La sala de maternidad 5, en el centro de Kiev, ha sido reconvertida en un búnker donde las mujeres pueden dar a luz.

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Mientras suenan las sirenas antiaéreas, madres primerizas se dirigen a un refugio antibombas improvisado en Kiev, la capital ucraniana. Entre la muerte y la destrucción, estas jóvenes hallan un respiro para dar a luz.

Respirando un poco más aliviadas, tres madres primerizas se alegran de estar en una gran sala cálida, mientras sostienen a sus bebés recién nacidos. Se trata de la sala de maternidad 5, un refugio en la capital ucraniana, Kiev.

Las ventanas están cubiertas y las luces apagadas, para asegurar que cualquier actividad que tenga lugar dentro del sitio permanezca fuera del alcance de los aviones rusos. Incluso las salas de maternidad se han convertido en objetivos militares, como ocurrió en la ciudad de Mariúpol, donde recientemente murieron al menos tres personas, entre ellas un niño.

"El sonido de las sirenas y la huida es más difícil de aguantar cuando no estás sola, sino que eres responsable de un niño", dice Alina, que dio a luz a su hija Vasilisa el 8 de marzo. Ella quería ir al hospital de Irpin para parir, pero se enteró de que había sido destruido. Tras 10 horas de viaje esquivando tanques y disparos, Alina y su marido finalmente consiguieron llegar a Kiev. 

"Mi hija se convirtió en una luchadora", dijo Alina. Por ahora, ambas se encuentran a salvo.

Puede parecer improvisado, pero todo está en funcionamiento en esta sala de maternidad.

Cuidando recién nacidos y a sus madres

"Los bebés se comportan y lloran como en tiempos de paz, como si no hubiera guerra. Ahora, para nosotros es importante también cuidar a las madres", dijo la doctora Olena Yarashchuk, subdirectora de la sala.

Proteger a las madres implica garantizar que estén a salvo de los bombardeos rusos y de los ataques aéreos: "Cuando lees la noticia de que han bombardeado un hospital de maternidad en Mariúpol y ves todas esas terribles imágenes, después no puedes hacer otra cosa que escuchar atentamente cualquier sirena", relató Alina. 

Por eso, cuando se oyen las alarmas y los bombardeos resuenan en toda la capital, todos aquí se dirigen al sótano de la sala, reconvertida ahora en búnker en el que las mujeres pueden dar a luz, o llevar a sus bebés para su seguridad.

Improvisado, pero en funcionamiento

"Cuando ocurre algo así, te enfocas en tu hijo, en el parto, en ti misma. Solo después de eso empiezas a pensar en el resto", narra Natalia, que fue sometida a una cesárea en el refugio antibombas y acaba de salir del sótano por primera vez desde que fue ingresada. "Al menos estás protegida en el sótano", añade. Al igual que Alina, Natalia no quiso revelar su nombre completo.

Aparte del intenso resplandor fluorescente, el sótano es oscuro, con espacios angostos y camas junto a las paredes de los pasillos. Es cálido, pero no es acogedor. 

Una sala de urgencias improvisada se encuentra en un largo pasillo y tiene todo lo necesario, incluida una incubadora para bebés con problemas de salud. No importa que haya yeso por toda la pared o un colchón en el suelo.

Lo que importa es que el lugar funciona eficazmente: "Podemos dar a luz aquí, podemos hacer operaciones aquí, se puede utilizar para cuidados intensivos", aseguró Yarashchuk, que tiene más de 20 años de experiencia.

Ella no puede dar cifras exactas, pero dice que hay menos pacientes que antes de la guerra. Lo normal es que las mujeres se queden tres días. Ahora, algunas se van cinco horas después de haber dado a luz.

Nueva vida y esperanza renovada

Con pocos pacientes y bastante espacio, muchos médicos y sus familias se alojan en diferentes habitaciones de la sala. Cuando hay una amenaza, ellos también bajan al sótano. Yarashchuk y su familia se refugiaron en el sitio, después de que la casa de su vecino fuera alcanzada por una bomba rusa. La médico hace lo posible por mantener el miedo alejado, asegurando a todos que Ucrania "prevalecerá y ganará la guerra". 

Según ella, este centro hospitalario sigue teniendo todos los medicamentos y suministros necesarios para la atención. Y, para ella, esa es una razón más para ver el lado positivo. 

"La gente viene y trae pan y dulces. Ni siquiera dicen de quién es, simplemente vienen y lo dejan en el puesto de seguridad para los que cuidan de las madres jóvenes. Esto me da esperanza. Creo que la gente que se comporta así no puede ser sometida", cuenta el director del pabellón, Dmytro Hovsyeyev, que lleva 40 años en la clínica.

El enfoque optimista y la determinación para dar los cuidados que necesitan los pacientes tienen un efecto claro en las tres madres primerizas con que pudo entrevistarse DW. Después de todo lo que han pasado y frente a todo lo que les espera, sus rostros siguen brillando al mirar a sus pequeños.