Continúan los cierres y restricciones debido al Covid en Shanghái y Pekín. FOTO: EFE/EPA/ALEX PLAVEVSKI.

Pekín debería tragarse su orgullo y aprobar las vacunas de ARNm extranjeras.

Decenas de ciudades de China están total o parcialmente aisladas en respuesta a la propagación de los casos de Covid-19, lo que significa que una población de tamaño similar a la estadounidense ha estado encerrada en su casa durante varias semanas, a menudo con acceso limitado a los alimentos y a la atención médica.

Entre las ciudades bloqueadas, Shanghai es la que más atención ha recibido. Y así debe ser. Aunque esta semana la ciudad ha relajado un poco las normas del aislamiento, alrededor de 4,5 millones de personas siguen confinadas en sus casas y unas 7,9 millones pueden salir a la calle, pero deben permanecer en sus vecindarios.

La distribución de alimentos se ha interrumpido en algunas partes de la ciudad, lo cual dejó a algunos residentes sin comida al tiempo que montones de productos se descomponen en las calles. En las redes sociales se compartieron masivamente vídeos que muestran la angustia que sufren muchas personas que se encuentran encerradas en sus apartamentos y que se las arreglan con escasas raciones.

Sin embargo, la crisis en Shanghai y otras ciudades no es solo humanitaria. Se trata de un problema económico y, hasta cierto punto, también político.  El FMI ha recortado su previsión de crecimiento del PIB del 4,8 al 4,4 por ciento para todo el año, lo que supone una contracción especialmente fuerte con respecto al 8,1 por ciento registrado el año pasado, que perjudica tanto a China como a la economía mundial.

La escasez parece ser especialmente pronunciada en abril.  Ting Lu, economista en jefe de Nomura para China, predice que el crecimiento del PIB en el segundo trimestre de este año se reducirá al 1,8 por ciento, por debajo del 4,8 por ciento real registrado en el primer trimestre.

Las razones de la caída revelan fallas más profundas. Uno de los puntos débiles es la grave contracción del enorme mercado inmobiliario del país, que ha dejado de ser el dinamizador de la prosperidad general, función que desempeñó durante mucho tiempo. En la actualidad se estima que hay inmuebles vacíos para albergar a 90 millones de personas.

No obstante, el mayor lastre para el crecimiento del PIB es el político. Pekín se mantiene firme en su política de “Covid cero”.  Los cierres totales y parciales en ciudades de todo el país están causando estragos en la demanda de vivienda, productos duraderos y bienes de capital, a medida que los ingresos caen y la incertidumbre aumenta.  El mero reto logístico de llevar las mercancías desde un punto A hasta un punto B es un gran lastre.

Dado que la población china de 1.400 millones enfrenta su tercer año de Covid, muchas personas han agotado sus ahorros de manera tal que se ven obligadas a reducir sus gastos.

Todo esto arroja una despiadada luz sobre la estrategia de Pekín contra la Covid.  El orgullo nacional ha impedido que China apruebe vacunas de ARNm extranjeras para uso de su población, lo cual deja al país con vacunas menos eficaces desarrolladas por empresas nacionales.

A pesar de la impresionante tasa de vacunación (88 por ciento de las personas se han vacunado dos veces), se cree que las personas mayores, en particular, siguen corriendo un riesgo real de contraer el coronavirus.

Es cierto que Pekín ha estado instando al desarrollo de vacunas de ARNm de fabricación nacional -dos de las cuales ya han entrado en ensayos clínicos- pero China ahora necesita actuar con celeridad. Debería tragarse su orgullo y aprobar las importaciones masivas de vacunas de ARNm extranjeras inmediatamente, lo cual le permitiría trazar una salida a su draconiana política de “Covid cero” y relajar los cierres que están imponiendo un enorme peaje económico y psicológico.

No se puede subestimar la urgencia de esta tarea. La política china de “Covid cero” había controlado en gran medida la propagación del virus hasta que apareció la altamente infecciosa variante Ómicron.  Ahora, Pekín tiene una dura decisión entre iniciar un programa de vacunación masiva con vacunas de ARNm extranjeras o afrontar los ruinosos costos económicos y sociales que provocan los continuos cierres.

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