En un futuro las transfusiones quizás podrán hacerse utilizando un sustituto sintético para la sangre donada por terceros. FOTO: Wikipedia por Own work - Own work, CC0.

La escasez de este fluido vital durante la pandemia ha hecho urgente la búsqueda de alternativas.

Los científicos y los profesionales de la salud llevan siglos explorando sustitutos para la sangre. La pandemia, que ha provocado escasez de sangre, ha arrojado nueva luz sobre esa búsqueda.

Incluso en épocas no pandémicas, la necesidad de sangre ha persistido. En Estados Unidos se transfunden casi 20.000 litros de sangre al día y más de 4,5 millones de estadounidenses reciben transfusiones anualmente.  Los estimados también apuntan a una sombría realidad en la que más de 60.000 estadounidenses mueren cada año por pérdida de sangre. Dada la demanda, depender únicamente de la generosidad de los donantes es un desafío.

La sangre es como una sopa gigante con múltiples ingredientes. El componente líquido -y mayor- es el plasma, que contiene sales, anticuerpos y otras proteínas importantes. El componente sólido -o celular- es una pequeña fracción de plaquetas (esenciales para la coagulación), glóbulos blancos (para luchar contra las infecciones) y una abundancia de glóbulos rojos (RBC por sus siglas en inglés). Cada glóbulo rojo contiene una proteína especial llamada hemoglobina que es esencial para el transporte de oxígeno y otros gases.

Los avances en la investigación de los componentes sanguíneos específicos han sido variados. "El plasma liofilizado ya está en el mercado y las plaquetas liofilizadas están en fase de ensayo en humanos", afirma Allan Doctor, director del Centro de Transporte de Oxígeno y Hemostasia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland.  "Pero los portadores de oxígeno biosintéticos están todavía en desarrollo preclínico avanzado debido a las complejidades que implica imitar, en lugar de simplemente liofilizar, las células humanas".

Aunque la sangre de los donantes es nuestra mejor opción, tiene varias limitaciones. Cada unidad puede almacenarse hasta seis semanas a temperaturas bajas, lo que supone un reto logístico para su uso en situaciones de emergencia. Las células sanguíneas también tienen un mosaico de proteínas en su superficie que provocan fuertes respuestas inmunológicas si no coinciden durante una transfusión y pueden albergar patógenos infecciosos.

El prototipo ideal de sustituto de la sangre pretende superar estas limitaciones. Que sea estable fuera de los hospitales facilitaría su uso en situaciones de urgencia. Al carecer de proteínas que provoquen reacciones inmunitarias, sería más fácilmente transfundible.  Un diseño y un proceso de producción estériles evitarían la propagación de patógenos transmitidos por la sangre.  Y el hecho de no proceder de productos sanguíneos humanos beneficiaría a personas como quienes pertenecen a Testigos de Jehová, para quienes la transfusión de sangre está prohibida.

Los avances en las tecnologías de nanocápsulas han dado lugar a otros productos como ErythroMer, un polvo rojo compuesto por hemoglobina humana en una compleja mezcla de lípidos de membrana.  Su formulación única, desarrollada por el doctor Dipanjan Pan y sus colegas, permite una estabilidad de varios meses y una rápida reconstitución no solo en áreas con recursos limitados, como las zonas de guerra, sino también en traumas prehospitalarios de civiles.  ErythroMer ha completado una consulta de preinvestigación de nuevo medicamento con la FDA.  Si recibe la designación de medicamento nuevo al "ritmo previsto", podría estar en la fase 1 de los ensayos clínicos a finales de 2024, dijo el doctor.

Washington Post -  Lala Tanmoy Das

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