El nuevo presidente de Chile reconoció dificultades en el proceso de instalación, pero prometió enmendar el rumbo. Errores de ministros y pérdida en el control de la agenda asoman como los principales desafíos.

Los que leen entre líneas, o creen poder hacerlo, vieron una señal el domingo, 10 de abril de 2022, cuando en la primera reunión de todo el equipo ministerial para analizar el primer mes de gobierno del presidente Gabriel Boric, el mandatario se sentó al lado de los ministros de Vivienda y de Bienes Nacionales. Más lejos quedó la titular del Interior, Izkia Siches, en el centro de la polémica por una desafortunada declaración sobre el proceso de expulsión de venezolanos. Según ella, durante el gobierno de Sebastián Piñera se realizó una suerte de simulacro de expulsión en un vuelo que habría despegado y luego regresado al país con todos sus pasajeros. Esta información resultó ser falsa.

Antes, Siches ya había tenido problemas, al viajar a la región de la Araucanía y ser recibida con disparos al aire por grupos poco afectos al diálogo. A la ministra, que fue vital en la segunda vuelta de las presidenciales por su poder de convocatoria y que ganó figuración en su rol de presidenta del Colegio Médico, se le ha acusado de desprolijidad. Si a ese flanco se suma la rebelión de parlamentarios del oficialismo, que apoyarán un nuevo retiro del fondo de pensiones, pese a la petición expresa del presidente de no hacerlo, el aumento del costo de la vida, la creciente inseguridad y las críticas desde el propio bando, el escenario para el joven mandatario no pinta muy halagüeño. Él mismo reconoció el domingo que el Gobierno ha tenido un despegue "turbulento”, llamó a evitar los errores y enmendar el rumbo. Las turbulencias "las vamos a superar”, prometió.

Boric y la ministra Siches el día que asumieron como líderes del nuevo gobierno.

"Gobernar es decepcionar”, pondera, por su parte, el excandidato presidencial Marco Enríquez-Ominami. Rival agudo de Boric en la primera vuelta, no dudó en prestar su apoyo en el balotaje. "Sigo creyendo que era la mejor alternativa para Chile, frente a la extrema derecha”, dice Enríquez-Ominami, pero advierte que el desafío de Boric es mayúsculo. "El nuevo presidente tiene un mandato de cambio, de cambio radical incluso, y también de serenidad, de renovación y de enderezar la economía”, estima.

Crisis de legitimidad

"La profunda crisis que vive el país hacía esperable un inicio difícil. Sin embargo, parte de los problemas del Ejecutivo vienen de sus propios errores, y no tanto de la magnitud de los conflictos que hereda”, sostiene, por su parte, la historiadora e investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Josefina Araos. La experta resalta que el Gobierno lidia con contradicciones, como haber apoyado antes los retiros y ahora rechazarlos y la relación, a su juicio ambivalente, con una violencia que ahora necesita erradicar. "Quizás con excesiva confianza en sí mismos, apostaban a que los problemas tenían que ver con un Gobierno puntual y no con una crisis de legitimidad que afecta a la institucionalidad completa”, señala.

Enríquez-Ominami coincide. "Es cierto que el desafío de imponer la autoridad no transita tan fácil con el desafío de la renovación, y Chile necesita mucha autoridad. Tenemos un problema de confianza en nuestras instituciones y esa autoridad se debe recuperar. Necesitamos orden y progreso, como dirían algunos, y eso mezclado con muchísima justicia social”, dice. Respecto a los desaciertos de Siches, el expresidenciable del desaparecido Partido Progresista juega con las palabras: "La ministra concentra en su liderazgo todos los errores iniciales, que todavía no son horrores”.

Araos sostiene que la crisis de legitimidad quedó muy al desnudo en el fallido viaje de la ministra del Interior a la Araucanía, donde decidió ingresar a una comunidad mapuche -sin avisar a las autoridades locales- en busca de un diálogo que sigue siendo muy esquivo. "Puede ser que la inexperiencia afecte, pero el problema ha sido sobre todo un error de lectura. Quizás porque en el Gobierno aún se miran desde el movimiento social, y no desde esa vilipendiada clase política que tanto cuestionaron y que, sin embargo, hoy encabezan”, señala la historiadora de la Universidad Católica.

Habilidad y liderazgo

Desde que asumió el mando el 11 de marzo de 2022, Gabriel Boric decidió replegarse. El plan del nuevo gobierno era dar alas a los miembros de su gabinete, marcando un quiebre con el estilo del mandatario anterior, Sebastián Piñera, más protagonista. Quizás eso mismo ha redundado en los tropiezos de Siches, que afectaron al Gobierno al punto de que la vocera, Camila Vallejo, llegó a decir que la ministra del Interior, que es la jefa de gabinete, "evidentemente ha cometido errores”.

La vocera de gobierno, Camila Vallejo.

"El mismo Gobierno difundió la decisión de dar mayor protagonismo a los ministros. Pero eso exige una habilidad de parte del gabinete que hasta ahora no se ha mostrado y requiere además un liderazgo efectivo del presidente Boric, aunque sea en segundo plano”, sostiene Araos. "Quizás sea cosa de tiempo, pero, hoy por hoy, no hay mucho margen para el aprendizaje y el error”, aclara la historiadora, apuntando que hay un sector de la ciudadanía "con la paciencia colmada”.

"El Gobierno va a tener que avanzar muy rápido en transformar a Chile”, pondera, por su parte, Enríquez-Ominami. Hay premura de la gente, pero también presión por un proceso constituyente que despierta dudas en algunos sectores y necesidad de ver más acción en la lucha contra problemas que son acuciantes para los chilenos. "La agenda no se ha desplegado del todo y ha pasado un mes. Un mes es poco, pero también uno podría afirmar que es el mes más importante de cualquier gobierno”, agrega el expresidenciable, que, pese a todo, quiere ofrecer algo de luz: "El futuro está abierto y todo está por verse”. (ms)

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