Macron, Xi y sus esposas
El actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha establecido una relación cordial con su homólogo chino, Xi Jinping, pero podría no ser de ayuda si Macron pierde las elecciones contra su rival de la extrema derecha este mes. FOTO: Bloomberg por Christphe Morin.

Si Rusia no puede prevalecer en el campo de batalla, su principal esperanza restante son las nuevas señales dramáticas sobre la decadencia de Occidente.

Las naciones que pierden en el campo de batalla suelen alegar que sus tropas fueron apuñaladas por la espalda por civiles de su país.  Eso impulsó el guion del surgimiento de Adolf Hitler después de la primera guerra mundial.  La idea también surgió en la narrativa post Vietnam de la derecha estadounidense.  Las denuncias de traición suelen ser mitológicas. Sin embargo, Occidente es peligrosamente capaz de autolesionarse políticamente en su enfrentamiento con Rusia.

Según la mayoría de las mediciones, el ejército de Vladimir Putin está perdiendo en Ucrania, o al menos no está ganando, lo cual por el momento equivale a lo mismo.  El ejército ucraniano se desempeña mejor, al igual que su gente que está muy motivada.  La OTAN sigue proporcionándoles las herramientas para humillar a Rusia.  La mejor esperanza para Putin es que la OTAN quede hundida en disputas y pierda el interés por la lucha.  Las elecciones presidenciales de Francia, que tendrán su primera vuelta este domingo, y una final muy reñida quince días después, representan para Putin el tipo de cambio político que podría cambiar la naturaleza de esta guerra.  Si Rusia no puede prevalecer en el campo de batalla, su siguiente esperanza es que surja una nueva y dramática evidencia de la decadencia de Occidente.

Entra en escena Marine Le Pen, una admiradora confesa de Putin, que ahora va cabeza a cabeza con Emmanuel Macron en los sondeos para la segunda vuelta.  La encuesta más reciente, realizada esta semana, la sitúa como ganadora de la presidencia francesa con un 50,5 por ciento frente al 49,5 por ciento de Macron. Se trata de un cambio reciente en las encuestas, del tipo que se dieron con el Brexit, después de meses en los cuales se daba por hecho que Macron iba a ganar.

Aún así, una victoria de la extrema derecha francesa en esta situación sería una conmoción geopolítica mucho mayor que la decisión británica de 2016 de abandonar la UE.  Lo que otorga credibilidad a las encuestas francesas es la naturaleza del resto del campo en las intenciones de voto para la primera vuelta.  Le Pen va por detrás de Macron con un 21,1 por ciento de los votos comparado con el 27,3 por ciento que obtendría él.  No obstante, si se suman los candidatos que ocupan el tercer y cuarto puesto — Jean-Luc Mélenchon, de extrema izquierda, y Éric Zemmour, de extrema derecha, ambos también admiradores de Putin— se llega a casi la mitad.  Le Pen necesitaría entonces quitarle solo una porción de apoyo a la candidata gaullista, Valérie Pécresse, que se ubica quinta en los sondeos, para superar el umbral.

Una victoria de Le Pen dejaría en la sombra la desalentadora reelección que obtuvieron el húngaro Viktor Orban y del serbio Aleksandar Vukic el pasado fin de semana. Ambos hombres fuertes son fanáticos de Putin que manipularon las normas electorales de sus países. Una victoria pro-Putin en Francia, donde se compite en igualdad de condiciones, sería un acontecimiento mucho más dramático.  Al ser el principal Estado con armas nucleares de Europa, y el único dentro de la UE, una victoria de Le Pen tendría un impacto estratégico, además de político, en la guerra de Ucrania.  Le Pen prometió retirar a Francia de la estructura militar de la OTAN, levantar las sanciones francesas a Rusia e instar a Ucrania a aceptar las condiciones de Rusia.  Al igual que Zemmour, el chiflado neofascista cuyo surgimiento ha contribuido inadvertidamente a que Le Pen parezca respetable ("higiénica" parece ser el término técnico), Le Pen es una abierta admiradora de Putin. Aunque ella es mucho más inteligente que Zemmour.  Luego de la invasión rusa del 24 de febrero, Le Pen tuvo que hacer desaparecer millones de panfletos electorales que incluían una foto de ella reunida con Putin en el Kremlin.

Es muy posible que los votantes franceses reflexionen después de este domingo. Tradicionalmente, la primera vuelta es donde Francia se entrega a su espíritu de protesta y la gente vota con el corazón — y muchos de ellos desprecian a Macron.  Una vez que el campo se reduce a una elección directa entre dos candidatos, las mentes se concentran y el miedo supera al desprecio.  El surgimiento de Le Pen tiene mucho que ver con el hecho de que ha virado su enfoque hacia asuntos domésticos, como el costo de vida y la inmigración, en lugar de hacia Ucrania.  Los acontecimientos obligan a volver a hablar de Ucrania, eso debería beneficiar a Macron. Pero no se debe contar con que Putin ayude a Macron en ese sentido.  Imagino que tratará de mantener la calma en Ucrania de cara a la segunda vuelta.

Este será el tercer intento de Le Pen de llegar a la presidencia.  En la primera, en 2002, Jean-Marie Le Pen, el padre de Marine, distanciado y abiertamente antisemita, solo obtuvo el 18 por ciento de los votos.  En 2017, Marine obtuvo el 33 por ciento.  La línea de tendencia es bastante clara. Incluso si pierde, lo que sigue siendo marginalmente más probable que su victoria, casi la mitad de Francia habría respaldado a una neofascista local en plena lucha contra un líder mundial.  Le Pen bebe del mismo pozo antimoderno y chauvinista cristiano que Putin.  Pase lo que pase, las próximas dos semanas serán fatídicas para Occidente.

Rana, ¿es local toda la política? ¿O acaso las tendencias preocupantes en Francia incluyen señales de advertencia para quienes estamos en este lado del Atlántico?

Rana Foroohar responde

Claro que toda la política es local, para bien y para mal.  En cuanto a EEUU, me preocupa que se trate de elecciones intermedias difíciles para los centristas de ambos lados y para los Demócratas en particular.  Las guerras culturales realmente han creado un problema para el partido Demócrata, sobre todo entre los votantes latinos (y no, no voy a escribir Latinx, porque una encuesta de Pew muestra que solo el 3 por ciento de las personas de ascendencia latinoamericana o española en EEUU utilizan el término ellos mismos).

Lo diré de nuevo — se trata de clases, de personas, no de razas (aunque sí, ambas pueden coincidir en términos de agenda política).  En este sentido, me preocupa que el aumento de la inflación (que afecta mucho más a los trabajadores, ya que gastan un mayor porcentaje de sus ingresos en alimentos y combustible) intensifique la sensación de tensión económica, lo que podría potenciar el populismo.

En el lado positivo, me ha impresionado mucho cómo el presidente Biden ha sido tan claro en sus recientes apariciones en los medios de comunicación (como aquella en la cual anunció la reducción récord de las reservas estratégicas de petróleo para luchar contra la subida de los precios del combustible) a fin de conectar los puntos entre la guerra de Putin y la inflación.  Creo que está haciendo un buen trabajo evitando la política partidista en este momento y sospecho que en EEUU, por ahora, el tipo de extremismo que estás describiendo puede mantenerse a nivel estatal.

Si hoy se celebraran unas elecciones, por ejemplo, no creo que ganara Trump.  Pero estoy seguro de que más de un lector de los Apuntes desde el Pantano me dirá que estoy equivocada.

Edward Luce, Rana Foroohar

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