Janet Yellen
Janet Yellen, secretaria del Tesoro estadounidense, ha esbozado algunas ideas que podrían ser la base de la reforma del sistema económico internacional. FOTO: Bloomberg por Andrew Harrer.

Los mercados globales libres y justos requieren valores compartidos.

Janet Yellen, la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, hizo algo importante la semana pasada pero que, en su mayor parte, fue poco difundido.  Volvió a relacionar el comercio con los valores.

En un discurso pronunciado en el Atlantic Council en Washington, la secretaria pidió un nuevo marco de Bretton Woods y una reforma de las instituciones del FMI y el Banco Mundial, que celebrarán sus reuniones anuales esta semana.

También dejó claro que la guerra de Vladimir Putin en Ucrania y el hecho de que China no se uniera a EEUU y a más de 30 países en las sanciones a Rusia era un punto de inflexión para la economía mundial.

En el futuro, la política comercial de EEUU ya no consistirá en dejar a los mercados a su suerte, sino que defenderá ciertos principios, desde la soberanía nacional y el orden basado en normas hasta la seguridad y los derechos laborales.  Según ella, el objetivo de Estados Unidos debe ser no solo "un comercio libre, sino también seguro".

No se debe permitir que los países utilicen su "posición de mercado en materias primas, tecnologías o productos clave para tener el poder de perturbar nuestra economía o ejercer una influencia geopolítica no deseada".  Eso fue una clara alusión a la petropolítica rusa, pero también podría referirse a la fabricación de chips en Taiwán o al acaparamiento de minerales de tierras raras en China o, durante la pandemia, los equipos de protección personal.

Yellen acuñó una nueva palabra para esta era posneoliberal: "friend-shoring" (traer las fábricas a costas amigables de países cercanos y amigos).  Estados Unidos favorecería ahora el “friend-shoring de las cadenas de suministro para un gran número de países de confianza" que comparten "un conjunto de normas y valores sobre la manera de operar en la economía global".  También trataría de crear alianzas basadas en principios en áreas como los servicios digitales y la regulación de la tecnología, similar al acuerdo fiscal global del año pasado (que ella encabezó).

Esto no es sólo Estados Unidos, ni tampoco primero.  Pero reconoce la existencia de una economía política en la cual el libre comercio sólo puede ser realmente libre si los países operan con valores compartidos y en igualdad de condiciones.

Eso es diferente –aunque no siempre en algunos aspectos cruciales- a la era neoliberal que está finalizando.  El término "neoliberalismo" se utilizó por primera vez en 1938, en el Coloquio Walter Lippmann de París, una reunión de economistas, sociólogos, periodistas y empresarios que querían encontrar una forma de proteger el capitalismo global ante el fascismo y el socialismo.

Fue un momento parecido al nuestro en muchos aspectos.  La primera guerra mundial había destrozado Europa.  Una década de política monetaria expansiva hasta 1929 no había sido capaz de disimular los grandes cambios políticos y económicos que habían creado enormes fisuras en las sociedades.  Los mercados laborales y las estructuras familiares estaban cambiando.  Una pandemia, la inflación, luego la depresión económica, la deflación y las guerras comerciales habían dejado al continente económicamente destrozado.

Los neoliberales querían solucionar estos problemas conectando los mercados globales. Creían que si el capital y el comercio estaban conectados a través de una serie de instituciones que podían flotar por encima de los estados nacionales individuales, el mundo iba a tener menos posibilidades de caer en la anarquía.

Durante mucho tiempo, esta idea funcionó, en parte porque el equilibrio entre los intereses nacionales y la economía mundial no se desquició demasiado.  Incluso durante la era Reagan-Thatcher en la década de 1980, todavía existía la sensación de que el comercio mundial en particular debía servir al interés nacional.  Como presidente de EEUU, Ronald Reagan puede haber sido un partidario del libre comercio, pero utilizó aranceles contra Japón y también apoyó la política industrial (como lo hizo, y lo sigue haciendo, la mayoría de las demás naciones asiáticas y muchas europeas).

En Estados Unidos, esto empezó a cambiar durante la administración Clinton, la cual orquestó una serie de acuerdos de libre comercio que culminaron con la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, con la esperanza de que el país se volviera más libre a medida que se enriquecía. Eso, por supuesto, no ocurrió.  Y ahora, por fin, los líderes de todo el mundo reconocen la realidad del problema de tener "un mundo con dos sistemas".

Yellen dice que espera que "no acabemos con un sistema bipolar", sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que la propia China se ha beneficiado del sistema neoliberal.  "Pero han surgido problemas reales", reconoce. "China depende en muchos aspectos de las empresas estatales y mantiene prácticas que creo que perjudican injustamente nuestros intereses de seguridad nacional".  Las cadenas de suministro de las multinacionales, "aunque se han vuelto muy eficientes y excelentes para reducir los costos empresariales, no han sido resilientes". Ambas cuestiones, dice, deben abordarse.

La encrucijada actual no es muy distinta de la que afrontaron los pensadores neoliberales que elaboraron el sistema original de Bretton Woods.  No partieron de una idea de mercados laissez-faire que funcionaran por sí solos, sino de un problema muy humano: cómo recomponer un mundo devastado por la guerra para crear una sociedad más segura y unida en la cual se garantizaran la libertad y la prosperidad.  Los mercados no podían hacerlo solos. Se necesitaban nuevas normas.

Y es ahí donde nos encontramos ahora. Se puede argumentar, tal como yo lo haría, que es necesario hacer un cambio de dirección.  El capitalismo global, en particular en los últimos 20 años, se ha adelantado demasiado a los intereses domésticos en algunos estados individuales.  Países con marcos políticos, económicos e incluso morales muy diferentes no han seguido todos las mismas reglas globales. En esas circunstancias, los mercados justos y libres empiezan a descuadrarse.

El proceso de elaboración de un nuevo Bretton Woods apenas comienza. Pero empezar por los valores que las democracias liberales quieren defender es un buen punto de partida.

Rana Foroohar

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