Contener los avances de China y Rusia es ahora la política primordial de la UE y EEUU. FOTO: Bloomberg por Andrey Rudakov.

En su día, Rusia fue desestimada como "potencia regional" con influencia y capacidad limitadas. Ahora, la Casa Blanca la ve, junto a China, como un importante adversario.

Pocos expertos están dispuestos a predecir cómo o cuándo terminará la guerra en Ucrania. Pero muchos prevén un conflicto prolongado y amargo, sobre todo en el este del país, en un momento en que las fuerzas rusas se repliegan tras el humillante revés que sufrieron en su avance sobre Kiev. El gobierno ucraniano ha clamado por un mayor apoyo militar de los aliados occidentales. El presidente Volodymyr Zelensky ha prometido luchar durante años en lugar de ceder a los ultimátums rusos. Un tímido proceso diplomático se tambalea en medio de las crecientes denuncias de crímenes de guerra y atrocidades rusas en ciudades y pueblos ucranianos.

En Washington y en muchas otras capitales europeas, los funcionarios planean aplicar y mantener la presión sobre el Kremlin durante los próximos años. Aunque la mayoría de los líderes de la OTAN -con la notable, aunque improvisada, excepción del presidente Biden- no han expresado un deseo manifiesto de cambio de régimen en Moscú, la invasión rusa de Ucrania hizo que un Occidente con renovado impulso se concentre en una vía de confrontación con el presidente ruso Vladimir Putin.

Como informaron mis colegas del Washington Post Karen DeYoung y Michael Birnbaum durante el fin de semana, ya se vislumbra una estrategia a largo plazo dirigida por Estados Unidos para aislar a Rusia. Supone un nuevo eje respecto al largamente anunciado "giro hacia Asia", la supuesta determinación de las sucesivas administraciones estadounidenses de la última década de trasladar sus prioridades geo-estratégicas a la región del Asia-Pacífico. En su momento, el expresidente Barack Obama desestimó a Rusia como una "potencia regional" con influencia y capacidad limitadas; ahora, la Casa Blanca de Biden la considera, junto a China, un adversario principal y está reviviendo una versión del viejo enfoque de "contención" de la época de la Guerra Fría para frenar las ambiciones de Moscú.

"Es probable que la primera Estrategia de Seguridad Nacional de Biden, exigida legalmente el año pasado pero aún incompleta, se vea significativamente alterada con respecto a las expectativas iniciales de que se concentraría casi exclusivamente en China y en la renovación interna", escribieron DeYoung y Birnbaum. "La nueva Estrategia de Defensa Nacional del Pentágono, enviada el mes pasado de forma clasificada al Congreso, da prioridad a lo que un breve resumen del  Pentágono denominó  'el desafío de Rusia en Europa ', y  'la amenaza de China".

En junio, la OTAN revelará su primer documento de "concepto estratégico" desde 2010. Hace doce años, la alianza esperaba asegurar una "verdadera asociación estratégica" con Rusia; ahora es probable que señale una postura mucho más agresiva hacia el régimen de Putin. Probablemente los gobiernos de la OTAN se comprometan a realizar despliegues de tropas más amplios y más sólidos a lo largo de la frontera con Rusia, mientras que la alianza parece que se va a ampliar dado que Finlandia y Suecia están cerca de unirse al bloque. Aunque algunos críticos desearían que se avanzara más rápido, los Estados miembros de la Unión Europea también están trabajando para que el continente gradualmente elimine su dependencia de la energía rusa.

"Cada vez hay más conciencia de que se trata de una situación a largo plazo y que se está formando una estrategia de contención, una estrategia de defensa", dijo el ministro de Asuntos Exteriores de Letonia, Edgars Rinkevics, en una entrevista con The Washington Post. "Apoyar a Ucrania todo lo posible, sancionar a Rusia todo lo que se pueda, hacer todo lo posible para reducir la dependencia de Rusia como se pueda y finalmente, sí, poner más énfasis en la defensa militar".

Rinkevics resume lo que ahora también resulta ser el consenso bipartidista en Washington. Por supuesto, lejos de Occidente, la visión es algo diferente. Las principales democracias de Brasil, India y Sudáfrica han mantenido con cautela sus amistades históricas con Moscú y se han negado a respaldar las sanciones dirigidas por Occidente y las votaciones en contra de Rusia en las Naciones Unidas. Aunque las nuevas sanciones ya perjudicaron su economía, Rusia todavía puede recurrir a mercados y amigos de otros lugares -sobre todo en China- en busca de moneda fuerte y un poco de solidaridad.

"Cualquier impresión inicial de que el mundo entero se había unido en la indignación contra Rusia era claramente engañosa", señaló el columnista del Financial Times Gideon Rachman. "En cambio, hay un 'eje de indignación' centrado en la alianza occidental y un 'eje de indiferencia' centrado en el Sur Global".

Eso solo puede reconfortar al Kremlin. "No pretendemos estar aislados", declaró Putin en la televisión estatal rusa la semana pasada. "Es imposible aislar fuertemente a nadie en el mundo moderno, especialmente a un país tan extenso como Rusia".

La ironía, sin embargo, es que el propio Putin parece uno de los líderes más aislados del mundo. Como informaron mis colegas, supuestamente no utiliza un teléfono inteligente y rara vez accede a Internet, mientras que la experiencia de la pandemia no ha hecho más que acelerar su hábito de tener contacto limitado con los subordinados.

Este aislamiento puede ser la base de lo que parece ser el dramático error de cálculo detrás de la invasión de Ucrania, que Putin y sus aliados parecían creer que llevaría a la rápida y sencilla expulsión del gobierno de Zelensky, todo para los vítores del público prorruso. Eso no sucedió, y la insistencia de Putin en que Ucrania no era una nación real y que estaba controlada por una camarilla de nazis ha demostrado ser lo que siempre fue: la arrogancia y el delirio de un autócrata.

Ante los reveses sufridos sobre el terreno en Ucrania y en el plano diplomático con Occidente, Putin se defiende. Sus representantes en los medios de comunicación estatales presentan la guerra en Ucrania como una batalla contra la propia OTAN, una distracción propagandística del papel de Rusia como principal agresor. La disidencia dentro de Rusia está siendo brutalmente sofocada, mientras los analistas ven que el gobierno de Putin se tambalea hacia una nueva fase oscura.

"El régimen de Putin ha completado su marcha atrás de una dictadura del siglo XXI a una dictadura del siglo XX basada en el miedo", escribió Sergei Guriev, economista ruso de Sciences Po en París. "Desgraciadamente, así es como se verá Rusia hasta que él se vaya".

La decisión de Putin de invadir Ucrania -y la respuesta colectiva y arrolladora de Occidente a la invasión- nos ha llevado a un momento existencial. El statu quo parece insostenible y ambas partes se atrincheran en lo que podría ser un prolongado y costoso enfrentamiento. En Washington, algunos analistas opinan que no debería haber tanto en juego, sobre todo cuando Estados Unidos aún no ha conseguido superar el reto mucho mayor y significativo que supone China.

A menudo mencionan el pensamiento tardío de George Kennan, el famoso diplomático estadounidense que elaboró la política de contención de Estados Unidos durante la Guerra Fría. A medida que pasaban los años tras la caída de la Unión Soviética, un Kennan envejecido contemplaba con recelo la expansión de la OTAN en Europa Oriental, y advertía que inevitablemente provocaría la reacción de un gobierno ruso receloso de ser contenido una vez más.

"Creo que es el comienzo de una nueva guerra fría", dijo Kennan al New York Times en 1998. "Creo que los rusos reaccionarán gradualmente de forma bastante adversa y eso afectará a sus políticas. Creo que es un trágico error".

Pero a muchos europeos ya no les interesa ser sensibles a una figura como Putin ni tolerar sus resentimientos revanchistas y sus ambiciones neoimperiales.

"Pensamos que la interdependencia, la conectividad, propiciaría la estabilidad porque teníamos intereses correlativos. Ahora, hemos visto que no es así. Rusia estaba muy conectada con Europa, era un país globalizado", dijo un alto funcionario europeo a mis colegas. "La interdependencia, que hemos visto ahora, puede conllevar graves riesgos si un país es lo suficientemente despiadado... tenemos que adaptarnos a una situación que es absolutamente nueva".

Washington Post - Ishaan Tharoor

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