Aunque el presidente Putin intente pretender que todo sigue bien en Rusia, cómo en este acto para conmemorar la anexión de Crimea, la mayoría de los ciudadanos rusos ya están sufriendo los efectos de una guerra a la cual no le ven sentido. FOTO: EFE/EPA/RAMIL SITDIKOV / SPUTNIK POOL.

Se ha dado marcha atrás tras décadas de progreso hacia una "vida normal".

Hace apenas tres semanas, a pesar de la constante reversión al autoritarismo en Rusia, sus habitantes - especialmente en las grandes ciudades - seguían estrechamente vinculados al mundo exterior.  Compraban muebles suecos, hacían viajes organizados a Turquía y compartían clips en TikTok.  De un plumazo, la guerra de Vladimir Putin en Ucrania ha dado un vuelco a sus vidas y perspectivas.  Sea cual sea el resultado de la guerra, los rusos se enfrentan ahora a posibles años de aislamiento, luchas económicas y medidas enérgicas contra la libertad de expresión que recuerdan a los tiempos soviéticos.  Se han revertido tres décadas de progreso irregular hacia la "vida normal".

Las sanciones impuestas hasta la fecha podrían causar estragos en la economía, aunque eso dependerá en parte de lo que ocurra en Ucrania, y de si son revertidas tras un alto el fuego. Algunas serán de combustión lenta.  Si bien se ha congelado la mitad de los $643 mil millones de las reservas extranjeras de Rusia, la rápida actuación del banco central – al duplicar las tasas de interés y limitar la retirada de divisas - ha evitado las corridas bancarias.

Sin embargo, el rublo se ha derrumbado un 30 por ciento, lo cual avivó la inflación.  Las importaciones se desplomarán debido a la escasez de divisas y a la retirada de las empresas extranjeras.  Las estadísticas de la Universidad de Yale indican que más de 400 empresas internacionales se han retirado de Rusia, han suspendido sus operaciones o las han reducido.  Se reporta escasez de algunos productos y medicamentos.

Los embargos formales a las exportaciones de energía siguen siendo limitados, pero aumenta la presión para que aumenten.  La propia Rusia ha prohibido hasta fin de año las exportaciones de 200 productos, entre los cuales se incluyen bienes de telecomunicaciones, equipos y maquinaria agrícola, fertilizantes, automóviles y aviones, aparentemente como represalia por las sanciones, pero también para reforzar el suministro interno.  Las proyecciones de consenso indican que la economía rusa se contraerá un 7,9 por ciento este año; y algunos pronósticos prevén hasta un 15 por ciento.

Si las sanciones continúan a largo plazo, la inversión extranjera y los flujos de tecnología se verán en gran medida interrumpidos.  En cualquier caso, los países occidentales están finalmente decididos a eliminar las importaciones de petróleo y gas ruso, el sustento de su economía.  Los cierres del espacio aéreo y las prohibiciones a los repuestos occidentales están empezando a incapacitar sus aviones.

La vida de los rusos también está cambiando, de forma más insidiosa.  A medida que el Kremlin intenta controlar una narrativa de guerra totalmente engañosa, ha cerrado los últimos medios de comunicación independientes.  Una ley ha introducido penas de hasta 15 años por difundir información "falsa" sobre el ejército.  Los profesores son despedidos por negarse a enseñar la versión de los hechos del Kremlin.

En un discurso repleto de veneno esta semana, Putin dijo que su país necesitaba "purificarse", "distinguiendo a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores". Algunos funcionarios están adoptando el lenguaje de la "limpieza".  La "Z" utilizada originalmente para distinguir los vehículos rusos en Ucrania está apareciendo en la ropa, las paredes y los carteles como símbolo de apoyo a la guerra y al régimen de Putin.  En manifestaciones con tintes fascistas, se filma a los jóvenes formando una “Z” humana. Algunos críticos en las redes sociales han apodado el símbolo estilizado como "zwastika".

Los rusos de mayor edad se estremecerán ante los ecos de algunos de los días más oscuros del siglo XX, pero pocos se irán.  Sin embargo, algunos jóvenes y profesionales lo están haciendo; un economista ruso calcula que al menos 200.000 rusos abandonaron el país en los primeros 10 días de la guerra.

La acelerada fuga de cerebros privará a Rusia de algunos de sus mejores talentos humanos, justo en el momento en el cual las sanciones reducen el financiamiento y los conocimientos técnicos que el país necesita.  Nada de esto se puede comparar con la destrucción humana y física que están provocando las fuerzas de Putin en Ucrania. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa, más claro parece que la guerra del presidente es una calamidad también para su propio pueblo.

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