La Iglesia de Moscú, bajo el liderazgo del Patriarca Kirill, se jacta de defender valores “tradicionales” frente a la decadencia occidental, lo cual es una de las principales características del nacionalismo ruso de Vladimir Putin. FOTO: RIA Novosti archive, image #836976 / Sergey Pyatakov.

La Iglesia ortodoxa rusa dio un respaldo ideológico a la invasión.

La idea de una "guerra santa" en Europa puede parecer un regreso a siglos pasados. Sin embargo, en esencia, así es como la Iglesia ortodoxa rusa y su cabeza, el Patriarca Kirill de Moscú, han descrito la invasión de Rusia a Ucrania.  El Patriarca Kirill ha encabezado oraciones por los soldados rusos que luchan por lo que él llama la "verdadera independencia" de Rusia y se ha hecho eco de la narrativa del Kremlin de que Moscú lucha para defenderse de enemigos externos pecadores.  También fueron denunciados los sacerdotes disidentes.  Este comportamiento no solo demuestra cómo la Iglesia y el Estado se han entrelazado en la Rusia de Vladimir Putin, sino que también es importante para comprender la motivación de la invasión de Ucrania por parte de Moscú —y lo mucho que considera que está en juego.

Aunque no forma parte de ella formalmente, la Iglesia ortodoxa rusa se ha convertido en un pilar de facto del régimen autocrático de Putin.  Luego de que el comunismo la reprimió durante décadas, la iglesia ha formado un curioso vínculo con los descendientes de los servicios de inteligencia soviéticos que solían perseguirla.  A cambio, ha sido bien recompensada con privilegios para su alta jerarquía y la construcción de miles de nuevas iglesias.

El vínculo va más allá de simplemente respaldar las acciones y la narrativa del Kremlin.  El supuesto papel de la Iglesia de Moscú como defensora de los valores "tradicionales" frente a un Occidente decadente es un elemento clave del nacionalismo ruso de Putin.  Entre sus ricos patrocinadores se encuentran varios "oligarcas ortodoxos" y descendientes de rusos blancos que huyeron al extranjero después de la Revolución de 1917.

La cúpula de la iglesia consintió que Putin creara una ideología que fusiona el respeto al pasado zarista y ortodoxo de Rusia con la reverencia por la derrota soviética del fascismo en la segunda guerra mundial.  Eso se encarna en la Catedral Principal de las Fuerzas Armadas Rusas, ubicada a 40 millas al oeste de Moscú e inaugurada en 2020.

Asimismo, este pensamiento presenta la "operación militar especial" en Ucrania como también algo sagrado, ya que se propone recuperar Kiev, la cuna de la ortodoxia cuando la Rus de Kievan del siglo X abrazó el cristianismo.  Rusia supervisó la Iglesia ortodoxa en Ucrania hasta 2019, año en el cual la nueva la Iglesia ortodoxa ucraniana independiente fue reconocida.  El líder espiritual de la Iglesia ortodoxa oriental, el Patriarca Ecuménico Bartolomé de Constantinopla, le concedió el reconocimiento.  El objetivo de la guerra era curar este cisma, que Moscú considera una maniobra orquestada por EEUU para socavar la ortodoxia y la visión de Putin de unir a los rusoparlantes fuera de sus fronteras en un "mundo ruso".

No obstante, así como que el abrazo militar de Putin a los ucranianos abrirá una brecha de varias generaciones entre los dos pueblos, la guerra también está separando aún más a las iglesias ortodoxas dirigidas por Moscú y Kiev.  La mayoría de las parroquias de Ucrania eligió seguir sujeta al Patriarca Kirill incluso después de 2019: unas 12.000 o alrededor de un tercio de todas las parroquias bajo el control de Moscú.  Ahora, muchos de los partidarios clericales de Moscú en Ucrania están dejando al Patriarca Kirill fuera de sus oraciones.  Cientos de sacerdotes ucranianos que siguen siendo formalmente miembros de la Iglesia de Moscú han pedido que un extraño tribunal eclesiástico juzgue al Patriarca por bendecir la guerra.

Lord Rowan Williams, ex arzobispo de Canterbury que visitó Ucrania la semana pasada junto a otros líderes religiosos, declaró que existen "sólidos argumentos" para expulsar a la iglesia rusa del Consejo Mundial de Iglesias, a menos que el Patriarca Kirill condene el asesinato de miembros de su "propio rebaño".  Aunque puede haber argumentos morales a favor de esta medida, es poco probable que cambie el cálculo del Kremlin.  De hecho, solo podría alimentar la mentalidad de asedio de Moscú y la narrativa de que está llevando a cabo una guerra justa religiosa.

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