Alumnos de escuelas locales marcan el cuarto aniversario de los asesinatos de Parkland, FL con una manifestación frente a la Casa Blanca. FOTO: Washington Post por Craig Hudson.

Mi hijo de 15 años estaba dos trenes detrás del vagón donde el atacante de Brooklyn disparó 33 veces.

La nota de hoy es especialmente personal. Muchos de ustedes habrán seguido, sin duda, el último y espeluznante episodio de violencia pública con armas de fuego en Nueva York, en el cual un hombre entró en un metro en Sunset Park (Brooklyn), activó una bomba de humo para crear el caos y, a continuación, disparó 33 balas de una pistola semiautomática Glock contra los vagones, hiriendo a 10 personas. Al parecer, la única razón por la que nadie resultó muerto es que el arma se atascó, impidiendo que se rociaran más balas (el pistolero, Frank R James, tenía otras 57 a su disposición).

El incidente se produjo cerca de las 8:30 am, hora de máxima afluencia de pasajeros que se dirigen al colegio y al trabajo. Mi hijo de 15 años iba dos trenes de metro por detrás en esa misma línea cuando empezó el tiroteo. Si esa mañana hubiera salido un poco antes hacia la escuela, podría haber sido su tren de metro el que recibiera los disparos. Uno de sus amigos de la escuela estaba en la parada de metro 36th Street N cuando estalló la bomba de humo.

Me enteré del episodio unas horas más tarde, durante mi almuerzo; había estado de viaje de negocios dando una presentación toda la mañana. Cogí mi teléfono y vi que había varias llamadas de mi hijo.  Todas las escuelas locales habían sido cerradas mientras se desarrollaba la búsqueda del culpable (el tirador fue capturado un día después, el miércoles pasado).  Me comuniqué con Alex, con pánico, pero él estaba bastante tranquilo. Le pregunté cómo se sentía. "Afortunado, supongo", dijo. ¿Los otros niños estaban bien? “Sí. Los profesores están disponibles para hablar. Creo que algunas personas han ido a verlos". Dijo que estaba bien y que no sentía la necesidad de hablar.  Luego, me preguntó si él y un amigo podían usar mi cuenta de Seamless para pedir comida a domicilio.

¿Qué puedo pensar del hecho de que mi hijo (un niño empático con mucha inteligencia emocional), junto con la mayoría de sus compañeros de escuela, viera todo este episodio como algo perturbador, pero no demasiado fuera de lo normal?  Creo que, más que nada, dice mucho sobre el asombroso nivel de violencia que se toma como algo natural en Estados Unidos.  Si uno mira un resumen de Wikipedia sobre los tiroteos públicos masivos del año pasado puede ver que tuvimos 693 de ellos, con el resultado de 703 muertos y 2.842 heridos.

Una parte de mí piensa que la balacera de Brooklyn es una prueba más de que es hora de abandonar Nueva York.  El creciente nivel de violencia que hay en la ciudad es algo sobre lo cual ya me he pronunciado en una anterior edición de estos Apuntes desde el Pantano.

Pero no estoy dispuesta a dar por terminado este asunto (a mi hijo le encanta su escuela, y él y los demás estudiantes vuelven a subirse al metro), sobre todo teniendo en cuenta que los tiroteos masivos ocurren todo el tiempo en todo el país, en lugares grandes y pequeños.

Lo cual, por supuesto, me lleva a los dos verdaderos problemas que tenemos: la disponibilidad de armas de fuego (en particular las automáticas o semiautomáticas) en EEUU, y el impresionante aumento de los trastornos de salud mental después de Covid-19. Aunque todavía no se sabe mucho sobre el tirador, tenía nueve detenciones anteriores en la década de 1990, entre ellas un robo y un acto sexual delictivo.  A pesar de todo eso, en 2011 pudo comprar en Ohio el arma que utilizó legalmente porque ninguno de los arrestos anteriores fue considerado un delito grave.

Esto me parece increíble, tal como estoy segura de que le ocurre a muchos lectores británicos y europeos.  Ed, por eso te pregunto: ¿qué es lo que tenemos que hacer políticamente en este país para conseguir leyes serias de control de armas?  Vengo de un estado en el cual la gente utiliza frecuentemente las armas para cazar, o las necesita para ciertas tareas agrícolas.  No usan un arma como esa.  Si alguien puede mencionar una razón por la cual una persona normal debería tener permitido poseer armas de gran capacidad y fáciles de ocultar como ésa, me encantaría escucharla.

En cuanto al tema de la salud mental, James había publicado en las redes sociales una serie de vídeos intolerantes y perturbadores, que iban desde la guerra de Rusia en Ucrania hasta la vigilancia policial de los indigentes en el metro de la ciudad de Nueva York. ¿Estaba este tipo mentalmente perturbado cuando disparó al vagón? Quién sabe, pero va a ser juzgado por terrorismo doméstico, así que sin duda ambas partes prepararán sus alegatos.

Independientemente del resultado, la combinación de los crecientes problemas de salud mental y el hecho de que la policía de Nueva York esté en la primera línea de fuego es un polvorín.  Como algunos lectores de Apuntes del Pantano recordarán, tuve mi propia experiencia bastante traumática cuando tuve que desalojar a un inquilino violento y con problemas mentales durante la pandemia (escribiré sobre ello en profundidad una vez que haya superado mi trastorno por estrés postraumático).  Una cosa que aprendí es la posición imposible en la cual se encuentran tanto los enfermos mentales (al menos los que no tienen un excelente seguro privado) como la policía.  Si se percibe que alguien es un peligro para sí mismo o para los demás, es la policía (que está entrenada sobre el cumplimiento de la ley, no en la psiquiatría) la que debe ocuparse de esta tarea.  Están en la primera línea de la crisis de salud mental en la ciudad, en un momento en el cual la reforma policial es un blanco móvil.  Cualquier cantidad que se les pague a estas personas, no es suficiente.

Edward Luce responde

No tengo una respuesta fácil a la aparentemente insuperable tarea de establecer un control efectivo de las armas en Estados Unidos.  El guion es tan familiar que puedo recitarlo mientras duermo.  Algún loco dispara contra una escuela o un club nocturno matando a decenas de personas, o masacrando a niños en el caso de Sandy Hook. Los Demócratas anuncian que éste es el punto de no retorno y el momento para hacer una reforma significativa de la legislación sobre las armas. Los Republicanos ofrecen sus "pensamientos y oraciones" por las víctimas y proceden a bloquear hasta el más mínimo de los nuevos controles, como la prohibición de los aceleradores de disparos (bump stocks), o el endurecimiento de los mínimos controles de antecedentes en Estados Unidos. Los Demócratas se repliegan a una posición incrementalista que cambiará poco o nada. El ejemplo más reciente de esto último es la orden ejecutiva de Joe Biden por la que se prohíbe la venta de armas fantasma, es decir, las que se pueden fabricar en casa. El año pasado se vendieron unos 20.000 kits de "buy build shoot" (compre, construya, dispare). Mantener esta prohibición tendría un impacto minúsculo en la posesión de armas en Estados Unidos, pero algo es algo, supongo. En cualquier caso, Ted Cruz, Mike Lee y otros senadores Republicanos están intentando anularla en el Senado.

Como extranjero que vive en EEUU, hace tiempo que dejé de intentar presentar argumentos empíricos contra la posesión generalizada de armas (con casi 400 millones de armas de fuego, EEUU tiene cerca del 40 por ciento de las armas de propiedad privada del mundo).  Incluso he dejado de tratar de convencer a la gente de que la Segunda Enmienda ha sido muy distorsionada y que las armas no tienen nada que ver con la libertad.  El problema fundamental es el poder que tiene el lobby de las armas y la motivación fanática de los 5 millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle frente al tibio apoyo de la mayoría de los estadounidenses a una reforma seria de las armas.  Como demostró el economista Mancur Olson, un pequeño grupo de defensores muy motivados casi siempre vence a una mayoría de la opinión pública menos organizada, que es lo que suele ocurrir.

Una pequeña anécdota.  Cuando era niño, mis padres tenían un rifle calibre 22 en casa que utilizábamos para disparar a los conejos en el huerto, casi siempre fallando. Cuando tenía 15 años, mi hermano mayor y yo discutíamos sobre qué canal de televisión ver.  Al ser el hermano mayor y el más fuerte, él se impuso en nuestra discusión muy acalorada.  Fui directamente a por el 22 y no tuve ninguna duda de que quería dispararle, aunque el rifle no estaba cargado.  Mi madre me desarmó antes de que mi amague se concretara.  Esta historia fue una broma durante años.  Pero es mortalmente seria. Las personas que tienen armas en casa acabarán haciendo un mal uso de ellas, incluidos los niños.  Los argumentos a favor de la restricción de las armas fueron demostrados hace mucho tiempo.  La lógica y la evidencia están mayoritariamente del lado de los reformistas.  Pero la lógica y la evidencia nunca son suficientes.  La política es una cuestión de organización.

Rana Foroohar

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