasados.

Para ser claros, el colapso de Lehman no causó la crisis financiera, pero sin duda la empeoró.  Por ello, el razonamiento que llevó a Hank Paulson, entonces Secretario del Tesoro de EEUU, a dejar que el grupo entrara en bancarrota en lugar de encontrar una solución de rescate, fue importante — incluso cambió el mundo.

Recordemos que Bear Stearns había sido rescatado a principios de año y que otros bancos fueron rescatados en el programa masivo estadounidense TARP solo unas semanas después. ¿Entonces por qué fue sacrificado Lehman?

Algunos han afirmado que la animosidad personal entre Fuld y Paulson, la cual provenía de la rivalidad entre Lehman y Goldman Sachs - donde Paulson había sido director ejecutivo durante siete años hasta su etapa como secretario del Tesoro, podría haber influido en la decisión.

Aunque también hubo un detonante empresarial específico de la hostilidad hacia Lehman a lo largo de Wall Street —y que nos lleva de vuelta a la crisis rusa de 1998 y a la consiguiente quiebra de un fondo de cobertura de importancia sistémica, Long-Term Capital Management.

Cuando Moscú dejó de pagar su deuda en agosto de 1998, los $120 millardos de endeudamiento y $1tn (millón de millones) de posiciones de inversión de LTCM se descontrolaron.  El gobierno emplazó a Wall Street a armar un rescate para evitar una crisis a gran escala.  Pero Fuld fue uno de los pocos que se abstuvo de participar.

Una década después el gobierno se abstuvo de ayudarle.  Pero la venganza estilo Shakespeare contra Lehman condujo a colapso desordenado de una de las instituciones financieras más interconectadas del mundo.  Sin duda, esto magnificó la gravedad de la crisis de 2008 y aumentó la escala de las intervenciones que debían hacer los gobiernos y los bancos centrales.

Castigar a Putin por sus actos de barbarie en Ucrania mediante duras sanciones - a empresas, oligarcas y exportaciones energéticas rusas - es necesario y está más que justificado por motivos morales. H ay un cierto reconocimiento de que el resto del mundo sufrirá las consecuencias, por ejemplo, el aumento de los precios de la gasolina y una mayor inflación de los costos energéticos nacionales.

No obstante, no estoy seguro de que se haya aceptado plenamente el impacto potencial que tendrán en el mundo más allá de Rusia.  Lo más evidente, por supuesto, es que podría provocar una nueva agresión militar de Putin.  Pero hay otras consecuencias financieras y económicas que van mucho más allá del surtidor de gasolina.  La espiral del costo del trigo, los granos, el níquel y otros muchos productos básicos amenaza el acceso a todo, desde el pan de todos los días hasta la posibilidad de mitigar los desastres climáticos.

En el camino podrían acabar con los operadores de los mercados financieros, grandes y pequeños, principales y marginales —un ejemplo es la suspensión de las negociaciones del níquel en la Bolsa de Metales de Londres, propiedad de Hong Kong, en medio de las enormes pérdidas sufridas por la empresa china Tsingshan Holding.  Los bonos rusos pueden caer en incumplimiento en los próximos días y semanas.  Las cadenas de suministro que implican productos rusos se verán interrumpidas.

El desarrollo de esta crisis podría resultar más difícil de predecir que incluso el colapso de 2008.  En aquel entonces, la mayoría de los riesgos estaban contenidos en un sector bancario que, al menos en teoría, estaba estrechamente regulado.  Esta vez, los bancos parecen más robustos, pero han aumentado los riesgos más turbios en otros lugares, poniendo en peligro las partes menos supervisadas del sistema financiero.

Un mundo que ha sido inundado con dinero gratis bajo las políticas de los bancos centrales para frenar todo el impacto financiero de 2008 y la crisis del Covid parece más que vulnerable considerando la manera en la cual se han inflado los precios de los activos y los niveles de endeudamiento ha alcanzado un nivel récord. No hay que hacerse ilusiones: los rusos no serán los únicos en sufrir las sanciones rusas.  El mundo debería recordar a Lehman y prepararse para una crisis financiera y económica mundial.

Patrick Jenkins

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