El presidente Trump en la entrada de Mar-a-Lago. FOTO: Washington Post por Jabin Botsford.

El expresidente y sus partidarios se reunieron para el estreno de un cortometraje sobre la participación de Facebook en el supuesto fraude electoral.

El expresidente Donald Trump y un grupo de sus principales aliados, donantes y miembros pagos del club se reunieron en su establecimiento palaciego frente a la playa el martes por la noche para una especie de reunión: para beber vino de marca Trump, picar un entremés de camarones fritos y perros calientes en hojaldre en el patio de Mar-a-Lago y, lo más importante, volver a litigar partes de las elecciones de 2020 que perdió hace 17 meses.

La fiesta del fraude en una sofocante noche de primavera demostró hasta qué punto Trump y la ecósfera que lo rodea siguen concentrados en las últimas elecciones y en sus falsas denuncias de fraude, y cómo ahora él habita en una vida de club acomodada en la cual es la estrella rotundamente vitoreada, y raramente desafiada, a la que todo el mundo paga por ver.  A medida que recorría el club, preguntaba repetidamente a los invitados y socios sobre el fraude en determinados estados y hacía vagas afirmaciones sobre hallazgos explosivos que, según dijo, aún no se conocían.

La ocasión: el estreno de una película de 42 minutos llamada Rigged:The Zuckerberg Funded Plot to Defeat Donald Trump (Manipulación:  el complot financiado por Zuckerberg para derrotar a Donald Trump) del presidente de Citizens United y aliado de Trump, David Bossie, que tiene como protagonistas a una serie de asesores de Trump y alega que Facebook ayudó a los Demócratas al invertir dinero en los estados para promover la educación y participación de los votantes. Un hiperbólico cartel publicitario de la película, en el que se ve al CEO de Facebook, Mark Zuckerberg agarrando diabólicamente dinero en efectivo, estaba colocado junto a la piscina para una puesta de sol cinematográfica mientras los invitados se pavoneaban entre copas.

Nada ha animado tanto a Trump en los últimos dos años como sus esfuerzos por anular las elecciones de 2020, y parecía especialmente eufórico antes de ver la película, diciendo que esperaba que se proyectara con más ganas que "Ciudadano Kane", "Titanic" y "Lo que el viento se llevó".

"¿Quiere un poco de vino Trump?", ofrecía con una amable voz un empleado de Mar-a-Lago a cada invitado que ingresaba en el patio.

Los invitados caminaron por delante de los aposentos privados de Trump cuando se trasladaron desde un pequeño salón de baile, repleto de lámparas de cristal, donde cenaron, pasando por una explanada exterior y por la residencia privada de Trump hasta otro salón de baile más grande repleto de lámparas de cristal, donde verían la proyección de la película. Un muro improvisado separaba la improvisada sala de cine del salón comedor, donde los empleados limpiaban tras la cena ofrecida a los socios pagos del club.

A medida que los invitados iban pasando, posaban para las fotos con Trump, quien sonreía ampliamente. Trump generó lujuriosos aplausos cada vez que entraba -y antes y después de cada vez que hablaba-, y recaudo fondos de cada uno de los invitados allí presentes.

Las falsas denuncias de Trump sobre las elecciones han desestabilizado la democracia estadounidense y han llevado a gran parte de su partido a no confiar en los resultados de 2020. Al menos en parte, alimentaron el mortal ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. Y han sido ampliamente desmentidas - incluso muchos Republicanos lo han instado a seguir adelante y a centrarse en ser rival del presidente Joe Biden.

En el dorado Mar-a-Lago, donde había una maqueta del Air Force One sobre una mesa y cientos de fotos y homenajes a Trump colgaban de la pared, no se habló de la comisión del 6 de enero que investiga a la pandilla pro-Trump que saqueó el Capitolio tras sus falsas denuncias de fraude. Nadie cuestionó ninguna de las denuncias de Trump sobre las elecciones.  El mundo exterior -donde a menudo le ha costado superar el 40 por ciento de popularidad, y su control del Partido Republicano se ha desvanecido un poco - parecía estar a planetas de distancia de los manglares, las palmeras y las habitaciones ostentosamente doradas de Mar-a-Lago.

"Algunos de los presentes dicen que no deberíamos hablar de 2020", dijo Bossie, el convocante de la velada. "Creo que es vital que lo hagamos. Si no probamos lo que ocurrió en 2020, cómo podemos evitar que vuelva a ocurrir".

Un quién es quién de asesores destacados y negadores de las elecciones y prominentes aspirantes de su campaña a anular las elecciones de 2020 se reunieron para este evento - junto a donantes al azar que estaban en el club para otro evento y que se acercaron, algunos simpatizantes y operadores de Washington en busca de negocios, y otros candidatos que buscaban su respaldo o ayuda. Kari Lake, una destacada candidata Republicana a gobernadora de Arizona y defensora de las denuncias de Trump, se dirigió a los miembros y calificó a los "medios de comunicación dominantes" como "enemigos del pueblo", instándolos a renunciar y exponer a sus propietarios.

Allí estaba la abogada Cleta Mitchell, que colaboró estrechamente con el jefe de gabinete de la Casa Blanca de Trump, Mark Meadows, para impulsar las denuncias de fraude tras las elecciones de 2020 y apareció con Trump en la convocatoria en la cual exigió a los funcionarios electorales de Georgia que "encontraran" votos para anular los resultados. Esto está ahora bajo investigación penal en Georgia.

Michael Gableman, el juez jubilado del Tribunal Supremo de Wisconsin que supervisó una criticada auditoría de votantes en ese estado, apareció en persona y en la película. "Michael, has estado increíble", dijo Trump, agradeciendo a Gableman y provocando aplausos.  Los invitados se agolparon para saludar a Gableman.  Su investigación no pretendió ser muy neutral y fue dirigida por figuras que han mostrado lealtad a Trump o han abrazado falsas denuncias de fraude, y sus conclusiones fueron criticadas.

Cuando a última hora entró a la sala Peter Navarro, el ex asesor de Trump que planteó algunas de las teorías más extremas sobre la anulación de las elecciones y que ahora está sometido a un procedimiento de desacato por parte de la Cámara de Representantes, el veterano asesor de Trump Corey Lewandowski gritó "¡Doctor!" y lo abrazó.

"Oh, esa votación", dijo Navarro con desprecio refiriéndose al procedimiento de desacato contra él, mientras entraba en el salón de baile para la proyección antes que el resto de los invitados, luciendo como un hombre totalmente despreocupado.

Trump habló tanto en la cena como antes del estreno; dijo repetidamente a la multitud que Rusia no habría invadido Ucrania si él fuera presidente, que habría menos muertes de civiles y que la inflación y los precios del gas serían más bajos si las elecciones no hubieran estado "amañadas".

"Simplemente, nunca habría ocurrido”, señaló, tras describir las sombrías muertes de civiles en Ucrania que había visto por televisión y decir que las elecciones "amañadas" las alimentaron.  Atacó a los Republicanos por no haber hecho lo suficiente para ayudarlo en los resultados electorales y repasó una serie de teorías sobre las elecciones y reclamos en varios estados, como Wisconsin y Arizona.

Trump prometió que la próxima semana, la multitud verá niveles de "recolección de votos que nunca creyeron posibles" como parte de un informe de un grupo externo.  No estaba claro a qué se refería, pero dijo que sus asesores habían estado trabajando en el proyecto. Entre otros, alabó a Susie Wiles, quien dirige su Comité de Acción Política, y a Reince Priebus, su ex jefe de gabinete, por trabajar en el proyecto.

Cuando llegó a la segunda sala, pronunció un discurso similar, pero más breve, ante casi el mismo público.

El vídeo muestra cómo una fundación, dirigida en parte por Zuckerberg, financió los esfuerzos destinados a aumentar la participación y ayudar en la protección contra el coronavirus en relación con las elecciones.  No acusa a Zuckerberg de hacer nada ilegal, sino que dice que llenó su fundación con prominentes Demócratas partidistas, dando ejemplos.  "Zuckerdólares", decía una persona tras otra en la película, describiendo su dinero.

Bossie y otros dijeron que no intentaban litigar algunas de las teorías más incendiarias de Trump, como las falsedades sobre las máquinas de votación de Dominion.  En cambio, aseguraron, la película demostró que gran parte del dinero de la fundación de Zuckerberg se destinó a zonas en las cuales ganó Biden, y que la participación subió en las elecciones de 2020.  La película hacía referencia repetidamente a cómo el coronavirus llevó a los funcionarios estatales a cambiar leyes electorales.

Bossie fue el presentador principal del vídeo.  Contó que el presupuesto de la película fue de unos $500.000.

Zuckerberg dijo en una declaración la semana pasada a Fox News, a través de un portavoz: "Cuando la infraestructura electoral de nuestra nación se enfrentó a desafíos sin precedentes en 2020 debido a la pandemia, y el gobierno federal no proporcionó los fondos adecuados para permitir que los estados y las localidades llevaran a cabo las elecciones, Mark Zuckerberg y [su esposa] Priscilla Chan dieron un paso adelante para cerrar esa brecha de financiación con dos organizaciones independientes y sin fines de lucro para ayudar al pueblo estadounidense a votar."

Trump, en la película, alegó que Zuckerberg tenía miedo de sus empleados y de la gente de la izquierda.  En alguna oportunidad, Trump presumió de tener una estrecha relación con Zuckerberg - quien ha recibido considerables críticas de la izquierda por no hacer más para moderar la retórica de Trump en Facebook - e incluso lo invitó a cenar en la Casa Blanca.

Entre los que protagonizan el proyecto y atacan a Zuckerberg se encuentran el senador Ted Cruz, Republicano de Texas, que perdió frente a Trump en unas primarias despiadadas en 2016 en las que Trump criticó el aspecto de su mujer, y el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich.

La velada supuso una especie de regreso a casa para algunos asistentes de Trump, que se agolpaban para ver al jefe y saludarse entre ellos, como el ex portavoz Hogan Gidley, con un bronceado color caramelo, que dijo que era la primera vez que estaba en Mar-a-Lago en un año.  Ahora trabaja en esfuerzos de "integridad electoral" para un grupo relacionado con Trump.

Hope Hicks, una de las asesoras más veteranas de Trump que supuestamente rompió con él por las denuncias de fraude electoral en 2020 y dimitió antes de que dejara el cargo, estuvo presente en el acto sentada cerca de la parte delantera del salón y charlaba con Priebus y abrazaba a otros. Trump la alabó desde el podio. "¡Amamos a Hope!", dijo.  Hicks ha presionado a Trump para que respalde a David McCormick, un candidato al Senado para el cual trabaja en Pensilvania, y ha regresado parcialmente a su órbita.  Se negó a hablar de forma oficial.

Kellyanne Conway, que protagoniza la película, se ubicó cerca de la parte delantera del salón y bromeó con otros asesores de Trump sobre cómo podrían salir mal parados en su próximo libro, cuya publicación está prevista para esta primavera. "Unas cosquillas", le dijo a uno, prometiéndole que las cosquillas serían "suaves". "¿Debo hacer una reverencia?", preguntó al entrar al estreno, antes de hacerlo.

Conway y Priebus se quedaron después y se los pudo oír discutir sobre quién apuñaló a quién en la Casa Blanca de Trump. "Podría ser desolador", dijo Bossie, entre risas, sobre su libro.

Lewandowski, quien fue expulsado temporalmente de la órbita de Trump tras las acusaciones de conducta inapropiada por parte de un donante de Trump el año pasado, participó en punzantes espacios televisivos desde el fondo del salón con Newsmax y el podcast de Steve Bannon, y Trump y otros lo recibieron calurosamente.

Devin Nunes, el director ejecutivo de la castigada Truth Social, la nueva plataforma de redes sociales de Trump, pasó por la sala y más tarde fue visto en el patio con Priebus. Christina Bobb, la presentadora de One America News que ha impulsado algunas de las denuncias de Trump y habla regularmente con él, interactuó con los invitados sin cámara.

Trump señaló repetidamente a la multitud que podría volver a presentarse a la presidencia, y ellos vitoreaban y gritaban. "Volveremos ha hacer que Estados Unidos sea grande nuevamente", dijo.

Bossie lo presentó repetidamente como el "Presidente número 45 – y número 47 - de los Estados Unidos".

Al terminar la película, Trump saludó a la multitud de invitados que lo esperaban tras una cuerda roja y caminó unos pocos pasos hasta sus aposentos, con su séquito del Servicio Secreto a cuestas.

Washington Post - Parmy Olson

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