Insurreccion Gurerra Electoral y Division Partidista
Las evidencias de un país dividido se ven diariamente en estos tiempos y eso no parece poder cambiar en el corto plazo, a pesar de que todos están en contra de Putin. FOTO: Washington Post por Evelyn Hockstein.

La polarización política significa que un enemigo externo puede dividirnos aún más.

Estadounidenses que buscan algún punto positivo de la guerra de Rusia con Ucrania han sugerido que el surgimiento de un enemigo común podría unir a nuestro país políticamente fracturado.  Un titular del New York Times dice: "El ataque de Rusia une a una nación dividida: Estados Unidos”.

“No hay nada como un enemigo común para ayudar a unir a los partidos políticos. Cuando hay alguien [como Vladimir Putin] que es tan claramente odiado por el mundo y por el pueblo estadounidense, eso ayuda a los miembros del Congreso a unificarse".

Tamara Keith, de NPR, en PBS NewsHour

Esta es una buena idea, y se ha teorizado mucho al respecto en los círculos de las ciencias sociales.  Si la gente se encuentra con una amenaza superior que pone en peligro tanto a sus amigos como a sus enemigos, el razonamiento es que podrían contrarrestar esa amenaza mayor cooperando con quienes normalmente despreciarían.  Desgraciadamente, muchos ejemplos recientes y un creciente número de investigaciones sugieren que incluso las evidentes agresiones de Putin no tendrán un efecto unificador duradero en nuestro país, el cual está profundamente dividido, no solo políticamente sino en términos de nuestros objetivos, valores y -como ha demostrado mi trabajo- incluso en las creencias sobre quién merece empatía.

La idea de los enemigos comunes como fuerza de unión en la política no es nueva.  Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, muchos recuerdan que surgió un momento de bipartidismo, en el cual una considerable mayoría de liberales y conservadores se unieron inmediatamente para apoyar la guerra en Afganistán contra el "enemigo común" de los talibanes.  Algunos recuerdan con añoro aquella solidaridad estadounidense.  En el vigésimo aniversario de los atentados, el presidente Joe Biden comentó:  "La unidad es lo que nos hace ser quienes somos... para mí, ése es el principal aprendizaje del 11 de septiembre". Pero, como otros han señalado, la armonía que hubo después del 11 de septiembre fue efímera y, en última instancia, nos llevó por el camino de buscar más enemigos a los cuales demonizar.

El psicólogo Jonathan Haidt describió la complejidad de los enemigos comunes, al escribir que, aunque acontecimientos como los atentados del 11 de septiembre o el bombardeo de Pearl Harbor unieron por un momento a los estadounidenses, la unión solo se produce cuando podemos ponernos de acuerdo sobre cuáles son los enemigos comunes en primer lugar.  Basta con observar una de nuestras mayores amenazas existenciales - el cambio climático - para entender la verdad de este análisis.  El politólogo Mark L. Haas ha identificado otros ejemplos internacionales de enemigos comunes que también han fracasado en la búsqueda de la unidad: al principio, Gran Bretaña y Francia no se aliaron con la Unión Soviética en respuesta a la amenaza compartida que suponía Alemania en la década de 1930.  Los líderes islamistas de Turquía distanciaron al país de Israel hace una década, incluso cuando ambos países se enfrentaban a la creciente amenaza de Irán.

Recientes investigaciones empíricas refuerzan mi escepticismo sobre la posibilidad de que los estadounidenses puedan unirse de forma significativa frente a un enemigo común.  En una práctica de un experimento muy riguroso realizado en 2019 y 2020, dirigido por el científico de datos Eaman Jahani, los investigadores reclutaron a casi 1.700 personas declaradas Demócratas o Republicanas para realizar un estudio en línea de dos etapas.  En la primera etapa, a todos los participantes se les asignó al azar leer un artículo de prensa sobre un "enemigo común" (la amenaza militar combinada de Rusia, Irán y China contra Estados Unidos) o sobre un tema distinto, ya fuera sobre una excavación arqueológica (para proporcionar una comparación políticamente neutral) o sobre las celebraciones del 4 de julio (para evocar el patriotismo).  La segunda etapa ofrecía una recompensa monetaria para fomentar la cooperación entre partidos.

Los resultados mostraron que, incluso con dinero en juego, los enemigos comunes no lograron converger.  Para los Demócratas, leer sobre un enemigo extranjero común, en comparación con leer sobre otros temas, no produjo ninguna cooperación significativa con los Republicanos.  Para los Republicanos, leer sobre un enemigo común produjo de hecho menos cooperación entre partidos en comparación con la lectura de un artículo de noticias neutral.  Las razones de este efecto no deseado siguen sin estar claras, pero los autores del estudio especulan que una posible causa es que probablemente los Republicanos vean a los Demócratas como simpatizantes de los enemigos extranjeros.  Una vez más, las amenazas comunes solo unifican si la gente está de acuerdo con su carácter común.

Este estudio sugiere que, en una sociedad políticamente fracturada, los enemigos comunes no solo no unen, sino que pueden alejarnos aún más.  Además, la magnitud de la división liberal-conservadora revelada por estos y otros resultados significa que los objetivos compartidos, las identidades compartidas y las soluciones compartidas tienen una eficacia limitada. No obstante, podemos aplaudir los pequeños ejemplos de unidad nacional, aunque sean fugaces.  Al principio de la pandemia, todos los estados declararon el estado de emergencia y cerraron las escuelas.  Los legisladores promulgaron un proyecto de ley de alivio para el coronavirus de 2tn (millones de millones) de dólares, el cual fue apoyado por ciudadanos y políticos de todo el espectro político.  El segundo proyecto de ley de alivio para el Covid, aprobado por Biden, contó con el apoyo de la mayoría de los Demócratas y Republicanos, algunos de los cuales podrían haberse opuesto previamente a la intervención del gobierno.  Pero ahora estamos viendo una ruptura de las negociaciones en el Congreso para proporcionar fondos para futuras necesidades de la pandemia, como una posible cuarta dosis de la vacuna para cada estadounidense.  La unidad solo dura un tiempo.

En cuanto a si la guerra de Rusia podría generar alguna unidad duradera en Estados Unidos, sigo siendo pesimista.  Por ahora, me reconforta la fuerte oposición bipartidista a una intervención militar que suponga un riesgo de conflicto nuclear, porque incluso las pequeñas victorias de la unidad tienen grandes implicaciones.

Washington Post - Adam Waytz

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