La producción de Venezuela en febrero de 2022 fue de 788.000 barriles bpd, mientras que en enero estuvo en 755.000. Esto contrasta con las fuentes secundarias, que ubicaron el bombeo en febrero en 680.000 bpd y en enero en 658.000 bpd. Fuente: OPEP
La producción de Venezuela en febrero de 2022 fue de 788.000 barriles bpd, mientras que en enero estuvo en 755.000. Esto contrasta con las fuentes secundarias, que ubicaron el bombeo en febrero en 680.000 bpd y en enero en 658.000 bpd. Fuente: OPEP

Zayira Arenas*

Desde que el pasado sábado 5 de marzo una delegación del gobierno de Joe Biden visitara Venezuela y se reuniera con Nicolás Maduro y varios de sus funcionarios para abordar —entre otros puntos— la “seguridad energética”, mucho se ha especulado sobre las razones detrás de ese encuentro. Se trata de la visita oficial de mayor rango a Caracas en más de dos décadas.

Y aunque Estados Unidos aseguró el 14 de marzo que, “por ahora”, no mantiene contactos ni ha puesto en marcha ningún plan para importar petróleo de Venezuela, expertos consideran que el tema no ha sido descartado por completo por la administración Biden. La movida geopolítica ha recibido todo tipo de críticas de varias figuras influyentes en el Congreso de Estados Unidos, incluido el senador demócrata Bob Menéndez.

“‘Por ahora’ significa ‘por ahora’, es decir, no se descarta que la situación cambie en el futuro. Siempre está abierta esa posibilidad y, al plantearla, el gobierno de Estados Unidos y sus tomadores de decisión —incluido el Presidente— indican que se encuentran en un proceso de búsqueda de opciones para resolver sus necesidades ante un panorama que se ha complicado con la guerra en Ucrania y las posibilidades de que se prolongue mucho más de lo esperado. El régimen de Maduro, estoy seguro de ello, se encuentra en medio de un proceso similar”, afirmó Luis Guillermo Solís, expresidente de Costa Rica y director interino del Kimberly Green Latin American and Caribbean Center de la Universidad Internacional de Florida, un centro fundado a finales de los 70 dedicado al estudio de Latinoamérica.

En efecto, asegurar el suministro al mercado global es una de las prioridades de Washington, según lo expresó la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki. Días antes del “por ahora”, Anthony Blinken, secretario de Estado, afirmó que —a nivel mundial— el gobierno de Biden tiene un interés en mantener un suministro constante de energía, incluso a través de esfuerzos diplomáticos con Venezuela.

Así que frente a la actual coyuntura —el conflicto bélico Rusia-Ucrania y la escalada de los precios del petróleo— el presidente Biden seguirá buscando todas las alternativas posibles para tratar de incorporar barriles al mercado, de manera que sustituyan los que se están produciendo en Rusia.

Según la Administración de Información de Energía (AIE), Rusia exportó en 2018 a Estados Unidos 375 mil barriles por día (bpd) y al cierre de 2021 se elevó a 675 mil bpd, lo que convirtió a ese país en el tercer suplidor de crudo y combustibles del mercado estadounidense. Ese año, Canadá fue el principal proveedor, al enviar 4,5 millones de bpd; mientras que México fue el segundo, con 700 mil bpd.

En el caso de Venezuela, en 2017 exportó 792 mil bpd a Estados Unidos, ocupando así el tercer lugar como proveedor de crudo. Sin embargo, fue desplazada por Rusia, pues el periodo 2018-2021 coincide con las sanciones que en 2019 le impuso la administración de Donald Trump a la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y con las que se cancelaron las exportaciones de crudo al mercado estadounidense.

Considerando que la industria petrolera venezolana está sancionada y su producción apenas aumenta: ¿puede Venezuela convertirse en un proveedor de crudo confiable para Estados Unidos? Para Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina del Instituto Baker de la Universidad de Rice en Houston, la respuesta es no. “Venezuela no puede ser un proveedor confiable. Llegó a producir 3.4 millones de barriles antes que (Hugo) Chávez llegara al poder. Después, con Chávez, empezó a declinar y para el momento que entró Maduro al poder ya Venezuela producía entre 600 mil y 700 mil barriles menos. La producción cayó con Maduro, hasta llegar a 1.3 millones cuando Estados Unidos sancionó a la industria en 2019”. Una caída de 60% con respecto a 1997, cuando la producción se ubicó en 3.26 millones de bpd.

Desde entonces la producción siguió cayendo por el colapso de los precios del petróleo por la pandemia y llegó incluso al nivel mínimo de 350 mil barriles diarios. “Luego ha venido subiendo y ahora está en 750 mil barriles diarios, pero Venezuela —incluso antes de que la sancionarán— había dejado de ser un suplidor confiable de crudo a Estados Unidos porque había declinado tremendamente y, además, Chávez había decidido exportar mucho petróleo a China, en parte para pagarle los créditos que prestó a Venezuela por un total de 64 mil millones de dólares”.

El analista en materia energética y exgerente de Pdvsa, Juan Fernández, tiene una posición similar a la de Monaldi. Considera que Venezuela no tiene la capacidad ni los instrumentos para poder convertirse en un proveedor seguro y confiable. “Desde que llegó la supuesta revolución a Miraflores, el uso del petróleo está orientado a las intenciones políticas del régimen y no a atender a los mercados y buscar el desarrollo económico del país”, sostuvo.

Para el vicepresidente de Energía y Sustentabilidad en el Instituto de las Américas, Jeremy Martin, “la interconexión del mercado estadounidense y la producción petrolera de Venezuela tienen lazos muy largos y profundos, pero recuperar esa ‘relación especial’ requerirá tiempo y dinero. Ninguno de los cuales la precariedad del mercado global proporciona actualmente. La administración de Maduro ha demostrado repetidamente que no es la contraparte más creíble de ninguna negociación, y mucho menos de las que rodean a su único activo real”.

Tampoco ha resultado creíble la promesa de Maduro de aumentar este año la producción a 2 millones de barriles diarios “llueva, truene o relampaguee”. Como tampoco se ha podido cumplir la meta anunciada por el ministro de Petróleo venezolano Tarek El Aissami durante la reunión de la OPEP+, celebrada en julio de 2021, quien aseveró que para finales de ese año la producción estaría en 1.5 millones de bpd.

Antes de las sanciones de Estados Unidos, Venezuela producía entre 1.3 y 1.4 millones de barriles diarios y ahora está en un promedio de 750 mil, una caída de entre 42% y 46%. Así que Monaldi ve inviable que el gobierno venezolano pueda aumentar la producción a 2 millones de barriles diario. Según sus cálculos, el potencial de producción está entre 100 mil o 200 mil barriles diarios.

“Como Venezuela no ha invertido desde 2019 hasta 2021, la capacidad de producción ha venido cayendo. Si no se invierte, cae todos los años entre 17% y 20% porque los yacimientos pierden presión. Por eso es que sabemos que la capacidad de producción tiene que estar bastante por debajo de 1.4 millones. Mi estimación es que está en alrededor de 1 millón de barriles o un poquito menos”, indicó.

¿Aliviando las sanciones Venezuela podría bombear más?

En vista de la debacle de la industria petrolera venezolana y la imposibilidad de cumplir hasta ahora con la meta de bombeo fijada es difícil que, a corto plazo, pueda ocupar el lugar de Rusia como proveedor de crudo a Estados Unidos no solo por las sanciones, sino también por la inversión que se requiere para incrementar la producción.

Para que Venezuela vuelva a producir 3 millones de bpd, se requiere una inversión de 12 mil millones de dólares al año, por alrededor de siete años. “No es el tipo de cosa que va a ocurrir a menos que los precios se mantengan relativamente altos y tendría que cambiar la Ley de Hidrocarburos de Venezuela para permitir que las empresas internacionales puedan operar y exportar su propio petróleo, porque nada de eso lo pueden hacer ahorita”, advirtió Monaldi.

En una reunión con el gobierno venezolano, los funcionarios estadounidenses Juan González, asesor para América Latina de la Casa Blanca; James Story, embajador para Venezuela con base Colombia; y Roger Carstens, un veterano en negociaciones, habrían pedido —aseguró la agencia Reuters— que Venezuela suministre una porción de las exportaciones de petróleo a Estados Unidos como parte de cualquier acuerdo para aliviar las sanciones a la industria petrolera. De allí que para Antero Alvarado, socio director de Venezuela Gas Energy Latin America (GELA), una consultora especializada en la región, la confiabilidad de Venezuela como suplidor de crudo al mercado estadounidense dependerá también de la flexibilización de las sanciones, así como de las condiciones comerciales de esa venta de crudo.

“Pdvsa enviará crudo a Estados Unidos solo si le es viable económicamente, si le es atractiva la oferta. Pdvsa, desde mayo de 2021, viene subiendo la producción con la puesta en operación de 47 taladros cabilleros o de workover; no taladros de perforación en Oriente y en la Faja Petrolífera del Orinoco. De aliviarse las sanciones, Venezuela durante los próximos seis meses podría incrementar entre 50 y 150 mbd la producción”, dijo.

Antero Alvarado, socio director de Venezuela Gas Energy Latin America (GELA), una consultora especializada en la región.

Monaldi, sin embargo, no cree que se reevalúen las sanciones y que Venezuela pueda producir mucho más en los próximos meses, debido a que no hay un taladro perforando nuevos pozos en el país desde hace 20 meses. “Pareciera que Venezuela ya está llegando a su límite que está en alrededor de 1 millón de barriles”.

¿Bajarían los precios de la energía?

El último reporte de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, difundido el 10 de marzo, ya muestra el impacto que la guerra de Rusia contra Ucrania está teniendo. La invasión, así como el incremento de los precios de la energía en todo el mundo producto del conflicto bélico, dispararon la inflación en febrero en EEUU.

La tasa interanual llegó a 7,9%, una cifra que no había sido reportada desde enero de 1982 y que incluye únicamente cuatro días desde el inicio de los ataques rusos a Ucrania, del 24 al 28 de febrero. El repunte se debió, precisamente, a los precios de la energía —petróleo, gasolina, gas y electricidad— que subieron 25,6% el mes pasado.

De hecho, después de que el gobierno de Biden prohibiera el 8 de marzo las importaciones de combustibles fósiles rusos, incluido el crudo, los precios de la gasolina alcanzaron los $4,33.

El 24 de febrero, día del primer ataque de Rusia contra Ucrania, el petróleo superó los $100, cotización que no se veía desde 2014. Y, según los analistas del Bank of America, si la mayoría de las exportaciones de petróleo de Rusia se interrumpen podría haber un déficit de 5 millones de barriles o más, y eso significa que los precios del crudo podrían alcanzar los $200 dólares por barril.

Así que contener el alza de los precios es uno de los principales desafíos que enfrenta la Casa Blanca. Pero “si lo que el presidente Biden quiere es que no suba el precio de la gasolina, Venezuela no lo puede ayudar porque produce alrededor de 750 mil barriles diarios. Rusia produce 11 millones y exportaba 7 millones, de los cuales 10% era para Estados Unidos”, aseguró Monaldi.

Para estabilizar los precios, en su opinión, toda la producción de Venezuela tendría que sustituir la rusa y “eso no va a ocurrir porque, entre otras cosas, está el mercado interno en Venezuela”. Explicó que de los 100 millones de barriles que se consumen en el mundo todos los días, los barriles rusos, que están entre 2 y 3 millones, desaparecieron del mercado y eso está generando un faltante que Venezuela no está en condiciones de cubrir. “Venezuela lo máximo que puede aumentar, e incluso si se levantan las sanciones en los próximos 3 o 4 meses, son 100 mil y 200 mil barriles, una fracción muy pequeña del total”.

En vista a todas las trabas que habría que sortear, ¿realmente la administración de Biden necesita el petróleo venezolano, tomando en cuenta que su aporte sería marginal? “Venezuela lo que podría estar supliendo serían entre 350 mil o 400 mil barriles por día. ¿Necesita Estados Unidos de eso? Realmente no, porque hay la posibilidad de tener otros oferentes en el mercado. Canadá puede evidentemente incrementar su exportación y a pesar de no tener el oleoducto, lo puede transportar por ferrocarril”, señaló Fernández.

¿Y cómo se llena, entonces, ese hueco que deja Rusia? “Este crudo que ahora no va a vender Rusia a Estados Unidos lo puede suministrar a cualquier otro mercado, que probablemente puede ser China o la India. Rusia desplazará a un suplidor que esté actualmente en esos mercados y este podrá venir hacia los mercados occidentales. En ese desplazamiento del mercado no es prescindible Venezuela”, añadió.

Por el momento, la administración de Maduro exporta de los 750 mil bpd que produce cerca de 600 mil y todo, indicó Monaldi, va hacia China, pero “por caminos oscuros” y, además, se vende a descuentos muy elevados. “De manera que si Maduro lograra cobrar completo en Estados Unidos, tendría tremendos incentivos para hacerlo”.

Otro incentivo sería que el gobierno de Maduro comience a tener problemas porque Rusia intente vender esos barriles que no tienen mercado a China. “Los rusos van a tratar de conquistar ese mercado con un descuento significativo y con un crudo de mejor calidad que el venezolano y con menos costos de transporte. En otras palabras, los rusos van a ser formidables competidores del crudo venezolano, lo que hace que Maduro tenga todavía más interés en exportar a Estados Unidos”.



* Zayira Arenas es periodista con más de 30 años de experiencia en las áreas de Arte y Cultura, Negocios, Economía y Política. Ha trabajado en medios venezolanos como El Nacional y, actualmente, se desempeña como editora en HispanoPost


Este artículo fue editado el 28 de marzo de 2022 a las 10:04 am. La inversión necesaria para recuperar la industria petrolera venezolana es de 12 mil millones de dólares, y no 1200 millones como que había aparecido en su primera versión.